Opinión

Productividad: tomar el pulso

La productividad es una medida de eficiencia del proceso productivo. Productividad y producción no son sinónimos. La productividad es una relación entre la producción final y los factores de producción que se utilizan.

Foto: Pixabay
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En inglés, se diría que es la relación entre output e input (lo que sale vs. lo que entra en el proceso productivo). Se puede medir a nivel nacional, a nivel sectorial o a nivel de firmas. ¿Qué dicen, qué podrían decir y qué no van a decir nunca las estadísticas?

Nacional.

A nivel nacional, la medición más usada es la productividad total de los factores (PTF). Ella surge de una metodología que ya tiene muchas décadas, llamada contabilidad del crecimiento. Se busca descomponer cuánto del crecimiento económico (variación del PIB) se debe a cambios en los factores de producción (capital, trabajo, la intensidad de su uso y mejoras cualitativas en ellos) y cuánto no puede ser explicado. La PTF es esto último. Es una medición que sale por residuo entre cosas que conocemos. Es una medida de nuestra ignorancia; no obstante, es la mejor aproximación que tenemos a la eficiencia productiva, incluyendo los cambios tecnológicos.

Los datos que se requieren para esta medición son relevados por el BCU y el INE. Contamos con series largas, confiables y actualizadas. Más allá de refinamientos metodológicos, no sería complejo medir periódicamente la PTF nacional. Sin embargo, no suele publicarse con la frecuencia de otras estadísticas. Generalmente, se encuentra en estudios puntuales y de circulación más bien restringida entre académicos, técnicos gubernamentales y de organismos multilaterales.

Sectorial y empresarial.

A nivel de sectores de actividad, el interés es tanto en la PTF como en la productividad laboral. Existen dos grandes formas de medirlas. Una es obtener datos agregados para cada sector y allí proceder en forma similar a la descripta en los párrafos anteriores (metodología de índices). La otra es procurar medir econométricamente la productividad de las firmas y luego promediar para obtener los sectores. Esta última aproximación resuelve los llamados sesgos de selección y sesgo por simultaneidad, pero es más difícil de implementar, comprender por el público general y requiere de re-estimaciones periódicas. Por tanto, para publicación y seguimiento periódico es recomendable el uso de números índices.

La medición de la productividad sectorial entró fuertemente en la agenda pública durante la administración pasada, cuando actores empresariales comenzaron a manifestar dificultades con la evolución salarial.

Se planteó que una posible solución sería incorporar cláusulas de productividad dentro de los Consejos de Salarios. Entiendo que esto no es una buena idea por lo menos por dos razones. Primero, en cuanto a su naturaleza, la productividad de las firmas es sumamente heterogénea. Aún dentro de sectores definidos en forma restringida conviven empresas sumamente distintas desde el punto de vista de los niveles y evolución de la productividad. Esto hace desaconsejable atar la evolución salarial negociada a nivel de grupo del MTSS con una medida que esconde gran disparidad. Algunas firmas no tendrán inconvenientes y otras no sobrevivirán. Segundo, las encuestas que se requieren para efectivizar la medición no tienen ninguna oportunidad real de estar disponibles en tiempo y forma para negociación salarial. Solo para ilustrar, los últimos datos públicos de la Encuesta Anual de Actividad Económica son de 2012.

En cambio, existen razones alternativas para pretender contar con mediciones sectoriales de productividad. Son un elemento básico para la evaluación de las políticas de desarrollo productivo que cualquier gobierno lleve adelante. Sin ellas, no hay insumos reales para saber si se generan los resultados buscados ni la sustentabilidad de la actividad sectorial.

Otra utilidad sería brindar un marco de comparación para firmas individuales. La productividad promedio del sector se transformaría en el espejo en que las empresas pueden mirarse y considerar su eficiencia relativa.

El Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos presenta estimaciones de productividad laboral desde 1959 y de PTF desde 1987. La OCDE tiene publicado un manual metodológico detallado al menos desde el 2001. No es necesario inventar nada. Solo tenemos que copiar lo que ya se hace en otros lugares.

En este punto de la nota estimo que el lector deducirá, que similar a lo ya expresado, es también metodológicamente factible medir productividad a nivel de firmas. El problema, es que se requiere información que no es pública. Esto genera que las mediciones existentes o son propiedad particular de cada firma o son construidas respetando el secreto estadístico propio de los microdatos que levanta el INE.

Conclusiones.

Sería de utilidad contar con mediciones periódicas de productividad. A nivel nacional conocemos la metodología y tenemos los datos requeridos. Sin embargo, no es práctica habitual reportar estas mediciones. A nivel sectorial, hay metodologías que se podrían adaptar simplemente copiando lo que se hace en otros países. Para implementar esto, debemos resolver serios problemas con el levantamiento de datos. Finalmente, a nivel de las firmas hay varias aproximaciones posibles, pero los empresarios suelen entender que no están dadas las condiciones para compartir la información de base. En definitiva, estamos muy atrasados. Como dicen las maestras: puede y debe rendir más.

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