OPINIÓN

El primer default de Alberto Fernández será sus promesas de campaña

¿Qué puede pasar con las promesas del presidente electo?

Foto: Reuters
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Durante la campaña electoral, Alberto Fernández formuló una serie de promesas económicas, como las de reactivar el consumo interno poniéndole plata en el bolsillo a la gente y levantando las persianas de las fábricas, promesa que hizo recordar a Alfonsín en la campaña electoral de 1983, cuando prometió que iba a ir con los gerentes de los bancos a levantar las persianas de las fábricas.

Dadas las restricciones económicas que enfrentará Alberto Fernández, tendrá que decidir entre defaultear sus promesas electorales o lanzar la economía a un proceso hiperinflacionario.

Parece haber una fuerte inclinación del lado del Frente de Todos por recurrir a la emisión monetaria como forma de financiar ese estímulo a la demanda interna. Todo parece indicar que ellos parten del mismo supuesto que en 2002, cuando se confiscaron los depósitos. La recesión era tan profunda que la utilización de la capacidad instalada de la industria estaba en el 48%.

Los economistas de Alberto Fernández parecen estar pensando que dada la actual baja utilización de la capacidad instalada que está en el orden del 60%, al estimular la demanda interna con expansión monetaria el impacto inflacionario será menor, dado que la industria tiene capacidad para expandir la oferta en forma inmediata sin necesidad de llevar a cabo nuevas inversiones. Es decir, aumentaría la oferta de moneda en el mercado pero no habría aumentos importantes de precios porque la oferta de bienes aumentaría rápidamente dada la baja utilización de la capacidad instalada. Las empresas ajustarían por cantidad ofrecida en vez de por precios, ante la mayor demanda surgida de la expansión monetaria.

Ese fue uno de los mecanismos que utilizó Duhalde en 2002 para reactivar la economía, pero cabe recordar que también hubo una importante confiscación de depósitos bancarios con la pesificación y el pago con bonos de esos depósitos. Es decir, quitaron del mercado moneda vía bonos.

En esta oportunidad habría que hacer algo parecido, confiscar depósitos en el sistema financiero o arriesgarse a que el aumento de la oferta monetaria se traslade a precios y genere una tendencia de mayor inflación.

Otro punto que seguramente va a repetir Alberto Fernández con los acreedores es el default, en este caso lo presentarán como un reperfilamiento voluntario de la deuda para no pagar intereses durante un tiempo, lo cual achicaría el déficit financiero.

Por lo que expresó el presidente electo, la idea es llamar a un acuerdo de precios y salarios. Las empresas aumentarían los salarios y no trasladarían esos aumentos de salarios a precios. Es decir, absorberían el costo de los incrementos salariales. Por su parte, el Estado incrementaría las pensiones y los sueldos de los empleados públicos, seguramente con expansión monetaria.

Veamos el primer caso. De acuerdo a datos del Ministerio de Producción, en Argentina hay 609.393 empresas. De ese total, … son Pymes que emplean entre 1 y 200 empleados. Es decir, la inmensa mayoría de las empresas son Pymes. Al mismo tiempo dice que cierran 43 Pymes por día. Si las Pymes la están pasando tan mal, ¿cómo harán para financiar el aumento de salarios absorbiendo el costo? No luce demasiado lógico, salvo que el futuro gobierno esté pensando en dar créditos subsidiados expandiendo base monetaria y generando un caos inflacionario, creyendo que la cosa les va a funcionar igual que repitiendo la fórmula de 2002.

Otra diferencia importante con la crisis del 2002 es que hoy no contarán con los precios internacionales de las commodities que le tocaron a los Kirchner. Justo a mediados de 2002, el precio de las commodities comenzó a aumentar y eso generó un ingreso fiscal importante, por la combinación de mayores precios de la soja, un tipo de cambio más alto y la aplicación de los derechos de exportación.

Actualmente los precios del poroto de soja, la harina de soja y el aceite de soja están entre un 30 y un 36% más bajos que durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, siempre en precios constantes de 2019. Es decir, los buenos precios de las commodities que permitieron financiar el populismo en América Latina a principios del siglo XXI, ya no son tan buenos. No son malos, pero no dan margen para financiar el populismo y, por esa razón, los regímenes populistas entran en colapso. El populismo solo es viable si hay recursos para dilapidar.

Frente a este escenario económico que es totalmente diferente al de 2007 cuando asumió su primer mandato Cristina Fernández, con un gasto público consolidado del 47% del PIB porque los precios de las commodities permitían financiarlo cobrando impuestos a las exportaciones de esos productos, hoy ese gasto público no es financiable y el resto de las opciones de financiamiento del gasto no están disponibles.

Desconocemos qué puede hacer Alberto Fernández al iniciar su mandato, pero seguramente querrá cumplir con sus promesas de campaña y eso lo llevará a una explosión inflacionaria y cambiaria si sigue la idea de “darle a la maquinita y después vemos” o el delirio de desdolarizar la economía.

Todo parece indicar que, de entrada, apostarán a esa opción previo aumento de la carga impositiva de bienes personales y de derechos de exportación. Luego, o al mismo tiempo, se lanzarán a emitir y una vez producida la crisis se abre un gran interrogante sobre el futuro de la política económica y la coalición de gobierno PJ-Kirchnerismo, porque Alberto Fernández tendrá que defaultear sus promesas de campaña de ponerle plata en el bolsillo de la gente y reactivar el consumo interno.

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