JORGE CAUMONT

Preocupaciones macro

En Economía hay disciplinas con características particulares, por apuntar a aspectos diversos de la vida económica. Tenemos por ejemplo la Economía Internacional, las Finanzas Públicas, la Economía Monetaria, y otras por el estilo.

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bolsillos vacíos

La Macroeconomía es una rama de la Economía. Su problema central es resolver desequilibrios como el del nivel de actividad (recesión o sobre crecimiento); el del comportamiento de los precios (inflación o deflación) y el del sector externo (déficit o superávit en el flujo de moneda extranjera que ingresa al país en general o por las transacciones comerciales de bienes y de servicios, o devaluaciones/revaluaciones del tipo de cambio). Para resolverlos no se deben confundir con los que conciernen a otras disciplinas. Por ejemplo, la distribución del ingreso no es una cuestión macroeconómica, ni lo es que se modifique la política comercial externa.

Cuando se detecta alguno de esos desequilibrios se aplican medidas correctivas. Los motivos pueden ser externos, por el comportamiento de la tasa de interés internacional, por las paridades cambiarias, por los precios internacionales, o por el nivel de actividad mundial. O deberse a factores regionales que afectan las relaciones con Argentina y Brasil. Puede haber otros derivados del escenario político o de la propia combinación de medidas en aplicación. La corrección de los desequilibrios se realiza con medidas de política fiscal, de política monetaria, de política cambiaria y de política salarial.

Nuestros problemas.

Voceros de la conducción económica y analistas confunden desequilibrios macroeconómicos con problemas en el empleo de la política fiscal. Se insiste que los problemas a resolver en Uruguay, son la inflación y el déficit fiscal. Coincido, aunque pienso que no es el único, que la inflación es un desequilibrio macroeconómico. Pero el hoy creciente déficit fiscal no es un problema macro, pues resulta de la voluntad de la conducción y del entorno político, de no corregirlo apelando sobre todo, a la rigidez del gasto.

Pero hoy nuestro país vive también otros problemas macroeconómicos. Está en receso porque su producción crece a un ritmo menor al potencial de sus recursos productivos y porque si se le suman las importaciones, la actividad económica viene en baja. Y también tiene fuerte y rápida caída de reservas internacionales del BCU —déficit de la balanza de pagos—, con un déficit sumamente alto del comercio externo de bienes y servicios y una devaluación importante del peso. Se habla de enlentecimiento de la actividad y de alto nivel de reservas y no de baja de la actividad y de pérdida significativa de reservas. Son problemas irrefutables.

Por la situación de la economía internacional y regional y ante el actual escenario político, la combinación de políticas macroeconómicas hasta ahora aplicada no ha logrado que se superen los problemas señalados. Problemas que muchos analistas locales y también hasta ahora los extranjeros que juzgan a la economía del país, como el FMI o las calificadoras de riesgo, no anticiparon, convencidos que definitivamente la economía uruguaya marchaba "desacoplada" de las economías regionales. Y sugieren el curso que deben tomar algunas políticas: contracción fiscal, libre flotación cambiaria, restricción monetaria, entre otras.

Pero la situación macroeconómica uruguaya difícilmente pueda salir de sus desequilibrios con una política fiscal contractiva, con mayor presión impositiva y menores gastos. Lamentablemente, para actuar anti cíclicamente aumentando el gasto y bajando impuestos para mejorar la actividad, se enfrenta la restricción de un alto y creciente déficit fiscal que impide que la política fiscal sea más expansiva. Lo que además sería imponer más presiones inflacionarias y más déficit externo o mayor devaluación.

También es difícil que pueda salir de esos desequilibrios con una política monetaria como la que anunciara la autoridad monetaria, que no será contractiva como se desea, para frenar a la inflación. Si lo fuera bajaría la presión sobre el tipo de cambio, abatiría solo levemente al ritmo inflacionario y tendría efectos ambiguos sobre el sector externo, y adversos sobre el nivel de actividad. Y la política cambiaria de intervenciones esporádicas para frenar el natural aumento del tipo de cambio debido al alto déficit del comercio de bienes y de servicios con el exterior y al menor ingreso de capitales, solo atenúa transitoriamente una presión mayor de la devaluación sobre la inflación pero retarda la recuperación de competitividad de la producción transable local. Por el contrario, la no intervención presionaría más al alza a los precios.

Por último, la política salarial sigue siendo inadecuada. La fijación de criterios de indexación para los ajustes salariales no logrará, en condiciones como las actuales, mejorar el salario real, ni siquiera mantenerlo, sin generar problemas de empleo como daño colateral.

En Uruguay hay entonces varios desequilibrios a corregir, lo que implica combinar políticas que pueden corregir alguno de los problemas pero que simultáneamente agravan otros. Cuando la situación es como la actual, nadie tiene la receta exacta para superarla en el corto plazo.

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