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¿Qué preocupa al inversor?

El relanzamiento del canal Negocios de El País permitió una aproximación a la visión de los capitales extranjeros cuando tienen a Uruguay en el radar. 

El País
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Las empresas no salen en estampida de Uruguay, pero tampoco “se pelean por venir”. Son algunos sectores específicos los que mantienen dinamismo en las compraventas o desembarco en nuestro país de inversores del exterior, y en todos los casos, plantean varias luces amarillas y rojas.
Al presentar el pasado lunes en el Desayuno de Negocios de El País un resumen de entrevistas mantenidas en las últimas semanas con una docena de asesores o consultores locales, operadores internacionales e inversores del exterior, quedó expuesto un “set” de características que, para el potencial inversor, resultan clave.

En ese contexto, destacan las cuestiones vinculadas con el mercado laboral, desde diferentes dimensiones: lo que definen como características “culturales” relacionadas con la forma en que se desarrollan las labores, hasta los niveles de productividad existentes y también las “rigideces”, expresadas en lo que consideran “escaso espacio” existente para innovar en cuestiones como horarios y tareas, así como la forma en que se resuelven los conflictos.

Al trasladar las interrogantes a los especialistas consultados, lo primero que surge es una larga lista de “buenas prácticas” del país, que le ponen en inmejorable lugar en los rankings internacionales: país serio, estable, con reglas claras, instituciones sólidas, ingreso per cápita relativamente alto en la región, justicia independiente, buena distribución del ingreso, libertad de prensa, etc.

La cuestión es que, inmediatamente, coinciden en afirmar que con esas “buenas etiquetas” que luce el país, sencillamente, no basta. Y es a partir de ese momento que comienza a recitarse “otra lista” de características, en este caso, negativas. Son asuntos que, en un contexto de crecimiento económico, buenos precios internacionales y rentabilidades altas, pueden pasar desapercibidos. Pero cuando el viento es otro, claramente quedan expuestas y suman problemas a la economía doméstica.

Las características que los potenciales inversores tienen en cuenta incluyen las limitaciones de escala, el contexto regional, el mercado de trabajo y las condiciones macro, entre otras. Y un concepto que se reitera por parte de los consultados es el balance que se hace entre un país catalogado como “muy serio” pero escasamente atractivo al inversor, y otro cuya realidad puede ser a la inversa: los niveles de rentabilidad de otros países compensan los eventuales riesgos institucionales. El caso de Paraguay surge como ejemplo de esa alternativa.

En ese marco, las cuestiones laborales surgen reiteradamente como la primera dificultad. Además de varios ejemplos comentados en la exposición del pasado jueves sobre inversores que desestimaron a Uruguay por cuestiones vinculadas con la rigidez del mercado, la baja productividad o lo que se considera una extrema dificultad para superar los conflictos sindicales, aparecen otras realidades.

Para algunas empresas que están en el país por cuestiones estratégicas, con bajos márgenes de ganancia y donde los costos de modificar la realidad son considerados muy altos, por tanto, la decisión resulta “no innovar” en demasía.

Otra característica que muestran algunas empresas que desembarcan en el país es la imposición de un “tope” al ingreso de personal, por parte de la matriz. Esto es, un techo a las contrataciones de personal en la firma local, que opera como barrera incluso cuando se admita que existen condiciones para una eventual expansión.

Sin embargo, hay sectores en los cuales se mantiene interés inversor: el retail, las inversiones basadas en materias primas a largo plazo (forestación, cannabis), sectores con fuerte regulación y presencia del Estado, lo que otorga garantías (energía, infraestructura vial) y también los servicios globales, donde las restricciones en el mercado de trabajo operan mucho menos: existen condiciones más flexibles y a través de los altos salarios absorben la mano de obra más capacitada disponible.

En cuanto a las cuestiones macro, los resultados del sector público son un indicador relevante: se ha hecho común el concepto de “insolvencia fiscal”, como un riesgo tributario: “le faltan recursos al Estado, y mañana pueden venir por mí”, fue una respuesta reiterada.

Por otra parte, al consultar sobre la relevancia del ciclo electoral sobre las decisiones de inversión, las respuestas son coincidentes en destacar que se tiene en cuenta como dato de la realidad, pero no como un aspecto que resulte decisivo. Es importante considerar que el ciclo electoral no genera dudas a los inversores que ya están en el país, no interrumpe ciclos de inversión a los que piensan a largo plazo, y tampoco es una cuestión determinante para los que consultan para instalarse. Lo que a nivel micro en el día a día de la campaña nos puede mostrar diferencias claras entre propuestas electorales, desde la distancia se observa como más homogéneo y sin riesgos para el capital foráneo.

De todos modos, los consultados coinciden en que “Uruguay no entusiasma” a los inversores y que la necesidad de retomar la senda de crecimiento y hacerlo en base a fuentes sostenibles, se sitúa como el gran desafío para el país.


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