ROBERTO CACHANOSKY

Populismo para vencer al populismo

Definitivamente la economía argentina no termina de arrancar, salvo el sector agropecuario y los ligados a él, con un gobierno que está desconcertado. Macri compró el humo que le vendieron los progresistas diciéndole que con un gradualismo que no toque el gasto público, en el segundo semestre la economía estaba en marcha.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El actual presidente Mauricio Macri y su predecesora, Cristina Fernández. Foto: AFP

Eso no ocurrió y todos los indicadores confirman el estancamiento económico.

De acuerdo a datos de FIEL, el Índice de Producción Industrial volvió a registrar una nueva caída en octubre del 7,1% con relación al mismo mes de 2015, y en los primeros 10 meses acumula una baja del 5,2%.

La producción industrial viene de una larga caída desde mediados de 2015, aunque si uno toma un período más largo, el proceso recesivo industrial se extiende hasta principios de 2014 como mínimo.

Los datos de producción industrial de FIEL no difieren demasiado de los del Indec que dan una caída del 8% octubre de este año contra octubre de 2015 y una baja acumulada en los primeros 10 meses del 4,9%.

Por su parte, la actividad de la construcción registró, siempre según el Indec, una baja del 19,2% octubre 2016 versus octubre 2015 y el acumulado da una caída del 13,5%.

Si uno mira la evolución de mensual de las caídas, tanto de la producción industrial como de la construcción, puede observar claramente cómo se van profundizando.

Del "retiro espiritual" al que convocó Macri en Chapadmalal, parece que salió la conclusión de bajar la tasa de interés en forma acelerada. Si esa baja de la tasa de interés es para alentar el consumo, dudo que vaya a tener grandes resultados porque no es que la gente necesita más crédito, no puede ni pagar los que ya tiene, sino que necesita ingreso disponible, es decir, que deje de caerle el ingreso real.

Ahora, si el objetivo es permitir que suba el tipo de cambio nominal y el real, ahí pueden lograr algún resultado en el mediano plazo porque la caída del tipo de cambio real ya está afectando las exportaciones. Justamente durante diciembre el tipo de cambio nominal tendió a subir ubicándose por encima de los $ 16.

En octubre, las exportaciones volvieron a caer en términos interanuales. En esta oportunidad un 6,3% con relación a octubre de 2015 y el acumulado del año da una baja del 2,1% en tanto que las importaciones cayeron el 8,2% en los primeros 10 meses del año.

El saldo de balance comercial da positivo en U$S 1.952 millones en los primeros 10 meses del año versus el déficit de comercio exterior de U$S 1.142 millones de enero-octubre de 2015. Claramente la mejora en el saldo del balance comercial es producto de una mayor caída en las importaciones que suba en las exportaciones, dado que estas no aumentaron en los 10 meses considerados.

Con un saldo de balance comercial positivo que ni llega a los U$S 2.000 millones, la tranquilidad cambiaria parece responder más a las altas tasas de interés, al fuerte endeudamiento público para financiar el déficit fiscal, por el blanqueo y, por supuesto, a un clima de negocios más tranquilo que en la era del Kirchnerismo.

Pero lejos estamos de una avalancha de ingresos de divisas por inversiones en el sector real de la economía, que generen una baja en el tipo de cambio real.

Por ahora el Central viene bajando la tasa de las Lebacs y, como corresponde, el tipo de cambio nominal sigue subiendo, ubicándose en torno a los $ 16,10 al momento de redactar estas líneas. Tal vez, si continúa esta suba en el tipo de cambio pueda haber alguna mejora en el sector externo que mueva algo la economía.

Mi visión es que va a resultarle más fácil a Macri mover la economía por el lado del sector externo si baja la tasa de interés, que por el lado del consumo porque, como decía antes, la gente no tiene tanto ingreso disponible como para seguir endeudándose para consumir.

Por el lado de la inversión, el gobierno insiste con pedirle a las empresas que inviertan. Habla de crecer en base a inversiones pero no ajusta los balances por inflación y mantiene una de las tasas de impuesto a las ganancias para las empresas más grandes del mundo. Incluso supera el promedio de Latinoamérica.

La pregunta es: ¿por qué van a venir inversiones a Argentina si la carga tributaria corporativa es una de las más altas del mundo, la legislación laboral no incentiva la contratación de personal y todavía predominan ciertas políticas populistas?

Mucho se habla de los altos impuestos en Europa, sin embargo, los impuestos a las corporaciones son más bajos que en Argentina. En Suecia el impuesto a las ganancias corporativas es del 22%, Holanda tiene una tasa del 25%, Noruega del 25%, Finlandia 20%, Irlanda 12,5% y Francia, uno de los más caros de Europa, del 33%.

De lo anterior se desprende que es falso que los países nórdicos tengan una carga impositiva muy alta. En todo caso es alta para las personas físicas pero no para las corporaciones porque saben que necesitan de las inversiones para crear puestos de trabajo. En Argentina, el populismo vernáculo prefiere espantar las inversiones con altas tasas de impuestos a las corporaciones.

El dilema del gobierno está en cambiar este sistema tributario perverso para atraer inversiones. Lamentablemente el ala progresista del gobierno con Prat Gay y Marcos Peña a la cabeza parecen prevalecer en este populismo progresista que tiene empantanada la economía argentina.

En definitiva, todo parece indicar que el gobierno va a hacer populismo de aquí a las elecciones del 2017 para que no gane el populismo peronista. Un absurdo, pero esa parece ser la estrategia. Hacer populismo para que no gane el populismo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)