Opinión

Políticos y transferencias condicionadas

No es bueno para la sociedad que los jóvenes esperen vivir sin trabajar, dependiendo de la ayuda de lo demás. Los políticos deben considerar qué incentivos darán las transferencias de dinero que proponen.

Foto: Reuters
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Unas semanas atrás, tuvo lugar en el Reino Unido la conferencia anual de la Royal Economic Society. Una de las investigaciones presentadas fue “Learning about the Enforcement of Conditional Welfare Programs: Evidence from Brazil”. Es un estudio desarrollado por Fernanda Brollo (University of Warwick), Katja Kaufmann (Mannheim University) y Eliana La Ferrara (Bocconi University) sobre Bolsa Familia, un programa de transferencias de dinero condicionadas a que las familias envíen a sus hijos a la escuela.

Bolsa Familia. Este programa llega a 14 milliones de familias brasileñas, es decir, 60 millones de personas pobres (un 30% de la población de Brasil) y tiene un costo anual para el Estado de 0,5% del PIB. El programa ofrece dos tipos de beneficios: una transferencia “base” y una transferencia “variable” que depende de la composición familiar y el ingreso. Las familias con un ingreso mensual per cápita menor a 30 dólares son clasificadas como “extremadamente pobres”, mientras que las que tienen ingresos entre 30 y 60 dólares son clasificadas como “moderadamente pobres”.

El beneficio “base” es solamente para las familias en extrema pobreza. Y tanto las familias extremadamente pobres como las moderadamente pobres reciben un beneficio “variable” que depende de cuántos niños hay en la familia (el monto máximo es para el caso de tres: si tiene más de tres niños, sólo se le pagará por tres niños) y si la madre está embarazada o criando a un recién nacido.

Un ejemplo: pensemos en una familia con tres niños que tiene un ingreso per cápita de 30 dólares (es clasificada como “extremadamente pobre”) y un ingreso total del hogar de 150 dólares. Esa familia recibirá cerca de 60 dólares, es decir, un 40% del ingreso total de la familia.

Pero para recibir esa transferencia tiene que cumplir unas condiciones: todos los niños del hogar que tengan entre 6 y 15 años de edad tienen que asistir a la escuela al menos el 85% de los días, cada mes. Si uno de los niños no cumple con este requisito en un mes, la familia no recibe las transferencias por ese hijo ni por todos los otros hijos. Esta “responsabilidad conjunta” de todos los niños de la familia es un rasgo clave en el programa Bolsa Familia.

Castigos. Las consecuencias de no cumplir con los requisitos de Bolsa de Familia dependen de la historia de cumplimiento de cada familia. La primera vez que la familia no cumple con las condiciones que exige el programa recibe una advertencia, sin repercusión financiera. La segunda vez que no cumple, la familia recibe una segunda advertencia y los beneficios se le bloquean por 30 días. La tercera y cuarta vez que no cumplen, pierden los beneficios por 60 días cada vez. Finalmente, luego de la quinta vez que no cumplen con los requisitos, se le cancelan todos los beneficios y la familia pierde elegibilidad. La familia puede volver a postularse al programa recién 18 meses después.

Impacto del programa. Los citados investigadores usan una base de datos con registros administrativos de cada familia. Demuestran que la asistencia escolar aumenta luego de que las familias son castigadas por no cumplir los requisitos. Y otro hallazgo muy interesante: los vecinos escarmientan en cabeza ajena: la asistencia escolar de los niños aumenta si sus compañeros de clase o lo compañeros de clase de sus hermanos (aunque estén en otra escuela) son penalizados. Y este impacto crece al aumentar la severidad de las penas por no cumplir los requisitos del programa.

Tocar el bolsillo de la gente, funciona. Marcelo Caffera lidera una investigación de la Universidad de Montevideo sobre el impacto de cobrar las bolsas. Los resultados de su estudio —“Is the willingness to pay for plastic bags low? Evidence from a pricing initiative”— muestran que cobrar las bolsas hizo disminuir su consumo, ¡en 75%! La moraleja es clara: podemos hablar de que hay cuidar el medioambiente, hacer campañas publicitarias, poner carteles de no tirar basura en la playa… pero lo que funciona es poner una sanción económica: llámese cobrar, multar o lo que sea.

Pregunta para los políticos: ¿qué incentivos darán sus programas de transferencias monetarias? Se trata de crear una cultura de premiar al que quiere trabajar. El trabajo no es sencillamente una tarea para conseguir ingresos. Es camino de maduración, de creatividad y de inserción social. El trabajo da la posibilidad de servir, de aportar a la sociedad, de desarrollar su propia vocación, y no podemos cortar los sueños a la gente joven con programas mal diseñados.

(*) Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo.

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