Isaac Alfie

Política fiscal bajo discusión

El pasado miércoles 3 de junio, el IEEM de la Universidad de Montevideo organizó un seminario sobre la política fiscal en 6 países de América Latina, a raíz de un estudio realizado por el FMI.

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Seminario organizado por el IEMM con participación del FMI. Foto: Archivo

El estudio titulado "La política fiscal en América Latina, lecciones y legado de la crisis financiera global" fue presentado por una de sus autoras, la economista Yulia Ustyugova y estudia el comportamiento de los fiscos entre 2001– 2014 de lo que llama "los 6 países financieramente más integrados de nuestra región", Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay. Comentamos el trabajo Carlos Steneri y quien escribe. El economista Steneri en su columna del pasado lunes se refirió al tema desde un ángulo, extrayendo conclusiones con las que concuerdo totalmente. Intentaré hoy complementar la información que el estudio brinda y agregar algunas conclusiones. Naturalmente que un trabajo tan vasto no puede resumirse en pocas líneas. Lo primero que llama la atención es la ausencia nada menos que de Argentina en este grupo de países, no porque haya sido "injustamente" excluido, sino justamente porque su no presencia, es otra prueba del deterioro que las instituciones de este gran país han tenido en la última década.

Cambio de enfoque.

Un hecho resaltable es el cambio de enfoque que el FMI muestra en este trabajo, sobre la forma de estudiar el tema. Así se pasa de lo que, al menos yo conocí durante 15 años, el análisis de corto plazo y valores actuales, a uno donde se ajustan las cifras en función del ciclo económico. Si este enfoque hubiera estado presente 13 años atrás, seguramente el FMI no hubiera sostenido lo que sostuvo respecto a la política que debía llevar adelante Uruguay —que por supuesto no la llevó—, sino que hubiese aceptado que lo que el país planteaba (midiendo sus cuentas fiscales ajustadas por ciclo económico y tipo de cambio real de equilibrio), y todo marchado más rápido que lo que finalmente lo hizo. Mucho se habría evitado y, en todo caso, la retomada del crecimiento se hubiera dado antes. Recordemos que a nuestro país, luego de recibir un préstamo de emergencia con el que financiaba el sostenimiento de la cadena de pagos a comienzos de agosto, el FMI literalmente le bloqueó los fondos hasta fines de marzo del año siguiente, aduciendo que el default era la única salida, en contra del pensamiento —acertado— de las autoridades que entendían que se estaba ante un problema de liquidez transitorio. Dado lo anterior, debemos celebrar el cambio de metodología porque, aún a riesgo de algún error —el ajuste por el ciclo no es exacto—, la calidad del análisis y, por ende, las decisiones y el bienestar, mejoran sustancialmente.

Cosas en común.

Resulta por demás interesante observar cómo "la ola" —las condiciones de los mercados internacionales— uniformiza algunas acciones y resultados que pensábamos eran de nuestra propiedad. Así, todos los países redujeron la participación de la deuda en moneda extranjera sobre la total (pesificación), aumentaron significativamente los plazos de vencimiento, redujeron el ratio de deuda a PIB medido en términos corrientes y aumentaron sus reservas internacionales. Todos los países tuvieron tasas de crecimiento superiores a los 20 años previos, con excepción de México cuya dependencia de Estados Unidos es muy importante. Suena familiar ¿no? También en todos los casos al ciclo económico "se lo corrió de atrás", en el sentido que el aumento de PIB fue tan grande que, pese al extraordinario aumento en los gastos, éstos casi no crecieron en términos de producto hasta tanto hubo una reducción en la tasa de expansión de las economías. Eso permitió que los déficit fiscales bajaran exclusivamente en función de la abundancia de recursos fiscales que la bonanza trajo consigo. En paralelo, el ingreso de capitales apreciaba nuestras monedas (el dólar bajaba pese a que los precios domésticos subían) y eso automáticamente desdolarizaba la deuda y reducía el ratio deuda-producto. Del mismo modo, la mayor parte del aumento en las erogaciones se concentró en gasto corriente, dejando en un lejano plano las inversiones.

Diferencias.

En la carrera de aumento de gastos el campeón es Uruguay, a tal punto que en 2009, cuando todos los países aumentaron su gasto con programas especiales por algunas pasajeras dificultades entre septiembre 2008 y marzo 2009, el nuestro no lo hizo sino meramente siguió su expansión a la misma tasa que los años previos. A su vez, cuando los vientos comienzan a soplar de nuevo a nuestro favor, ya en 2009 pero fuertemente en 2010, Chile y en menor medida México revirtieron los estímulos especiales, Colombia y Perú los mantienen pero no aumentan, en tanto Brasil y Uruguay continuaron el camino de la expansión a tal punto que el documento habla de "trayectoria insostenible del mismo". Es sencillo entender que si los déficit son grandes, la deuda crece a una tasa que, en términos de la capacidad de producción de la economía cada día debe más, lo cual nos lleva a un punto donde si nada se hace, la deuda se vuelve impagable.

A su vez, si bien para el promedio del conjunto de 6 países, 2/3 del aumento de la razón gasto a PIB correspondían a gasto corriente y sólo 1/3 a inversiones, en Uruguay la relación fue 9/10 - 1/10, incrementando su rigidez al concentrarlo en salarios, pensiones y transferencias. Es más, como la medición se hace con 2014 como año final —año electoral—, la proporción de las inversiones en el crecimiento de las erogaciones en Uruguay es menor a ese 10%.

Una tercera diferencia radica en el nivel del gasto en términos de la actividad económica. Uruguay y Brasil son los más altos y, en nuestro caso, el trabajo subestima su verdadera cuantía al dejar de lado algunos que están por fuera del presupuesto nacional, tales como el fideicomiso del boleto, los fondos propios y de préstamo de la Corporación Vial del Uruguay, los impuestos afectados al financiamiento de las cajas de jubilaciones bancaria, notarial y profesional, las "capitalizaciones" recurrentes que las EE.PP. hacen de las S.A. de su propiedad, etc. Bien medido, el gasto total de nuestro país supera cómodamente el 35% del PIB. Una situación como esta, tal como el informe indica, no deja espacio para aumentar el gasto ni tampoco los impuestos que lo financian, por lo que la "solución" es hacer más eficiente al primero. Ciertamente aumentar la eficiencia es siempre un objetivo a perseguir, pero en el mejor de los casos es algo de mediano y largo plazo. En términos de coyuntura, o se ajustan ordenadamente las cuentas durante el tiempo donde hay financiamiento o el mercado al final las ajusta.

Conclusiones.

El trabajo muestra cómo impactó la bonanza externa, vía tasas de crecimiento por encima de la historia en las finanzas, gasto y deuda pública. También muestra que, pese al aumento en las erogaciones, a 2009 los países llegan relativamente sólidos en términos fiscales, pero a partir de allí se van deteriorando. Alguno, como Chile y en menor medida México, vuelven a su posición anterior, otros mejoran ligeramente como Colombia y Perú, en cambio Brasil y nosotros nos fuimos de curso a tal punto que debemos ajustar precisamente ahora que las circunstancias están virando, cuando no sería (en teoría aséptica) la mejor política para la coyuntura. También convalida lo que algunos analistas locales hemos venido destacando, el aumento del gasto público se concentró en erogaciones corrientes, dejando de lado las inversiones y por lo tanto fue de baja calidad, al tiempo que rigidizó un sistema de por sí muy poco flexible.

La tasa de expansión del gasto fue muy alta, aún bajo circunstancias propicias, a tal punto que hoy somos, conjuntamente con Brasil, los más comprometidos en nuestras finanzas y trayectoria de deuda.

Por último, una vez más prueba que la política fiscal es el ancla final de toda economía y, si ésta pasa a estar totalmente subordinada de "la política", en algún momento nos pone en problemas. Para evitar males mayores se necesita generar instituciones que aseguren una mayor independencia de la política, para que la inconsistencia temporal de los tiempos de gobierno y la sociedad sea al menos atemperada.

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