OPINIÓN

Política comercial y política exterior de Brasil: se deben evitar desajustes

El primer año del gobierno estuvo marcado por desajustes en el comercio y la política exterior. ¿Qué esperar para 2020?

Foto: Pixabay
Foto: Pixabay

En una primera evaluación, la política de comercio exterior de 2019 registró un saldo positivo en términos de acciones/propuestas para acuerdos comerciales. El gobierno ha enfatizado, desde su inicio, que hacer acuerdos con los países desarrollados sería un paso importante hacia la consolidación del objetivo de abrir el comercio. En este sentido, el final de las negociaciones Mercosur-Unión Europea, así como con la Asociación Europea de Libre Comercio de Europa (Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein) se anunciaron como logros en el camino hacia la propuesta de una reforma integral del arancel externo común que define el grado de protección que brindan los aranceles de importación en los países que conforman el Mercosur. Además, se iniciarían negociaciones con Singapur, Corea del Sur, Japón, Canadá, entre otros, y un posible acuerdo con Estados Unidos.

Dentro del ámbito de América del Sur, el gobierno ha avanzado en la expansión de los acuerdos comerciales existentes, incluidos los temas de servicios, compras gubernamentales y adelantando plazos para reducir los aranceles de importación con el fin de acelerar la entrada en vigor del libre comercio en región Además, cerró un acuerdo automotor con Argentina que conducirá al libre comercio en este sector en 15 años.

Los acuerdos comerciales son acuerdos firmados entre Estados y deben ser congruentes con el diseño de la política exterior de un país y con las directrices que conforman la amplia agenda de temas que son parte de los nuevos acuerdos. En este punto, una segunda evaluación concluye que el balance es negativo. Las declaraciones en el área del medio ambiente, un tema que ocupa un lugar prioritario en la agenda de los países europeos, ponen en riesgo la aprobación del acuerdo con la Unión Europea. En cuanto a los otros acuerdos, es necesario esperar hasta 2020, ya que aún no se han publicado noticias sobre cómo están progresando las negociaciones.

De todos modos, elevar el grado de apertura comercial a través de acuerdos es una buena estrategia, pero con algunos costos. Algunos programas de eliminación de aranceles son largos y, por lo tanto, la reducción esperada en los costos de producción a través del acceso a insumos y bienes de capital puede llevar tiempo. Es costoso en términos de personal llevar a cabo una agenda con varios países al mismo tiempo. Las concesiones arancelarias y en otras áreas pueden variar, lo que crea una red que no es muy transparente para los operadores de comercio exterior.

Una reforma tarifaria requiere negociación con nuestros socios del Mercosur. Una posición coherente en las directrices del Mercosur es esencial, tanto desde el punto de vista de la política comercial como de la política exterior. Una opción unilateral para hacer una reforma arancelaria debe ir acompañada de negociaciones con los socios geográficos. Temas como el tráfico humano, la seguridad pública, la infraestructura no desaparecerán porque el Mercosur ya no sea una prioridad del gobierno. En un momento en que Argentina atraviesa una grave crisis y con posibles cambios en las directrices del nuevo gobierno, el ejercicio de las negociaciones diplomáticas debe ser intensificado por ambos países.
Las posibles medidas perjudiciales para los sectores brasileños que tomó el gobierno argentino y una reforma unilateral del arancel externo común de Brasil podrían desencadenar en un escenario de "guerra comercial" que no interesa a ninguno de los países.

El segundo desajuste fueron los intereses comerciales con China y las posiciones de alineación con los Estados Unidos. En términos efectivos, el comercio con China no se vio perjudicado, pero el desajuste de los pronunciamientos es el peor escenario en el extranjero. La declaración de un representante oficial de un gobierno siempre se considera relevante para el público externo, independientemente de cómo se interprete en el ámbito interno.

La crítica a las posiciones de "alineación automática con Estados Unidos” no se deriva de evaluaciones ideológicas, sino de la observación empírica de que los intereses comerciales/económicos de Brasil son multilaterales. No se puede elegir entre países árabes e Israel, como tampoco puede hacerlo entre China o Estados Unidos.

Las posiciones son consistentes en la política comercial y exterior cuando se parte de un análisis objetivo de los intereses de los sectores internos y que luego debe evaluar las limitaciones y oportunidades en el escenario internacional.

Las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos no desaparecerán, incluso si se alcanza una tregua comercial temporal.

El tema del liderazgo tecnológico es el trasfondo de esta tensión y Brasil tiene que construir su mejor estrategia.

(*) Investigadora asociada en FGV IBRE y profesora en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados