Opinión

Pit Cnt, de espaldas al mundo

El Pit Cnt está enfrascado en una discusión dialéctica inconducente con un Solo Uruguay, con las cámaras empresariales y con la oposición.

Los sindicatos presionan al gobierno en pleno Mundial de fútbol. Foto: F. Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

A principio de mes, el ministro Astori reconocía la realidad del empleo en el Uruguay de manera clara y contundente: "hemos perdido decenas de miles de puestos de trabajo en un lapso relativamente corto. Hemos llegado a tasas de empleo más baja de las que quisiéramos, y tasas de desempleo más altas de las que quisiéramos".

Varias semanas después, Astori reconoció que la economía se desaceleró en el segundo semestre del 2018. El tema del empleo se palpa en la calle y todo el mundo es consciente de esta realidad, menos el Pit Cnt.

Además de la pérdida de puestos de trabajo, existe una importante disminución de la cantidad de jornales trabajados por miles de asalariados que son jornaleros. Pregúntenle a un chofer de carga nacional, cuántos jornales trabajaba y cuánto cobraba en 2014 transportando granos y cuántos jornales trabajó y cobró en 2018. Lo mismo sucede en la construcción, y para comprobarlo basta remitirse al informe de la Cámara de la Construcción que publicó El País el 17 de abril pasado, bajo el título, "Empleo en la construcción baja al mínimo en 11 años".

A esto se suma la destrucción definitiva de miles de puestos de trabajo, que están siendo sustituidos a pasos agigantados por la revolución tecnológica a nivel mundial y para lo cual no existe en Uruguay una política definida desde el gobierno.

El Pit Cnt está enfrascado en una discusión dialéctica inconducente con un Solo Uruguay, con las cámaras empresariales y con la oposición. No importa si la culpa es del gobierno, de los empresarios, de los trabajadores, de Trump que promueve el proteccionismo, de los venezolanos que nos prometieron mercados que ya no existen y que ahora nos exportan trabajadores, o de las cámaras empresariales.

Ahora, lo único que importa es pensar cómo frenamos la caída del empleo, porque la responsabilidad es de todos los sectores de la sociedad, aun cuando muchos sientan que la culpa es ajena. Independientemente de quien sea la culpa, si esto no cambia, van a responder económicamente todos los sectores de la sociedad.

Algunos aspectos a tener en cuenta:

a)Lo primero es definir el concepto de trabajadores. Económicamente trabajadores son todas aquellas personas que viven de las rentas de su trabajo, sin importar si lo hacen dentro o fuera de la relación de dependencia. El que pone un kiosco o un almacén en su casa, el alambrador, el pequeño tambero, el fletero, el pintor, el sanitario o el electricista que trabajan por su cuenta, también son trabajadores y a todos les está pegando la crisis de la misma forma. Sin embargo, de estos nadie se acuerda.

b)No puede existir diferencia entre trabajadores sindicalizados y no sindicalizados. La ley de fueros sindicales, el MTSS y el Pit Cnt se han encargado de proteger a los afiliados de cualquier acto de persecución sindical. Sin embargo, nadie se ocupa de los trabajadores que pertenecen a las empresas sin sindicato, los que parecen no existir. Como es sabido, en los consejos de salarios participan los sectores más representativos del empresariado y de los trabajadores. Y como las empresas de mayor porte y agrupadas en cámaras son las que generalmente tienen un sindicato, acuerdan entre ellos los mínimos salariales para todo el sector de actividad.

Esos valores y categorías salariales, se los trasladan de manera obligatoria a las pequeñas empresas, que por razones obvias, no pueden soportar los salarios que pagan las grandes empresas ya que no pueden trasladar a precios. Eso ha determinado la pérdida de miles de puestos de trabajo en empresas medianas y pequeñas, que quedaron a la vera del camino, por la decisión de los sindicatos y las grandes patronales, que se niegan a reconocer salarios diferenciales acordes a la realidad de las pequeñas empresas.

c)En tiempos de crisis, el ajuste del gasto en mano de obra se verifica o por cuantía del salario o por cantidad de trabajadores. Todos sabemos que en tiempos de bonanza, los salarios crecieron en términos reales sin que ello hubiera generado pérdida de puestos de trabajo. Pero ahora, que la situación económica ha cambiado y siendo rígido el valor del salario, el ajuste en el mercado laboral se está dando por cantidad de puestos de trabajo. Y esa es una situación muy injusta, porque algunos trabajadores y su familia soportan el cien por ciento de las consecuencias de la crisis, mientras otros mantienen su empleo. Eso es así, porque las negociaciones salariales solo contemplan la realidad de las grandes empresas. Cuando un país deja de ser competitivo se pierden puestos de trabajo en el sector exportador y del mismo modo, cuando no hay sectores de actividad rentables, no hay inversión nacional ni extranjera y por consiguiente, se van a seguir perdiendo miles de puestos de trabajo. Esta realidad no se combate con la lucha sindical, la que sirve para defender los derechos de los trabajadores, pero es ineficaz para generar puestos de trabajo o abrir mercados en el exterior.

d)El ambiente laboral. Finalmente, para recuperar los puestos de trabajo, además de competitividad, se requiere revertir el clima de inversión. Y hay un aspecto que no se mide y es la aversión creciente por parte de los empresarios para invertir en negocios intensivos en mano de obra. Y eso no es por el costo de la mano de obra, sino principalmente por la modalidad de relacionamiento que han adoptado algunos sindicatos, los que además publicitan las medidas de lucha que adoptan. Insólitamente, cuando el mundo ofrece cada vez más negocios sustitutivos de la mano de obra, la central sindical, sacude a los cuatro vientos el manual del anti marketing del empleo, generando la sensación de que en Uruguay los trabajadores son como los galos de la serie Ásterix, un grupo irreductible de guerreros que toman una poción mágica y enfrentan a las patronales en cualquier caso y circunstancia.

Esta realidad que refleja el pensamiento de una minoría de trabajadores, afecta negativamente las oportunidades laborales de todos los uruguayos.

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