Javier de Haedo

Aquellos 32 pesos... y estos de ahora

Durante las últimas semanas, gran parte de la prensa siguió día a día la evolución del precio del dólar, mientras "batía récords" tras muchos años y se acercaba al máximo histórico del año 2002.

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Monedas uruguayas. Foto: Archivo El País

Finalmente el día esperado llegó: al cierre de febrero el interbancario billete ($ 32,345) casi tocó al valor del 10 de septiembre de 2002, con eje en $ 32,350, magnitud que fue superada al día siguiente ($ 32,557).

Lo referido sólo tiene un valor anecdótico, pero para nada lo tiene en un sentido económico o financiero. Aquellos 32 pesos y estos, sólo tienen en común el número, pero más nada. Sin ir más lejos, los 32 y pico de mediados de septiembre de 2002, ajustados por el IPC, serían $ 92,08 de hoy día, dado que el IPC se multiplicó por 2,85 entre septiembre de 2002 y febrero de 2016, o sea que acumuló una subida de 185%. En todo caso, ésta comparación tiene algo de sentido económico, pero tampoco demasiado, porque los dólares de hoy y los de entonces tienen poco que ver entre sí, en el mundo, y mucho más en el caso de nuestro país.

Precio Alto.

Los 32 pesos de entonces eran un precio demasiado alto para el dólar en condiciones normales. La situación era entonces cualquier cosa menos normal, en todo caso era como estar en el epicentro del terremoto. El valor del peso se había desplomado en el marco de una crisis fiscal y financiera sin precedentes. De hecho, aquel precio fue máximo pues a partir de entonces se comenzó a salir de la crisis de una manera muy ordenada y con un excelente diseño. Mientras tanto, estos 32 pesos de hoy día son sólo una estación de paso hacia niveles superiores. Es más un precio bajo que uno alto, tanto en términos nominales como reales, sin ser ya tan bajo como llegó a serlo hace tres años cuando comenzó la remontada. En términos nominales, pues da lugar a precios expresados en dólares que son altos en comparación con los que hay en países con situaciones comparables, lo que queda en evidencia cuando viajamos a casi cualquier destino. Y en términos reales, como surge de manera indudable de la lectura de los indicadores de tipo de cambio real que se desee considerar.

La contracara.

La otra cara de las oscilaciones del precio del dólar en nuestro país, o más precisamente del dólar como precio relativo (al IPC, o sea al promedio de los precios de la economía) es la volatilidad de nuestro PIB expresado en dólares. Tras haber alcanzado un máximo de US$ 25.384 millones en 1998, cayó a menos de la mitad en 2003: US$ 12.046 millones. Diez años más tarde, en 2013, alcanzaría su nuevo máximo histórico, de US$ 57.524 millones, desde donde ha venido cayendo y lo seguirá haciendo por un buen rato aún. Nótese que entre 1998 y 2003 el PIB cayó en dólares 53%, pero "sólo" 14% en términos reales, a precios constantes. Al contrario, entre 2003 y 2013 subió 378% en términos de dólares y "apenas" 72% en volumen físico o a precios constantes.

Estimo que el PIB expresado en dólares se ubicó el año pasado por debajo de los 54 mil millones y que habrá de caer por debajo de los 49 mil millones en el año en curso. Pero en la medida en que el dólar continúe fortaleciéndose en el mundo y que en nuestro país nos pongamos más en línea con el mundo, esa cifra debería seguir cayendo hasta por debajo de los 40 mil millones de dólares.

Lo que esto deja en evidencia, entre otras cosas, es que hay que ser muy cuidadosos al expresar y comparar cifras en dólares en nuestro país, ya que ellas suelen sufrir oscilaciones muy amplias, como muestra la historia. Esto se puede comprobar si vemos series en términos de dólares de precios tales como la cuota mutual o el costo de estudiar en un instituto privado o los salarios o los precios de los inmuebles.

Expresar y cotejar cifras en dólares suele inducir a errores de apreciación, como es evidente en el caso de los precios de los inmuebles, donde los pensamos en dólares y tendemos a tenerlos como referencia en esa moneda, lo que lleva a demorar los ajustes necesarios como sucede en la coyuntura actual. Hay otros casos quizá menos evidentes pero muy frecuentes de errores de apreciación en el sentido referido. Tomemos a efectos ilustrativos dos de ellos, uno "favorito" de la oposición y otro del gobierno.

Suele escucharse a connotados miembros de la oposición referir el extraordinario crecimiento del presupuesto de la enseñanza, que en poco más de diez años se multiplicó por cinco o seis en dólares. ¿Y? ¿Es acaso el dólar la unidad de cuenta relevante para comparar costos en el sector? ¿O lo es el IPC, en todo caso? Aún con el salario real constante el presupuesto salarial en dólares tiene más oscilaciones que la montaña rusa.

Y del lado del gobierno, si bien la referencia no es tan frecuente, las ha habido, orgullosamente, referidas al PIB per cápita en nuestro país, el que se ubicó en unos US$ 17 mil en 2013 en el contexto de una trayectoria ascendente con prisa y sin pausa desde diez años antes. Referencias a nuestro vertiginoso camino al desarrollo fueron destacadas en ese momento. Pues bien, este año esa cifra se habrá reducido a poco más de US$ 14 mil y posiblemente en un par de años andemos por los 12 mil.

En fin, lo anecdótico es anecdótico, y lo relevante es lo relevante.

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