La apertura del sector petrolero a la inversión privada llegó en el peor momento de la industria

Pesimismo gana terreno en México

Un sentimiento de pesar gana terreno a lo largo de buena parte de México, conforme el Presidente Enrique Peña Nieto se prepara para relanzar su presidencia a la mitad de su mandato de seis años.

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"América Latina y el Caribe son las regiones más desiguales.". Foto: AFP

THE NEW YORK TIMES

A lo largo del año pasado, a medida que la credibilidad de su administración ha tropezado en vista de escándalos de corrupción y escepticismo en torno a su manejo del combate a las drogas, el presidente aún podía destacar el paquete de cambios económicos que fueron vendidos como "el momento de México" y prometer que tiempos mejores estaban a la vuelta de la esquina.

En los días previos al discurso sobre el estado de la nación el pasado miércoles, su administración lanzó un bombardeo por medios informativos con anuncios exaltando los cambios, que incluyen reglas para contener a poderosas empresas de telecomunicaciones y ponerle fin al control estatal de la industria de energía. La campaña repite la promesa de que vienen inversión y empleos.

Sin embargo, esa historia está empezando a gastarse.

El crecimiento ha sido más lento bajo la presidencia de Peña Nieto que el promedio anual de 2,3% en las dos décadas previas a que él asumiera el cargo. En las últimas dos semanas, tanto el Banco Central como la Secretaría de Finanzas han reducido sus estimaciones, sugiriendo que, de igual forma, el crecimiento en 2015 pudiera no alcanzar esa cifra.

Los salarios se han estancado, al tiempo que estudios recientes muestran que la desigualdad y la pobreza han aumentado a lo largo de los últimos años.

Ahora, justamente cuando México pudiera haber empezado a ver los primeros beneficios concretos de las revisiones económicas, la economía está siendo golpeada intensamente por fuerzas más allá del control del gobierno, conforme va creciendo la incertidumbre financiera mundial.

La cúspide de la ola de cambios constitucionales que Peña Nieto logró aprobar con un Congreso dividido en sus primeros tres años fue abrir la industria del petróleo, gas y electricidad a la inversión privada, revirtiendo la nacionalización de la industria petrolera del país hace 75 años.

El momento no podría haber sido peor. La caída en los precios del petróleo prácticamente detuvo la oleada pronosticada de empresas petroleras internacionales llegando a México y obligará al gobierno, que depende de los ingresos del petróleo para financiar al menos un tercio de su gasto, a hacer recortes considerables a programas sociales y de infraestructura el año próximo. La primera subasta para bloques de exploración petrolífera frente a la costa, en julio, atrajo tan pocas ofertas que solo dos de los 14 ofertados fueron otorgados. Los reguladores han relajado las condiciones para ofertas entrantes, pero los miles de millones de dólares en inversión que el gobierno prometió parecen incluso más remotos.

Aunado a esto, el descenso del peso a lo largo del año pasado elevó el precio de importaciones de Estados Unidos en cerca de 30%.

Pero hay puntos brillantes: una administración prudente en lo económico a lo largo de los años ha mantenido bajo control la inflación, así como la deuda. Alrededor de US$ 20.000 millones en inversión extranjera han llegado a la industria automovilística de México en los últimos seis años para aprovechar la proximidad con Estados Unidos, sus acuerdos comerciales y su calificada fuerza laboral.

Sin embargo, los resultados son bolsones de éxito en el sector exportaciones, de alta eficiencia, que no han logrado llegarles a aquellos en los peldaños más bajos de la escalera económica.

"Estas políticas han traído estabilidad, no han generado crecimiento", dijo Joydeep Mujerji, uno de los directores administrativos de Standard & Poors que sigue a México de cerca.

El gobierno destaca un aumento de 1,4 millones de trabajadores durante los últimos dos años que están afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social, medida del empleo formal e indicador de éxito. Sin embargo, 60% de la población sigue trabajando en el sector informal en empleos como chofer de taxi o vendedor ambulante, en su mayoría sobreviviendo a duras penas. Casi 42% de los trabajadores no puede darse el lujo de cubrir sus necesidades básicas tan solo con su salario, con base en un centro de análisis estratégico, México Cómo Vamos, cifra que está más o menos igual que cuando Peña Nieto asumió la presidencia.

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