TEMA DE ANÁLISIS

Las perspectivas para el consumo post pandemia

La recuperación o vuelta a un consumo “normal”, estaría más vinculada a una mejora de la situación económica, que a una mejora de la situación sanitaria.

Hisopado para evaluar presencia de coronavirus. Foto: Leonardo Mainé
Hisopado para evaluar presencia de coronavirus. Foto: Leonardo Mainé

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Cuando el comienzo de la vacunación sea inminente y finalmente veamos imágenes de uruguayos vacunándose, ¿sería esperable un empuje en el humor y predisposición al consumo de las familias? ¿O este evento ya está descontado en las expectativas personales y, por tanto, su impacto será marginal? ¿Los futuros hitos sanitarios tienen alguna relación con las actitudes hacia el consumo o el principal fundamento del gasto continúa siendo el ingreso corriente y esperado? ¿Cuál de los diversos eventos relacionados con la situación sanitaria sería más determinante para propiciar una recuperación de la demanda por servicios?

La actitud general al consumo por parte de las familias para este año no es favorable, aunque sería revisada al alza en el caso de una mejora notoria en las condiciones económicas y sanitarias. En efecto, por un lado, casi el 60% de los consumidores piensa gastar “algo menos” o “mucho menos” este año respecto al año pasado, al tiempo que un 30% estima un gasto “similar”.

Este es un resultado preocupante, si se considera que el punto de partida, el consumo privado en 2020, se mostró notoriamente afectado a la baja por la pandemia. Sin embargo, una amplia mayoría de dicho grupo vería impulsado su consumo en caso que se verificase una normalización de la situación sanitaria y económica en el correr del año. Así, estos resultados muestran un comportamiento a priori austero pero que podría revisarse en el caso que el contexto lo amerite.

La recuperación o vuelta a un consumo “normal”, estaría más vinculada a una mejora de la situación económica, que a una mejora de la situación sanitaria. En efecto, un avance en las condiciones económicas fue elegido por un 45% de los encuestados e implica, en particular, alternativas como que se procese una mejora en la seguridad respecto a mantener el empleo o a que se recuperen los ingresos perdidos por la pandemia, mayormente. Por otro lado, quienes identifican motivos de orden sanitario para volver a un consumo más normal, concentran en torno del 20% de las respuestas (gráfico 1). Este resultado sugiere que la resolución de la situación sanitaria per se, no vigorizará el consumo, o lo hará para un porcentaje reducido de los consumidores. Así, no sería atinado esperar una recuperación de la demanda derivada únicamente, o mayormente, de la normalización de las condiciones sanitarias. Estos resultados son distintos cuando se abren por nivel socioeconómico. En los niveles más altos, la demanda sería menos sensible al contexto, es decir, una proporción importante dice que su consumo este año no se vería mayormente afectado por eventos económicos o sanitarios. En cambio, en los niveles socioeconómicos más bajos, y también en los medios, una proporción mayor estima que las condiciones económicas juegan un papel preponderante para determinar sus niveles de consumo. A partir de lo anterior, si esperamos que la normalización sanitaria preceda a la económica, entonces es razonable esperar que la convergencia hacia niveles de demanda más normales se verifique a fines de este año o para el año que viene.

La vuelta a un nivel de consumo más “normal” no solo aplica para el gasto en general sino también para el caso de la demanda específica de servicios, que también sería más sensible a las condiciones económicas que a la situación sanitaria. Así, para el caso de los servicios un 40% de los encuestados manifiesta que se requiere una mejora en las condiciones económicas para impulsar su consumo, al tiempo que un 35% invoca razones sanitarias. Este resultado indica que los servicios estarían siendo afectados no solo, o no tanto, por la situación sanitaria sino por su condición de bienes superiores, cuyo consumo se ve claramente resentido cuando cae el ingreso corriente o permanente. Así, esto sugiere que una recuperación de la situación sanitaria motivaría una recomposición sólo parcial del gasto en servicios. A pesar de lo anterior, y como era de esperar, la propensión al consumo de servicios resulta mucho más sensible a las condiciones sanitarias que la predisposición al consumo de bienes propiamente (gráfico 2). En particular, entre los diversos marcadores o drivers sanitarios, el más relevante para propiciar un mayor consumo de servicios es que “bajen sustancialmente los casos de coronavirus”, seguida de otras como “que efectivamente se comience a vacunar”, que “una proporción alta de la población esté vacunada” o que “yo esté vacunado”, entre otras (gráfico 3). Es decir, sin dudas una mejora sanitaria tonificará la demanda de servicios, pero se requiere también una mejora de las condiciones económicas para un impulso más robusto y duradero.

Además de la debilitada y condicionada demanda potencial para este año, hay impactos de la pandemia en las actitudes de los consumidores para el gasto aún en el escenario de una normalidad sanitaria completa y en un horizonte algo más largo. En efecto, aproximadamente un 25% de los consumidores no tiene previsto volver a consumir como antes de la pandemia en un horizonte más largo (por ejemplo, 2022), incluso asumiendo una normalidad completa de la situación sanitaria (gráfico 4). Este resultado podría no sorprender tanto en el caso de los servicios, pero es interesante resaltar que, también para el caso de bienes propiamente (como indumentaria), hay una proporción relevante de la población (también en torno del 25%) que no tiene previsto volver a consumir como antes de la pandemia. Esto puede cambiar cuando la situación sanitaria esté efectivamente resuelta o con una mejora notoria en las condiciones económicas (con algunos consumidores cambiando de opinión), pero sin embargo marca que algunos de los impactos de la pandemia serían permanentes. Incluso, sólo un porcentaje muy reducido tiene pensado compensar el menor gasto de 2020 y 2021 con mayor gasto en el futuro, sugiriendo un predominio de las actitudes conservadoras en el tiempo.

En suma, el análisis anterior muestra que el proceso de recuperación del lado de la demanda no sólo será lento sino que mostrará complejidades que harán dificultoso un retorno a la situación prepandemia. Este resultado se explica a partir del hecho que la mejora en las condiciones sanitarias es un driver menos relevante que el de las condiciones económicas en general, especialmente para la demanda de bienes pero también para el caso de los servicios, que hay cambios en los patrones de consumo que son más bien de tipo permanente y que hay segmentos de la población que han sido impactados de tal forma que difícilmente vuelvan a gastar como antes de la pandemia, incluso en un escenario de normalidad sanitaria y luego que hayan pasado más de dos años de la llegada del coronavirus a nuestro país.

(*) Alejandro Cavallo, Director Consultoría Económica

Perspectivas para el consumo post pandemia.
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