JULIO PREVE FOLLE

Para pensar en el verano

Hay una situación productiva en el agro que debe hacer pensar

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La existencia de parásitos resistentes es un problema para la producción. Foto: A. Colmegna

Me refiero al poco conocido y menos estudiado estancamiento de la producción de carne vacuna de los últimos diez años, muy diferente a los anteriores dieciséis, muy distinto en su peripecia a la de los otros rubros agropecuarios, poco comparable a lo ocurrido en otros países y, lo más llamativo, en un contexto de precios muy favorables de la propia carne, del petróleo y de la tasa de interés.

Datos objetivos.

Empiezo con un par de datos poco conocidos. En primer lugar la propia producción física de carne, esto es la suma de la faena, la exportación en pie y la variación de existencias. Los datos que proporciona el propio MGAP (ver Anuarios de DIEA) son contundentes: no hay variaciones en la producción desde el ejercicio 2005/2006 hasta el último reportado 2014/2015. Esto se explica por una caída en la faena en un contexto de existencias más o menos constantes. En concreto, en aquellos tiempos se llegaron a faenar 2,5 y 2,6 millones de cabezas y en la actualidad y sistemáticamente son 2,2 millones de cabezas, con unas existencias de alrededor de 11,9 millones de animales en ambos momentos. Cabe agregar aquí que desde el ´90 hasta el 2006 la tasa de crecimiento de esa misma producción de carne fue el 3,3 % acumulativo anual, con momentos en los que esta tasa fue de las más altas del mundo. Y que en los siguientes años fue cero. Como corolario de lo anterior, las exportaciones de carne que llegaron a alcanzar las 470 mil toneladas, hoy son de 380 mil, tonelada más tonelada menos.

Algunos han propuesto como explicación, la reducción del área de pastoreo derivada de la expansión agrícola. Más allá de que esta expansión ofrece oportunidades para la intensificación de la propia ganadería, es probable que alguna explicación pueda venir por ahí. No obstante me parece —la del área agrícola— una explicación poco contundente. En efecto, entre los años 2000 y 2006, este último de máxima producción de carne, el área agrícola ya había llegado en soja a 432 mil hectáreas (hoy un millón cien mil) y la de trigo a 150 mil, habiéndose producido esa soja, que en el 2000 no llegaba a las 10 mil hectáreas, en las mejores tierras ganaderas seguramente. Esta expansión agrícola como explicación incompleta para el desempeño ganadero, queda más clara cuando se analiza la productividad física de esta última década, es decir la producción de carne por hectárea de pastoreo, o sea dejando de lado el efecto del área agrícola. En este caso las cifras señalan que la producción de carne vacuna por hectárea de pastoreo es hoy —año 2015— 78,4 kg. (J. Peyrou com. pers.), igual a la de 2006, de 76 kg. Por otra parte hay indicadores indirectos de productividad y de inversión que hacen pensar: por ejemplo el envejecimiento de la edad de faena que reporta INAC, con una proporción de animales adultos en la faena mayor a la de los años 2005 y 2006 (el mínimo de novillos boca llena se dio en 2008, con el 26%; hoy es el 35%). A la vez se sigue entorando los mismos 4,2 millones de vientres que en 2002, y hay una reducción importante del área de praderas realizadas por año, que supo ser de 500 mil hectáreas y hoy escasamente supera las 280. Hay otros indicadores que suponen retroceso, como por ejemplo el aumento en la estacionalidad en la faena o la tasa de extracción. Y repito el contexto: precios muy favorables de la carne, y mínimos en la tasa de interés y el petróleo.

Clima de negocios.

Esta es para mí la explicación, seguramente junto a otros factores. No solo están las medidas tomadas de neto corte anti ganadero sino otras anunciadas cuyo efecto es el mismo. En primer lugar la libertad comercial; como se sabe para todo hay que pedir permiso, no está autorizada —es un secreto a voces— la exportación en pie de cualquier categoría, por ejemplo ganado gordo, y para hacerlo en otras hay que superar procedimientos que hacen que no sea el productor el que disponga de esa libertad. Por otra parte en más de una ocasión se amenazó a la pecuaria con el restablecimiento de las detracciones, se retomaron impuestos a la tierra —Patrimonio, Primaria— que son los que más han crecido contra lo que se prometió en la reforma del 2006. Y cuando el ganado va a faena se liga la política salarial, la ocupación de plantas, y el lenguaje anti ganadero de estos gobiernos, que es algo que se respira en el aire y se escucha cada vez que a algún vocero oficial se le ocurre que hay que aumentar los impuestos, o que hay que modificar los arrendamientos, o que hay que repartir tierra entre colonos, o que hay que subsidiar el consumo como ocurrió con el legendario asado del Pepe. También se habla de tocar la propiedad privada, o de las prioridades en la infraestructura que siempre están en otros rubros. Todas estas realidades y amenazas hacen que el sector ganadero, que no se siente bien con los socialismos de hoy, de ayer o de anteayer, tenga pocos alicientes como para intensificar su producción por riesgo político. Por supuesto es inaceptable en los tiempos que corren el desconocimiento de la tecnología como factor de estancamiento: en los tiempos de abundancia de información de hoy, si ésta no se aplica hay que buscar otras razones, pocas veces el desconocimiento. Hay que animarse a esbozar alguna teoría que explique un estancamiento grave, que seguramente responda a varias razones. Hay que entenderlas si se quiere cambiar.

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