JAVIER DE HAEDO

Las pautas "neoliberales"

Hace algunas semanas el Poder Ejecutivo (PE) comunicó las pautas que impulsará en las próximas instancias de los Consejos de Salarios.

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Opiniones divididas en cuanto a la actuación de la comisión de vivienda sindical. Foto: Francisco Flores

Desde el Pit-Cnt se manifestó casi de inmediato una oposición total a aquellas, mientras que desde las cámaras empresariales, con unos días de demora, también se expresó preocupación.

A diferencia de lo que se planteó hasta hoy, las pautas contienen aumentos nominales fijos y dos tipos de ajustes correctivos por desvíos en la inflación: uno, al cabo del segundo año del convenio y también al final de él en los convenios a tres años, que otorga un aumento adicional para alcanzar la variación del IPC en los casos en que los aumentos nominales de salarios hubieran resultado inferiores; otro, que también da un aumento adicional inmediato en el caso que la variación interanual del IPC supere el 12%. También se innova en cuanto a que los aumentos salariales serán diferentes según la magnitud del salario (a menores salarios mayores aumentos, aunque de otro modo esto ya sucedió en instancias anteriores) y según la situación del sector (mayores aumentos para los sectores más "cómodos" y menores para los que tengan dificultades). Se podrán acordar incrementos salariales por productividad, adicionalmente a los aumentos referidos.

Es evidente que las pautas referidas son distintas a todas las emanadas del Poder Ejecutivo en los 10 años anteriores. Es igualmente evidente que también el contexto económico en el que se dan las pautas salariales es diferente al de los dos gobiernos precedentes. Y una cosa lleva a la otra, no puede haber lugar a dudas. De hecho, el MEF, aún optimista, espera que la suba del PIB en este período sea del orden de la mitad que en los dos anteriores.

Contexto.

Pero no se trata solo de proyecciones, a esta altura se ha acumulado bastante evidencia acerca del cambio de contexto en curso: caen las exportaciones, se deteriora la confianza del consumidor, empeoran las expectativas empresariales, se desploman las ventas de bienes durables, aumenta el desempleo. Y si éste no aumenta todavía más, se debe a que muchas personas están saliendo del mercado de trabajo y pasan a ser inactivos.

Los datos de mayo, de reciente difusión, muestran otro mes en el cual hay un claro deterioro con relación al mismo mes del año anterior (que es la comparación más pertinente, sin dudas más que comparar meses consecutivos): baja la cantidad de personas ocupadas y eso no se traduce uno a uno hacia más desempleo porque muchos salen del mercado como lo prueba la caída de la tasa de actividad o participación.

Calificativo.

Lo más llamativo ha sido la calificación de "neoliberales" que se ha atribuido a las pautas salariales. Claro, en realidad no debería llamar la atención pues hay quienes emplean ese adjetivo en todo lo que implique aplicar desde una aritmética simple para arriba.

A las pautas se les atribuye "desindexar", o sea "desvincular de un índice", en este caso del IPC al cual están ligados los salarios de acuerdo con las pautas que ahora se van a sustituir. Pero eso no es cierto y resulta algo objetivo: ya vimos que las pautas incluyen aumentos correctivos para el caso en que los aumentos salariales acumulados no alcancen al IPC y que si éste sube más de 12% anual, también hay aumentos adicionales. A las pautas se les atribuye, del mismo modo, que dan lugar a rebajas en el salario real. Primero, en todo caso, eso es algo que ex ante no se puede adivinar pues depende de cuánto suba el IPC. Pero aún si éste subiera más que algún salario nominal, habría un ajuste correctivo que lo emparejaría. Es cierto que ello ocurriría recién al final del primer bienio del convenio, por lo que en términos de promedios podría haber una caída real, pero es indudable que al final del día el salario real no cae.

Y acá hay precisamente un problema con las pautas: se "decreta" que el salario real no puede caer, independientemente del contexto en el que transcurra la suerte de la empresa o del sector en cuestión. Pero es indudable que en los tiempos que hemos empezado a transitar habrá casos en los que no se podrán sostener los salarios reales salvo que se desee que sea el empleo el que pague los platos rotos. Entiendo que no es políticamente viable que se planteen pautas que ex ante rebajen el salario real, pero se equivocan los que piensan que se pueda establecer un salario real rígido a la baja en forma independiente de la evolución de la economía. Sería como pretender derogar la ley de la gravedad.

Otro elemento discutible consiste en pretender subir especialmente en términos reales (y estos sí, casi con certeza) los salarios más bajos. Es razonable asumir que los salarios más bajos se corresponden con personas menos productivas, máxime después de una década extraordinaria como la que hemos vivido, que ha sido propicia para una clara diferenciación salarial. Si se pretende aumentar más estos salarios se corre el riesgo de que quienes los perciben pierdan su empleo.

La política de salarios mínimos no tiene problemas cuando la economía vuela porque puede ser redundante. Pero con la economía en proceso de desaceleración y posiblemente de recesión, la situación es diferente. Tampoco tiene sentido (y más en este contexto) que se haga pagar a las empresas, salarios que estén por encima del valor de la productividad de quienes los perciben.

Algunas reglas.

En la actualidad, la relación entre masa salarial y PIB se encuentra en el promedio de los últimos 30 años. Por lo tanto, se puede pensar que no está muy alejada de una magnitud razonable. Entonces cabe esperar que ambos términos del cociente evolucionen similar y que la variación del PIB se compadezca con la variación de la masa salarial, que a su vez es el producto de variaciones de salarios y ocupados.

Se vuelve a equivocar el Pit-Cnt cuando pretende asimilar las variaciones del PIB y los salarios reales. Salvo que no le interese lo que suceda con el empleo. En los 30 últimos años, con gobiernos de los tres partidos y políticas salariales diversas, la cantidad de ocupados subió al 1,5% anual. Y subió en 22 de esos 30 años.

No es casual, en este contexto, que en instancias anteriores de los Consejos de Salarios, desde el MEF se plantearan aumentos reales básicos de 2,5% cuando se esperaba una expansión del PIB del 4%. Aún con el escenario optimista planteado a nivel oficial, con una expansión de 2,7% anual se podría trabajar con un aumento del salario real de 1,2% anual. Algo así surge de las pautas del PE con la inflación estable entre 8% y 8,5%.

Qué ocurrirá.

Considero optimista esperar un crecimiento medio anual del PIB de 2,7%. Como vienen las cosas, hasta un 2% anual parece optimista. En este contexto, los aumentos reales de salarios deberían ser la excepción y no la regla, como surge de las pautas.

Pretender mantener los salarios reales rígidos a la baja, la indexación de los salarios y querer subir en términos reales a los salarios vinculados a actividades menos productivas puede ser llamado de muchas formas, pero en ningún caso "neoliberal". Y todo eso, encima, a tres años de plazo y en medio de un contexto económico que va de mal en peor. Esta película no puede terminar bien y los datos de empleo nos lo seguirán mostrando.

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