OPINIÓN

A partir de UPM, hay que atender las necesidades de todo el aparato productivo

Dado que UPM finalmente resolvió invertir en el país, parece pertinente analizar en detalle qué es lo que la empresa demandó y consiguió lo que buscaba. 

Petri Hakanen, UPM Uruguay. Foto: El País
Petri Hakanen, UPM Uruguay. Foto: El País

Mirando estos grandes asuntos, pienso que se retrata perfectamente lo que hace falta para invertir y crecer en todo el sector agropecuario. Es más; me parece que los grandes temas en los que la empresa logró lo que buscaba, bien podrían considerarse como objetivos de política sectorial, algunos que ya se podrían implementar. Otros, con seguridad, más adelante. Yo identifico seis grandes temas en los que la empresa logró lo que buscaba y que de a poco deberíamos buscar para toda la actividad agropecuaria.

1. La estabilidad de las políticas sectoriales. Esto es a mi juicio lo más importante. A partir del acuerdo de protección de inversiones con Finlandia, el gobierno uruguayo no puede cambiar de políticas relevantes para UPM, o si lo hace debe compensar. Qué no daría el sector agropecuario para saber con certeza que no habrá nunca más detracciones, que la exportación en pie será siempre libre, que el combustible será el de paridad de importación, que los aranceles no se moverán ni directamente ni inventando tasas consulares, que no habrá asados del Pepe ni otras intervenciones, que el tipo de cambio será libre, que no habrá más permisos previos para ejercer sin cortapisas la libertad económica, que no habrá ni stock regulador ni de ninguna especie, que la libre contratación en materia de arrendamientos rurales no se toca, y tantas cosas más. Porque finalmente la mejor política es —exagerando un poco— la que no se toca.

2. La situación tributaria. A través del estatuto de zona franca y ratificado por el punto anterior, la empresa consiguió una situación fiscal compatible con su negocio, buscada en tanto la situación fiscal normal es incompatible con su negocio…o con cualquiera. Es evidente que más allá o más acá, la situación tributaria en territorio franco y no franco no pueden diverger de esta manera, y a mediano plazo hay tributos que deben desaparecer si se quiere que el agro arranque. Por ejemplo, la consideración de la tierra en el impuesto al Patrimonio, o el humillante pago del 1 % municipal. No digo que esto se deba hacer ahora, pero es claro que tal como lo sabía UPM, la situación tributaria así es incompatible con el crecimiento.

3. Los monopolios del Estado. Esto es más difícil, pero hay que recordar que según el art. 24 de la ley de zonas francas, en ellas no rigen los monopolios del Estado, y tampoco necesariamente las tarifas públicas. En realidad, esto integra una discusión diferente que el régimen al que accede UPM permite discutir. Se trata de convertir estos monopolios en prestadores de servicios a precios mundiales y no a precios de agente recaudador de la DGI como son en la actualidad (los que ganan plata).

4. La infraestructura. UPM ha logrado que se le considere su situación respecto de carreteras, vías férreas y puerto. Y qué no daría todo el sector por tener caminos confiables, puentes, (imposible no recordar la entrada a Sarandí del Yi), carreteras por las cuales transitar siempre, telecomunicaciones, puertos. UPM lo logró, pero sobre todo pone en evidencia que lo que es necesario para ella, lo es mucho más para el resto del país.

5. Acuerdos comerciales. Este es otro tema imprescindible. UPM ha traído acuerdos con los países con los que necesariamente se vincula. Eso mismo requiere nuestro sector exportador: acuerdos de libre comercio que permitan internar al país precios de insumos, productos, valor agregado, de manera de profundizar no solo la inserción al mundo, sino de blindar nuestro sistema de reglas en razón de no violar lo acordado.

6. Un sindicalismo con reglas. En este tema, en realidad, no sabemos mucho acerca de cómo terminó la preocupación de la empresa por evitar los abusos sindicales que padeció Montes del Plata. En cualquier caso, lo que han padecido varios frigoríficos, Conaprole, molinos arroceros, etc. Evidencia una realidad que rompe los ojos, y es que la irritación presente en las relaciones laborales es insostenible. Tenemos un sindicalismo que cree que el salario es una conquista, que su papel es actuar en la lucha de clases, y hay muchos empresarios que frente a esto no están dispuestos, salvo extrema necesidad, a contratar gente.

Lo pretendido por UPM es un clamor unánime. Si queremos crecer, las relaciones laborales no solo deben respetar reglas, no solo deben cumplir con lo sostenido en la OIT, sino que debe conquistarse un ambiente de cooperación y no de conflicto. Para el caso del sector agropecuario —además— hay que lograr que todas las negociaciones laborales empiecen por los sectores de transables, y que lo que en estos se acuerde constituya el techo para otras negociaciones salariales que hoy están fuera de toda consideración de productividad, de competitividad, etc. Un buen TLC como el de Europa, o si se firmara con China o Estados Unidos, ayudaría mucho a volver a disciplinar estos costos.

En definitiva, UPM muestra el camino para todos: estabilidad de reglas, mejor condición tributaria, infraestructura, entes del Estado proveyendo a precios de competencia, incluyendo el combustible, acuerdos comerciales amplios y relaciones laborales razonables; todo esto, conseguido por UPM, debería constituir una objetivo a extender cuando se pueda a todo el sector exportador.

Y una cosa más. Intentar todo esto en un clima que permita incluir gente de la mayor cantidad de pertenencias políticas, para conquistar lo más necesario de todo, que es un clima de entendimiento y de paz cívica que haga posible vivir sin pelear, aunque haya que dejar de lado algunas posiciones.

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