OPINIÓN

A partir de la literatura y la economía

En cualquier país, el problema de la seguridad se puede analizar desde el punto de vista económico.

Estafa con cuidacoches. Foto: AFP
Foto: AFP

A partir de las elecciones de los consumidores, uno de los determinantes de la teoría de la formación de precios, es posible tener respuestas que ayudan en un mundo urbano en el que la mayoría de sus habitantes actúa racionalmente. La microeconomía —la teoría de los precios— es el núcleo de la teoría económica. A partir de ella aparecen numerosas disciplinas con características muy particulares cada una de ellas: macroeconomía, finanzas públicas, economía monetaria, economía internacional y otras por el estilo. Los economistas, como los médicos, se especializan en alguna de ellas. Pero en general, todos parten de ese núcleo que se origina, a su vez, en las elecciones de los consumidores. Esas elecciones, llevadas al mercado correspondiente, generan beneficios y costos para el consumidor.

Crimen y castigo.

En su célebre novela —la del subtítulo—Fiódor Dostoievski incluye entre otras, una reflexión psicológica del personaje central —Raskolnicoff— acosado y temiendo por su libertad tras el asesinato de la anciana usurera, Elena Ivanovna: "Si todo lo hice con pleno conocimiento de causa y no estúpidamente ¿cómo es posible que no haya mirado ni siquiera dentro del monedero para saber qué beneficio me reportaba el asunto?".

Cien años después, en 1968, Gary Becker profesor de Microeconomía de la Universidad de Chicago y Premio Nobel en 1992 —justamente al cumplirse 100 años de la fundación de ese centro de estudios— escribió un ensayo en el Journal of Political Economy en el que elaboró un modelo para ratificar cualquier pregunta similar a la escrita por Dostoievski. El enfoque que emplea en el paper citado —dice Becker—, "deriva del análisis habitual de los economistas sobre la elección de alternativas y supone que una persona comete una ofensa si la utilidad esperada para él excede la utilidad que podría obtener usando su tiempo y sus otros recursos en otras actividades". Y continúa: "…algunas personas se vuelven criminales no porque su motivación básica difiera de las de otras personas sino porque sus beneficios y costos difieren".

Respecto a las motivaciones para delinquir, tanto la novela rusa como el ensayo norteamericano comparten, desde sus distantes enfoques temporales y lugares académicos, una misma idea económica: el análisis costo-beneficio tras las elecciones de cualquier persona. Un análisis que también se utiliza, aunque solo implícita o tangencialmente en momentos de aclarar las razones de las infracciones a la seguridad, que pueden ir desde las leves hasta las más graves.

Toda persona es, en primera o en última instancia, un sujeto económico. Y todo sujeto, salvo la insignificante minoría de los irracionales, toma en cuenta tanto los costos en que incurre como los beneficios que lograría por elecciones que realiza cuando intenta maximizar la función de utilidad que tiene. El resultado de esa función es lo que nos dice al momento de cada elección que realizamos, cuando se ha contribuido más a su maximización o cuando con nuestras elecciones de lo qué hacer no logramos mejorar la situación anterior. Cuando una persona decide delinquir —un "crimen" en su definición más inclusiva—, estima entonces la probabilidad de alcanzar los beneficios que obtendría y el costo —castigo— que por ello tendría. El efecto neto sobre su función de utilidad será negativo o positivo. Si es negativo, seguramente no optará por la comisión del delito. Si es positivo probablemente lo haga.

Es exactamente lo que ocurre con cualquier elección de cualquier individuo. Sea en el manejo de posiciones pecuniarias patrimoniales o en el caso de asociaciones criminales, solo por citar algunas que en cantidad infinita se nos presentan diaria- mente. El análisis costo-beneficio de un delincuente es determinante de su demanda por cometer un delito. El delincuente no siempre conoce el beneficio que le reportará la acción ilegal, pero tiene una idea del costo o del precio que debería tener que pagar por cometer el acto delictivo. Tanto de los costos explícitos —como entre otros los años de reclusión que tendría y los vejámenes a los que se vería sometido tanto desde dentro como desde fuera de la prisión—, como los costos de oportunidad —como el no tener ingresos por otros trabajos que pierde al estar recluido o registrado—. Los citados son solo algunos de los probables costos de delinquir. Puede haber más, y también puede haber más beneficios también que es difícil explicar cómo generan utilidad al infractor.

Aplicabilidad local.

La intuición nos dice que el modelo Dostoievski-Becker (FD-GB) puede ser aplicable en nuestro país. De hecho asistimos ya a su mismo mensaje por un camino inverso: cuando el costo del delito se ha reducido, la cantidad demandada de delito ha trepado. Recientemente parece haber un rebrote similar en calidad pero, aunque probablemente haya que probarlo más acabadamente, de mucho mayor cantidad de delitos ante la declinación del costo por incurrir en ellos. Más allá de las vagas respuestas —siempre las mismas—, que por más que se repiten no erradican las causas de la delincuencia, creo que en nuestro país se debe estudiar más a fondo y con la metodología FD-GB, las razones por las que crece la delincuencia y por las que cada vez la reincidencia es mayor. Si así ocurriera, no solo es posible sino además muy probable que las medidas de mejoramiento de la seguridad pasen por un aumento significativo de los costos explícitos y de oportunidad de la delincuencia.

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