JULIO PREVE FOLLE

Una parálisis previsible

La prensa da cuenta de las dificultades que atraviesa la lechería nacional, que están determinando caídas en la producción y notoriamente en el ingreso de los productores.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Tambos: la lechería cierra un año complicado. Foto: Archivo El País.

Es claro que los tamberos puros, que no combinan con otros rubros, tienen una situación muy difícil. Otro tanto ocurre con cultivos como el de la soja, que presumiblemente también verá reducida su área, tal como viene ocurriendo con el trigo, con una caída muy significativa. La peripecia que viene recorriendo el sector agropecuario puede analizarse en la perspectiva de lo que pasa ahora, con precios que como siempre en los commodities suben y bajan o, como prefiero hacerlo hoy, en una perspectiva más amplia de problemas hasta cierto punto independientes de la situación actual.

Primero una palabra sobre la coyuntura de precios. Es verdad que no alcanzan los valores estelares de hace algunos años, pero mis lectores me deberán creer por un momento que no estamos ni por asomo en precios que podríamos considerar los peores, salvo quizás en trigo, si los comparamos con su propia historia. Por ejemplo un precio de la leche en polvo de 2.696 dólares no se compara con valores de más de 5 mil, pero es mucho mayor que los 1.856 de un año atrás. Estos conceptos valen también en el arroz, la carne vacuna o la soja. En el caso de esta última, quizás más seguida por la prensa, los 360 dólares de la cosecha próxima no serán una maravilla, pero se parecen a otros tantos precios del pasado remoto, y son mejores que los del pasado más reciente. Están lejos por cierto de los 600 dólares que motivaron la famosa circular 125/2008, pero no son desconocidos.

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Producción física.

Ya lo vengo comentando desde hace mucho: que aún en momentos de precios estelares, la producción del agro en su conjunto no creció, y va a completar once años casi sin variaciones demasiado relevantes en su volumen físico, tal como cualquiera lo puede confirmar en las cuentas nacionales del BCU. Esto mismo debió ser siempre un motivo de preocupación y no lo fue, ya que incluso en ese magro desempeño se incorpora el crecimiento de más del doble de la producción física del sector forestal. Obviamente, la causa de este desempeño pobre en volumen, en un contexto de precios rutilantes, hay que buscarlo por el lado de las razones que no han incentivado la inversión, entre las que no me canso de identificar, aún sin considerarlas exclusivas, un ambiente general contrario a hacer negocios, a la libertad de empresa, a poder ganar dinero en paz, a la apertura económica, a la desregulación de los mercados, etc. Es probable que los gobiernos socialistas no puedan convocar desde su lenga lenga solidaria inversiones de riesgo. Y quizás la magra cosecha de crecimiento en volumen físico, pese a la rutilancia de muchos precios haya sido ésa: el clima anti empresa agropecuaria, anti propiedad privada, el aplauso permanente al expolio tributario sin fin, la destrucción de ventajas comparativas a partir de un gasto público desbordado…

Punto final.

Pero ahora la cosa se pone brava porque con estos precios en casi todos los rubros hay países que al revés que nosotros crecen igual. Ocurre en la soja y especialmente, como se ve en la gráfica, en la lechería, el caso más emblemático. En efecto, aun con estos precios, mientras nuestra lechería se cae, no ocurre lo mismo ni en Europa, ni en Estados Unidos ni en Nueva Zelanda. Entonces el problema se debe enfocar en nuestros costos internos que a lo mejor no dan más: el gas oil, la mano de obra, los impuestos, los fletes, las comunicaciones. Si con estos precios otros crecen y aquí no se puede, los costos de responsabilidad nacional tiene la culpa. Y entonces esta estampida a Paraguay pone en evidencia que el modelo de país productivo que promocionaron no da para más. Nunca convocaron inversiones relevantes, agraviaron una y otra vez al emprendedor schumpeteriano, y devastan al país con impuestos para un gasto de espantosa calidad —educación, seguridad, salud, infraestructura— para tener 70 mil empleados públicos más.

¿Cómo se arregla eso? Es muy difícil, porque además se ha reinventado una ética de beneficencia estatal para la absurda igualdad —que no es en sí misma un objetivo social al menos a cualquier precio— y se pretende castigar aun más al esmirriado capital nacional en tanto se desgravan los otros pero pico a pico. Además, en tal grado se ha distorsionado en el agro el papel del Estado, que además de imponer regulaciones que no agregan ningún valor, —trazabilidad, planes de suelos— incrementan en cambio los costos así como las humillaciones de pedir permiso casi que para todo. Con 35 % de presión fiscal y discusiones de más impuestos; con ecuaciones económicas que en varios rubros no cierran aunque los precios no son tan malos; con un "costo país desbordado" y 70 mil empleados públicos más, no solo Paraguay se nutrirá de más uruguayos.

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