ANÁLISIS

La palabra solidaridad para justificar el impuestazo

El mismo presidente Alberto Fernández sostuvo en la campaña electoral que: “a la meritocracia y al individualismo le vamos a imponer la solidaridad”.

Alberto Fernández, presidente de Argentina. Foto: Reuters
Alberto Fernández, presidente de Argentina. Foto: Reuters

Para justificar el impuestazo que está implementando el gobierno, se observa un discurso donde la palabra solidaridad está constantemente a la orden del día: ¿cómo pueden negarse a pagar más impuestos los que están mejor ante una pobreza del 40%?, dato que quedó desactualizado con la rectificación que hizo el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, dependiente directamente del Vaticano.

El mismo presidente Alberto Fernández sostuvo en la campaña electoral que: “a la meritocracia y al individualismo le vamos a imponer la solidaridad”. Es más, el presidente acaba de afirmar: “sé que a los que están mejor les duele que uno les pida más esfuerzo”. En otras palabras, están intentando establecer una situación que haga sentir culpable al que no está en la pobreza. Es decir, la estrategia es esgrimir permanentemente el concepto de solidaridad para que el que se oponga al impuestazo aparezca como un ser poco solidario, cuando en realidad la solidaridad es un acto voluntario con recursos propios. No se es solidario con el bolsillo ajeno.
La realidad es que seguimos siempre con el mismo problema: el estado no ajusta, y ajusta cada vez más al sector privado productivo en nombre de la solidaridad.

El primer dato a tener en cuenta es que en enero de 2012, el total de empleados públicos era equivalente al 42% de los empleados privados en relación de dependencia. En octubre pasado (último dato disponible) esa relación era del 53%. La razón para que aumente la relación de empleados públicos/empleados privados es que, en todo ese período, el empleo público creció el 25,7% y el empleo privado no creció. En realidad creció en un período y luego cayó manteniéndose al mismo nivel que en enero de 2012, o sea que en empleo privado estamos igual que 8 años atrás.

Cabe aclarar que en el período de Cambiemos hubo una reducción del empleo público a nivel nacional, de todas maneras, si uno observa el empleo público dividido en el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial se observan fuertes aumentos en los últimos dos poderes.

En 2017 había 338.623 empleados en el Poder Ejecutivo Nacional, 17.326 en el Poder Legislativo y 34.753 en el Poder Judicial. Obviamente aquí no están computados los empleados de las empresas estatales, organismos descentralizados, universidades públicas, instituciones de la seguridad social, etc., sino el empleo del sector público nacional trepaba a 780.426 empleados en 2017, luego hubo una reducción en 2019. Pero entre 2003 y 2017, el Poder Ejecutivo aumentó su planta de personal el 43,8%, el Poder Legislativo el 72,6% y el Poder Judicial el 46,8%. Todo esto sin contar el empleo en las provincias y municipios.

Con el argumento de la solidaridad en reemplazo de la meritocracia, lo que se hace es desestimular el mérito de la cultura del trabajo, la iniciativa privada y la capacidad de innovación, es decir, desestimular la creación de riqueza y estimular la cultura de la dadiva. No es casualidad que ya haya muchos argentinos radicados en Uruguay y otras partes del mundo buscando algo de paz, un futuro para poder prosperar y buscar un domicilio fiscal nuevo fuera de las garras del estado argentino.

Entre los jóvenes que se van, el cambio de gobierno con incentivos a la radicación en Uruguay que impulsará Lacalle Pou y las empresas que invierten fuera del país, todo parece indicar que si Argentina no cambia de rumbo en forma urgente, el país se quedará con empleados públicos, piqueteros y gente que vive de planes sociales y cada vez menos personas que trabajan y generan riqueza para sostener a los primeros.

En síntesis, este es el primer gobierno peronista que asume sin caja y, sin caja, no puede hacer populismo. La promesa de ponerle plata en el bolsillo a la gente quedó en el aire y lo único que pueden hacer es aplicar un impuestazo. Para poder aplicarlo apelan al discurso de la solidaridad en reemplazo de la meritocracia de manera de hacer sentir culpables a todo aquél que se oponga al impuestazo. Sin embargo, los pocos que trabajan en blanco en el sector privado están tan agobiados de mantener empleados públicos, estructuras políticas, planes sociales, etc. que no parece haber demasiado margen para que la gente acepte mansamente soportar una mayor carga tributaria. Las PYMES y los sectores de ingresos medios están agobiados de tantos impuestos que pagan, que la conflictividad social está a la vista. Sectores sindicales y piqueteros reclaman más plata de un contribuyente que ya no soporta más presión impositiva y, encima, no hay activos para vender y hacerse de caja, ni viento de cola, ni acceso al financiamiento externo.

Perón asumió con las reservas que había heredado de la Segunda Guerra Mundial, cuando Argentina exportaba pero no podía importar nada de los países en conflicto bélico. El gobierno de Cámpora se encontró justo con un aumento del precio de las commodities, lo cual le dio aire un par de años hasta que estalló el rodrigazo. Menem, asumió sin caja y luego de dos años logró hacerla con las privatizaciones y regularizando la deuda para poder acceder al mercado crediticio internacional. Y Kirchner llegó con el auge de la soja y todo el trabajo sucio hecho por Rodriguez Saa, Duhalde y Remes Lenicov. Alberto Fernández asume sin caja alguna en una coalición heterogénea.

Arriesgando pronósticos, esta estrategia política tal vez pueda durar unos meses, pero no es ni el primer paso para poder llegar al fin del mandato con estas medidas. Nuevamente falta un plan económico consistente, por más que el ministro Guzmán haya hablado de consistencia macroeconómica. En las políticas populistas no existe tal consistencia y menos cuando no hay caja.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)