OPINIÓN

Ojos que no ven pero nos interpelan

Considerable revuelo se generó a raíz de una reciente nota en este diario sobre el Hospital de Ojos y la “operación milagro”. 

Foto: El País
Foto: El País

Comencemos con una breve reseña de los hechos relatados. Se señala que en base a un acuerdo del 2007 de nuestro Ministerio de Salud Pública con los Servicios Médicos de la República de Cuba, se implementó un programa en el que más de 90.000 uruguayos fueron operados de cataratas. De este programa participaron sesenta médicos cubanos por períodos de dos años. Nueve de estos médicos se apartaron del régimen isleño y pretendieron radicarse y ejercer en Uruguay. Para ello debieron revalidar sus títulos de oftalmólogos, cosa que no había sido requerida previamente como parte del convenio con Cuba. La reválida consiste en un análisis del programa de estudios de su universidad de origen y una prueba escrita que toma la Cátedra de Oftalmología que funciona en el Hospital de Clínicas de la Universidad de la República. Seis de los nueve que tomaron la evaluación no lograron los mínimos de suficiencia requeridos. Este tema permite diversos focos de análisis y quisiera en esta nota compartir algunos de ellos.

Ex-ante es un término que significa que algo se está considerando antes de un suceso determinado. Ex-post es el término asociado a luego del suceso. Una evaluación ex-ante consiste en la previsión anticipada de las posibles consecuencias de un fenómeno. Una evaluación ex-post pondera lo que efectivamente aconteció.

Antes del 2007, al mirar este convenio Cuba-Uruguay lo único factible era una evaluación ex-ante, doce años después lo que corresponde es hacer una evaluación ex-post. Un indicador de dominio público son las 90.000 operaciones de cataratas que el programa permitió. Este es un número impresionante. Estas intervenciones quirúrgicas son de relativo bajo riesgo, pero no nulo. Una evaluación ex-post requiere saber cuántas intervenciones fueron exitosas y cuántas no lo fueron. No solo eso, requiere comparar la tasa de éxito de este programa con la tasa de éxito en este tipo de intervenciones por fuera del programa (por ejemplo, por parte de oftalmólogos uruguayos o en otros países). No parece adecuado sembrar dudas del convenio en base a criterios ex-ante cuanto se debería contar con evidencia ex-post.

Esta misma línea de análisis se podría aplicar a los nueve médicos que solicitaron ejercer en Uruguay. Si sesenta médicos hicieron 90.000 intervenciones, esto da un promedio de 1.500 intervenciones por médico. ¿Están los médicos en cuestión en el promedio de intervenciones? ¿Cuál fue el resultado de las intervenciones que practicaron? Nuevamente, si hay evidencia ex-post de su desempeño, ello debería de ser considerado por quién los habilita a ejercer.

Y justamente sobre la habilitación es que este caso cuestiona el statu quo imperante. Uruguay no tiene agencia acreditadora de carreras universitarias. En la región somos el único país que carece de una. Las universidades privadas deben presentar sus carreras de grado y postgrado ante el Ministerio de Educación y Cultura que autoriza su funcionamiento, pero la autonomía de la Universidad de la República hace que esta institución no deba presentar sus programas educativos ante autoridad alguna.

Como se dijo al comienzo de la nota, la Cátedra de Oftalmología de la Universidad de la República es la que evalúa la habilitación de los aspirantes recibidos en el extranjero. El que evalúa es el principal formador de recursos humanos en esta área y como tal, es una parte interesada en el resultado de esta evaluación. Un claro conflicto de intereses. En esta misma línea se asocian problemas de barreras a la entrada. En la mayoría de mercados sería inconcebible que quienes actúan como oferentes sean los que decidan sobre la idoneidad de sus eventuales competidores. Sería como pedirle a la patronal de taxis que tome el examen de conducir a los conductores de Uber.

Finalmente, Uruguay no tiene exigencias de formación continua para sus médicos. Una vez recibidos, tienen derecho a ejercer y no deben revalidar sus conocimientos en forma periódica.
Aquí surge una nueva duda, digamos 10 años luego de recibidos ¿qué resultado obtendrían los oftalmólogos uruguayos si tuvieran que tomar la prueba a la que fueron sometidos los médicos cubanos? No es un tema de justicia hacia los cubanos, sino de evaluación de idoneidad de los uruguayos.

En resumen, en esta nota no pretendo defender a seis médicos que reprobaron una prueba de reválida. Procuro hacer notar que si existen resultados revelados, esto debería de ser de primer orden de consideración tanto para ponderar el convenio como para habilitar a médicos.

También, que hay fuertes problemas de incentivos en la forma en que esto se decide y que esto afecta a los servicios con los que la población finalmente cuenta. Se requiere un sistema independiente de acreditación de carreras y al que deban presentarse todas las instituciones universitarias sin discriminaciones y se necesita, para las carreras que requieren habilitación para su ejercicio profesional, que esta no sea otorgada por una parte interesada.

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