OPINIÓN

La odisea argentina por el dólar

En plena cuarentena y en tiempos donde la cantidad de contagiados empieza a tomar mayor velocidad, la situación económica es el otro lado de la moneda de la pandemia.

Foto: El País
Foto: El País

La recesión económica, el aumento del desempleo y la inflación ponen en alerta a todos los ciudadanos.

Pero en medio de la incertidumbre económica y el trasfondo social, entra en juego uno de los jugadores principales de la economía argentina: el dólar. Aclamado por muchos, es el activo que se lleva todas las miradas de las noticias y también es el “bien” más escaso. La inflación promedio argentina de los últimos 5 años se ubicó en el 40% anual y, dado el repudio que se genera en el país por el peso argentino, la población se vuelca en el billete verde como refugio de valor para que sus ahorros no pierdan poder adquisitivo.

Fue tal la obsesión argentina por el dólar, que el Estado en el último año impuso una serie de restricciones para la compra y atesoramiento de divisas. El cupo máximo para comprar dólares es de USD 200 mensuales. Ese dólar que se puede comprar incluye un impuesto del 30% debido a la ley de Solidaridad social para el atesoramiento de dólares y la compra de servicios vinculados a turismo en el exterior.

A partir de eso es que surgió la brecha del 80% entre el dólar oficial con el dólar blue (informal) y también con el dólar de contado con liquidación y MEP (o dólar Bolsa). Estos dos últimos son los que se consiguen mediante la compra y venta de bonos y acciones que cotizan tanto en pesos como en moneda extranjera, a nivel local y en el extranjero. Hay que recordar que, dada la masividad de compras de dólares a través de la bolsa, se instrumentó un “parking” de cinco días a las operaciones con dólares bursátiles, es decir que de adquirirse dólares mediante la compra con pesos de un bono o una acción (y luego venderlo a cambio de dólares), deberá retenerse el activo entre la compra y la venta, lo que suma volatilidad en el mercado.

Estos controles cambiarios se realizan para evitar la pérdida de reservas del Banco Central y que no se sigan fugando los pocos dólares que quedan. En términos generales, las reservas netas del BCRA son de menos de US$ 10.000 millones, el monto más bajo desde 2016. Además, estas medidas de control se aplican para evitar una mayor presión sobre el tipo de cambio oficial, dado que indudablemente una devaluación generará un efecto pass through con un impacto en los precios.

También para las empresas hay restricciones, ya que las que tengan dólares fuera del país deberán utilizar esos fondos para hacer frente al pago de sus compromisos en el exterior. Hace tiempo que las empresas no pueden comprar dólares para atesoramiento y sólo accedían a divisas para el pago de importaciones, giro de regalías o pago de deudas en moneda extranjera.

Ahora, las empresas que cuenten con activos líquidos originados en la formación de activos externos deberán disponer primeramente de esos recursos para el pago de obligaciones con el exterior.

Teniendo en cuenta que el campo es el sector que más dólares brinda a la economía, el gobierno expropió a la cerealera Vicentin para poder tener algún tipo de injerencia en el mercado de cambios y de granos argentino y de esa forma generar mayores dólares. Otro ejemplo de que el origen de la problemática argentina vuelve a ser el mismo: el control del dólar. Así, el Estado busca tener una dirección estratégica activa para direccionar las fuentes y usos de divisas. Igualmente vale aclarar que la empresa citada representa solo el 10% del mercado de granos.

En términos macroeconómicos, el tipo de cambio va camino a atrasarse nuevamente y eso aumenta las expectativas de devaluación. Pero el gobierno no quiere que el dólar se dispare por lo menos hasta que se resuelva el problema de la deuda.

El Índice de Tipo de Cambio Real (ITCR) multilateral indica qué tan caro (apreciado) o barato (depreciado) está el peso argentino en relación con otras monedas. En enero del 2019 este indicador se encontraba en 116 y un año y medio después, se mantiene en promedio en el mismo valor. Si lo comparamos con septiembre del 2019 que estaba en 130, el tipo de cambio se apreció en términos reales, como podemos observar en la gráfica que acompaña esta nota.

La estabilidad cambiaria será el gran desafío argentino para el próximo semestre. La desaceleración de la inflación, que en mayo marcó el 1,5% es transitoria, y se pronostica un dólar más devaluado y mayor presión sobre los precios en la segunda mitad del año. Los bancos internacionales como Citigroup y HSBC pronostican un dólar por arriba de los 100 pesos para diciembre del 2020. Mientras tanto, el gobierno continúa con el crawling peg, una devaluación progresiva y controlada de la moneda por el Banco Central, como forma de generar una cotización predeterminada. Además, para los exportadores, que son la gran caja de dólares del país, el atraso cambiario junto con el aumento de retenciones genera un gran desincentivo para liquidar las divisas y podría ser un factor de presión para que se devalúe la moneda.

Por otra parte, en cuanto al comercio exterior, en abril las exportaciones se contrajeron -18% y las importaciones -30% en relación con el mismo año del año anterior. La generación de dólares genuino en Argentina se compone en un 42% de manufacturas de origen agropecuarios y 36% de productos primarios. El resto está relacionado con la industria y energía. Por ende, la dependencia con el campo es alta. Sumado a eso, si se tiene en cuenta que el 80% de las importaciones, según la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), son destinadas para la industria y la producción, las trabas al comercio exterior, sumado a la contracción de la actividad económica, ponen en jaque la producción nacional.

En el mercado hay temor porque dada la sostenida emisión de pesos (la mayor en 30 años) para atender las necesidades de gasto público relacionadas con la pandemia, esto se traslade a precios. Actualmente la inflación está contenida por las tarifas congeladas de servicios públicos y la menor velocidad de circulación del dinero por parte del público dada la situación de cuarentena.

Según estimaciones de la OCDE, la caída del PIB argentino se ubicaría en 8,2%. Asimismo, veremos un aumento del desempleo y una contracción del consumo familiar. Mientras tanto, Argentina sigue en su terremoto interno para lograr un acuerdo con los bonistas, junto con un desequilibrio fiscal que llegaría a -5% del PIB y como no podía faltar, la odisea argentina por contener al dólar vuelve a estar en primera plana.

(*) Columnista invitado. Analista en Ámbito Financiero de Argentina.

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