Carlos Steneri - Economista

Un nuevo paradigma de crecimiento

En menos de una década, los países emergentes dejaron de ser los motores del crecimiento mundial para convertirse en su freno. Los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) presentados no hacen tanto como heraldos de un paradigma nuevo del crecimiento mundial, hoy muestran debilidad en su crecimiento, incluyendo algunos en franca recesión.

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Solamente faltó Tabaré Vázquez, que regresó antes a Montevideo. Foto: Reuters.

A ese núcleo se suman la mayoría de los países de nuestra región, cada cual con su impronta pero todos con un denominador común: la mayoría converge a sus ritmos de crecimiento históricos que son notoriamente insuficientes para colmar las aspiraciones de una enorme clase media naciente, enancada en el súper ciclo de las materias primas que acaba de fenecer. En ello se incluye la consolidación y profundización de los logros obtenidos en materia social.

Con el paso del tiempo, se ha consensuado que el impacto positivo de la irrupción de China llegó a su techo. De ahora en más, lo esperable es la consolidación de su peripecia de crecimiento a ritmos menores mutando su fuente de sustentación hacia el consumo de los hogares y menos en la inversión. También reabsorber burbujas dentro de un sector financiero plagado de excesos y complicado con la presencia de actividad bancaria sin regular (shadow banking). Implica cambios drásticos que llevan su tiempo, y resolver desafíos importantes generadores potenciales de inestabilidad.

Corea, junto a la mayoría de la periferia asiática emergente, han sido impactados como lo muestra la caída drástica de sus exportaciones hacia China —su principal cliente— junto a la devaluación sustancial de sus monedas y caída del nivel de actividad por debajo del 2%. En esa misma línea se encuentra Japón, que no logra salir de su letargo a pesar de los estímulos monetarios y el drástico debilitamiento del yen.

Por último Europa, con síntomas similares va enjugando sus problemas sin una salida a la vista que prometa recuperar el crecimiento.

En definitiva, todos buscan recuperar lo que se esfumó en corto tiempo intentando exportar más cuando el comercio mundial se contrae, el precio de los bienes transados internacionalmente decae y el financiamiento externo para en sus varias modalidades se restringe.

Nosotros.

La región y nuestro país se encuentran en el mismo laberinto. Podría decirse que nos afectó un relámpago que, pasado su fogonazo, nos encuentra casi en el mismo punto de partida desde el punto de vista de la capacidad y potencialidad de nuestra estructura económica para generar crecimiento sustentable. Con la diferencia que ese episodio implicó despertar expectativas sociales a través de la creación de una clase media incipiente y la mejora de indicadores sociales de pobreza.

Y lo más notable es que muchos aun no han despertado del aturdimiento creyendo que se llegó a un sendero nuevo de crecimiento que sólo requiere retoques pequeños.

Un análisis objetivo de lo acontecido muestra que la bonanza externa que se está apagando fue coincidente con la irrupción de gobiernos de centro izquierda, que por un hecho propio de la condición humana entendieron que los resultados favorables eran casi exclusivamente de su autoría, cuando en realidad se estaba navegando una bonanza inédita.

Una semblanza de lo que pasó y en dónde estamos muestra varios aspectos. La base de partida fue legitimar el cumplimiento irrestricto de la consolidación macro, acompañado del combate a la inflación.

La aparición de desvíos no implica desconocer que el tema se encuentra ahora en el centro del debate, hecho impensado décadas atrás cuando esos objetivos eran indilgados a la ortodoxia de génesis derechista. Con luces y sombras, se apostó a un modelo exportador que supo aprovechar la bonanza de precios y en algunos casos modernizarse incentivado por las nuevas oportunidades.

Pero no fue suficiente para insuflar del mismo espíritu al resto de la sociedad, incluido el gobierno, pues en nuestro caso nos va la vida en todo lo que haga factible aumentar la productividad y el mejoramiento del acceso a los mercados de bienes y servicios. Con nuestro tamaño, es imposible sustentar crecimiento robusto exclusivamente en base al mercado doméstico. Y en esa encrucijada, que trasciende el signo ideológico del gobierno de turno, es que hoy nos encontramos desnorteados.

Un ejemplo es el episodio reciente del rechazo a participar en las negociaciones del TISA, más preocupante por el mensaje que por las consecuencias prácticas, tampoco menores.

Es la muestra de que una parcela de nuestra sociedad, minoritaria en votos pero potente en lo político, está imbuida de un sentimiento de insularidad peligroso. Al respecto se han oído todo tipo de argumentos, la mayoría sin asidero y más cuando provienen de la propia UdelaR, que debiera ser vanguardia para ayudar a proyectarnos en un mundo externo al cual necesariamente debemos insertarnos. Eso no implica aceptar todo, pero menos adoptar la actitud de la avestruz.

Algo similar ocurrió con nuestro rezago en profundizar la inserción externa. Varias veces estuvimos cerca pero no dimos el paso. En otras dimos la espalda sabidamente, en base a una estrategia equivocada. Hoy corremos buscando recuperar el tiempo perdido, en un escenario comercial global donde cada punto de preferencia arancelaria juega. De todos modos, es preferible tarde que nunca.

Por último, nuestra educación y por ende el sistema de enseñanza como su instrumento preferente, debe formar ciudadanos con valores que apunten a que nuestra sociedad será exitosa si se prepara para participar activamente en mundo complejo pero cargado de oportunidades. Así lo hacen naciones pequeñas pero prósperas como Holanda.

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