OPINIÓN

Nueva Zelanda y nuestras reformas

Aprendizajes relevantes para los desafíos que tiene por delante Uruguay.

Foto: Pixabay
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Desde hace décadas, diversos actores presentan a Nueva Zelanda como un espejo en el que mirarse. Tenemos varias características similares, tanto geográficas como demográficas y económicas. Sin embargo, el nivel de desarrollo alcanzado por los neozelandeses es ampliamente superior al nuestro.

Cuando comparamos el lugar que los dos países ocupan en los indicadores internacionales de institucionalidad política y económica, nos encontramos con una conclusión muy clara. En indicadores de calidad institucional y democrática, ambos países están muy bien posicionados (índices de democracia, separación de poderes, libertad de expresión, etc.); sin embargo, en aquellos que analizan la economía, sistemáticamente Nueva Zelanda aparece al tope y Uruguay por la mitad de la tabla.

Nueva Zelanda ocupa ya desde hace muchos años los primeros lugares en índices de libertad económica globales como el de la Heritage Foundation y del Fraser Institute, al mismo tiempo también rankea en el primer lugar en el índice global Doing Business; también lo encontramos dentro de las posiciones más altas del índice de competitividad global del Foro Económico Mundial. Resulta difícil ignorar estos resultados, sistemáticamente muy superiores a los nuestros. Más allá de críticas y diferencias con algunos de estos índices, parece claro que contienen alguna pista relevante sobre el camino al desarrollo.

Estos resultados no siempre han sido así; Nueva Zelanda supo ser una economía excesivamente regulada, con elevado déficit fiscal, inflación de 2 dígitos y estancamiento generalizado. Sin embargo, durante la década de los ´80 y bajo el gobierno del Partido Laborista, el país insular se embarcó en una serie de reformas de liberalización económica y modernización del Estado que provocaron su despegue económico. Algunas de ellas, creemos, contienen aprendizajes muy relevantes para los desafíos que hoy enfrenta Uruguay.

En materia de reformas microeconómicas fue muy importante lo realizado. Principalmente se estableció un marco regulatorio que promoviera la competencia en todos los mercados posibles. También se eliminaron muchos controles de precios y de salarios. En el sistema financiero se llevó adelante una liberalización, eliminando controles a las tasas de interés.

En cuanto a las empresas públicas, un tema más que actual y relevante para nuestro país, también hubo cambios significativos. Hacia 1984, en Nueva Zelanda había relevantes empresas estatales que eran conocidas por ser usadas repetidamente para fines políticos y estar alejadas de criterios empresariales en su administración. En 1986 se aprueba la ‘State-Owned Enterprises Act’. Además de promover la competencia en donde fuera posible, se modificó el gobierno corporativo apuntando a que funcionaran con lógicas mucho más similares a las empresas privadas. Podrían buscar financiamiento en el mercado de capitales y el Estado no las asistiría en caso de que entraran en quiebra.

También hubo una modernización importante del Estado que tenía un peso elevado del entorno del 40% del PIB con déficits fiscales anuales cercanos al 6%. Se creó la figura del ‘gerente público’ encargado de la dirección de cada departamento ministerial. Los gerentes públicos tienen una elevada discrecionalidad en la ejecución presupuestal así como en el manejo de los recursos humanos, pudiendo llegar a despedir trabajadores estatales. Su sueldo depende en parte de los resultados obtenidos por su departamento. El jerarca político es quién delinea los objetivos generales.

También hubo reformas macro muy relevantes, como por ejemplo en materia de inserción internacional. El ingreso del Reino Unido a la Comunidad Europea había perjudicado mucho las exportaciones neozelandesas. Se inició decididamente un proceso de apertura comercial que estuvo basado en dos pilares: una apertura unilateral (reducción de aranceles y eliminación de licencias de importación) y por otro lado la búsqueda de mercados de exportación a través de la firma de tratados de libre comercio. En la actualidad, más del 70% de las exportaciones de Nueva Zelanda ingresan a mercados con algún tipo de preferencia.

En suma, Nueva Zelanda logró en algunos años reformas económicas que le permitieron destrabar problemas estructurales y dar un salto al desarrollo. Las ganancias de productividad en el sector público y privado tuvieron un impacto positivo en la sociedad toda. Diversos índices internacionales sistemáticamente muestran grandes diferencias en temas económicos en los que nuestro “primo lejano oceánico” logró avanzar con decisión.

Podemos seguir haciéndonos los distraídos y buscando excusas para no abordar los temas de fondo. O podemos, sin copiar y pegar, aprender de las mejores experiencias y construir nuestro camino.

(*) Director Ejecutivo, en coautoría con Ramiro Correa, investigador asociado al Centro de Estudios para el Desarrollo (CED).

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