TEMA DE ANÁLISIS

Ante una nueva etapa para los déficit gemelos

El saldo en cuenta corriente pasó de positivo a negativo, con un deterioro de 1,4% del PIB.

Tecnológicas. Booking, Amazon y Google están en el podio de las compañías que más rápido llegaron a facturar ese monto.
Foto: Archivo El País

Las transacciones de la economía con el resto del mundo fueron cambiando en el correr del año 2018, pasando de un superávit en cuenta corriente a un déficit que tiene mucho que ver con el agravamiento de la gestión fiscal.

La contracara de este déficit es la entrada de capitales que se observó en el período como consecuencia del endeudamiento del sector público. Otra de las características salientes dentro de lo que son las operaciones corrientes con el exterior es el aumento de los pagos al exterior por intereses y dividendos de las inversiones de extranjeros en el país.

El saldo en cuenta corriente fue negativo en US$ -342 millones lo que representa un déficit del orden del 0,6% del PIB, que contrasta con el superávit de 0,8% del PIB observado un año atrás. Este deterioro de 1,4 puntos porcentuales en tan solo doce meses se ilustra en el gráfico superior del cuadro adjunto. En la misma ilustración queda claro que la coyuntura actual todavía se encuentra distante del déficit observado entre 2012 y 2014. Pero la tendencia es clara y tenderá a agravarse mientras la situación fiscal no mejore y la privada empeore en un contexto de estancamiento de la economía.

La comparativa del déficit del pasado en el orden de US$ 2.000 millones, con el actual de US$ 342 millones, permite obtener una idea de la magnitud del ajuste al que se sometió el sector privado desde finales del año 2014. De acuerdo a las estimaciones del BCU, el sector privado tuvo un superávit de 2,8% del PIB en 2018, cuando a finales del 2014 estaba casi en equilibrio. Este ajuste tiene componentes de menor consumo, pero también está pautado por un menor nivel de inversión, con lo que preocupa de cara a las posibilidades de crecimiento en el futuro.

La cuenta corriente pasó de superávit a déficit porque el saldo de la comercialización de bienes y servicios no fue tan positivo como en el año anterior y porque se incrementó el volumen de los pagos al exterior de intereses y dividendos.

El saldo del comercio de bienes tradicional no fue tan bueno como en el año anterior, principalmente por el aumento en el precio del petróleo. Pasa de US$ 1.392 millones a US$ 892 millones en un año. El superávit más magro es más que compensado por los ingresos por el resultado de las operaciones de compraventa. En el gráfico de la izquierda de la zona media del cuadro se observa que luego de que el saldo de comercio de bienes y operaciones de compraventa se mostrara estancado por tres años, en 2018 hay una mejora.

En el caso del comercio de servicios hay un deterioro leve, pero que pauta el signo observado en la evolución. Las exportaciones de servicios bajaron levemente y aumentaron las importaciones de servicios, con lo que el saldo se redujo pasando de US$ 1.498 millones a US$ 1.183 millones en un año. En el gráfico adjunto se ve que el resultado obtenido en 2017 fue extraordinariamente alto y eso ocurrió al impulso de una excelente temporada turística en cuanto a visitantes argentinos. El año pasado no hubo una temporada de verano mala, pero los problemas económicos del vecino se fueron sintiendo a partir del segundo trimestre.

Con la evolución vista en el primer trimestre del 2019, es difícil esperar grandes cambios en la evolución que el saldo de cuenta corriente está teniendo hacia posiciones más deficitarias. La temporada turística de verano, este año, generó en el orden del 70% de los ingresos del año anterior, aunque tendrá a partir del segundo trimestre del año una compensación en las exportaciones de bienes con la mejor cosecha de soja.

Pero todo el esfuerzo por lograr más exportaciones que importaciones de bienes y servicios, solo compensa en parte el déficit que tiene el país en el pago de compensaciones al capital extranjero que invierte o le presta a nuestro país. La posición de inversión internacional neta es la diferencia entre los activos que tienen los residentes en el resto del mundo menos los pasivos que tenemos con los no residentes. En el cierre del 2018 esa posición era negativa en US$ -15.475 millones.

Con esta posición negativa es lógico que los pagos al exterior de intereses y dividendos superen los ingresos. Estas partidas aparecen en la cuenta corriente bajo la partida denominada ingresos primarios, cuyo saldo se ilustra en el gráfico de la derecha en la zona media del cuadro. El saldo en 2018 fue negativo en US$ -4.124 millones, recuperando espacio respecto a los valores observados en los tres años previos. Este resultado es fruto de un ingreso anual por US$ 1.652 millones y egresos por US$ 5.776 millones.

Una parte de estos egresos corresponde a las utilidades de las empresas extranjeras propietarias de inversión directa en el país, que de acuerdo a las cuentas del BCU totalizan US$ 50.160 millones. A diferencia de los intereses que el país deudor debe pagar en tiempos de bonanza y de crisis, las utilidades solo generan salidas de divisas si las empresas extranjeras radicadas en el país las generan. Otra diferencia es que si las empresas son rentables, por lo general, reinvierten parte de sus utilidades. Este último movimiento lleva a que en los renglones de las cuentas financieras se registre el ingreso de capitales para inversión extranjera directa.

En el gráfico inferior del cuadro adjunto se ilustra la evolución de las dos principales fuentes de financiamiento de los saldos en cuenta corriente: la inversión directa neta de los extranjeros y la inversión de activos financieros, también denominada inversión en cartera o portafolio. Al ser una magnitud neta, los valores negativos reflejan el ingreso de fondos al país y los positivos una salida.

El análisis de esta cifra suele tener una complejidad adicional. La salida de capitales se puede dar porque aumentan los activos de uruguayos en el exterior (salen dólares para comprar el bono o la empresa en el exterior) o porque se reduce un pasivo con no residentes (salen dólares para pagar la deuda).

En el caso de la inversión directa, hasta el año 2014 se observó un ingreso de capitales muy interesante que se comenzó a revertir por diversas razones. Una de ellas el clima de negocios en el mundo, otra el fuerte encarecimiento en dólares de nuestro país y la baja rentabilidad de la actividad empresarial local.

La inversión en cartera muestra también oscilaciones de signo. El período entre mediados del 2015 y mediados del 2017 se caracterizó por una reducción en la deuda externa del país. Al cierre del 2014, la deuda pública en poder de no residentes se ubicaba en el orden de US$ 18.000 millones y a mediados del 2017 había bajado aproximadamente US$ 2.000 millones. Luego, con el déficit creciente y con otra realidad en los mercados de capitales internacionales, volvió a aumentar.

Al cierre del 2018 estamos nuevamente en US$ 18.400 millones, con mayor concentración en el gobierno central y menos en el BCU.

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