JULIO PREVE FOLLE

Negociaciones de fin de año

No va a ser recordada por su brillo la política internacional del país del gobierno socialista. En efecto, en estos últimos once años se han acumulado contradicciones, expresiones oficiales modificadas por el partido de gobierno, aproximaciones y distanciamientos con diferentes países, visiones contradictorias sobre el Mercosur, sobre los acuerdos con Estados Unidos, sobre los TLC con China o con el Pacífico, sobre lo político y lo jurídico, etc.

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Rodolfo Nin Novoa. Foto: A. Colmegna

Todo ha sido bastante modesto y el Uruguay, como señala Sergio Abreu, viene perdiendo la consistencia intertemporal de su política exterior. Esto es esencial para un país tan chico: una política internacional de Estado, capaz de prestigiar al país por su profesionalidad, coherencia, consistencia, por el respeto absoluto por el derecho, por el apoyo multipartidario, etc. Nada de eso se recordará desde la conducción inicial de Gargano hasta el presente.

Inconsistencias.

Con Estados Unidos nadie olvidará los papelones de pasar desde querer aprovechar el tren que pasa una sola vez, a la reculada impuesta desde algunos sectores del partido de gobierno. Ésta reculada se reiteró más tarde con el TIFA, tímido intento de empezar algo, ahora definitivamente enterrado. De esta manera, congeladas lamentablemente nuevas negociaciones con Estados Unidos, los países que tienen TLC con este país nos sacarán más ventaja, como le pesará a la carne, la lana o los cítricos, a partir de las posiciones actuales de, por ejemplo, Australia, Chile, Perú o Colombia.

Con el Mercosur la inconsistencia ha sido mayor. Arrancamos con el "más y mejor Mercosur" de Gargano y su época, del humillante "ir en el estribo de Brasil" de Mujica, a esta posición actual también imposible, de querer firmar un TLC con China o cualquiera, sin el acuerdo de Argentina y Brasil.

El recuerdo se hace más triste cuando nuestro país, abanderado histórico de la fuerza del derecho, resolvió en palabras inolvidables de Mujica priorizar lo político sobre lo jurídico para franquear el acceso de Venezuela al Mercosur sin compromisos comerciales, y posibilitar una suspensión de Paraguay, humillante para los que la votaron. Por cierto ahora tenemos dificultades con Venezuela, que es tratada de otro modo.

En materia de acuerdos de libre comercio que han contado con el esfuerzo, lamentablemente hasta ahora ineficaz del Ministro Nin, hemos ido de un lado para el otro sorprendiendo siempre. Cuando alguna vez, como en el caso de Estados Unidos, el gobierno quiso avanzar, bastó que el Frente Amplio determinara que esto complicaba la relación de "compañeros" con los gobiernos de Argentina y Brasil, para que todo se volviera para atrás. Más cerca en el tiempo, ante la posibilidad de acordar con Chile o con China, el propio Pit Cnt, ya se ha encargado de ir bloqueando antes de empezar cualquier iniciativa, invocando alguna vez a los tamberos (sic), otras a la construcción, otras a los monopolios del Estado, etc. Es muy poco probable que el gobierno uruguayo, con esta influencia, pueda alcanzar un acuerdo comercial con ningún país que nos pueda vender medio kilo de cualquier cosa. Y por supuesto la posibilidad es nula con China, porque nadie puede imaginar que el Pit Cnt no se oponga al ingreso de productos chinos con algún margen de preferencia.

Decisión nacional.

No hay tratado de libre comercio que pueda ser aceptado por los sectores que explican por qué somos caros. En realidad hay quienes creen que un TLC es para vender o buscar inversores, pero olvidan que es también una oportunidad para comprar, y más para un país caro. En efecto comprar en Chile, Estados Unidos o China, debería someter al trabajo uruguayo a la prueba dolorosa de la competencia; allí se producirían ajustes duros para dejar al país en condiciones de competir, pero se afectarían corporaciones que ya está en contra. Lo anterior quiere significar que las dificultades mayores para firmar tratados no están afuera, en nuestro estatuto de socios del Mercosur; están adentro, en la falta de determinación o de peso político de los miembros del gobierno que quieren avanzar, frente a las corporaciones que quieren trabar.

Es obvio que desde el punto de vista jurídico, cuando se es miembro de una unión aduanera con su arancel externo común, no se puede negociar un acuerdo de libre comercio sin romper la unión aduanera. Y es obvio que la solución no está en afirmar como lo hizo el gobierno que, como los demás países incumplen, Uruguay puede negociar solo. No es así. Primero el país debe negociar con sus socios —si de verdad quiere un TLC— un estatuto aceptable para ellos, como lo insinuó Macri. Después, solo después, se podrá firmar algún acuerdo si la voluntad doméstica existiera. Sin esa negociación previa no me imagino a China o a nadie firmando un TLC con Uruguay, si supiera que eso contraría a Brasil o Argentina. Es sencillamente imposible, a menos que se rompiera con los socios, lo que nadie desea.

De manera que lo que viene es difícil para el gobierno, si de verdad desea como yo creo que lo quiere Nin, avanzar en acuerdos que no nos dejen fuera del Pacífico, de países importantes, solo con el Mercosur, México, Cuba y Venezuela. Deberá negociar con enorme profesionalidad y primero que nada un estatuto especial acordado en el Mercosur. Pero simultáneamente y mucho más importante, deberá sumar voluntades en el partido de gobierno y su soporte corporativo, ya que de lo contrario no habrá nada que hacer.

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