OPINIÓN

Un mundo inundado de cortoplacismo

Las élites políticas parecen no encontrar derroteros de largo plazo, sino que actúan por reacción, confundiendo los obstáculos transitorios con los permanentes.

Foto: Getty Images
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Superada la catástrofe de la pandemia, el mundo se presenta cargado de desafíos y también de incógnitas, que impiden delinear qué rumbo tomará. Pareciera ser que sus élites políticas aún no han encontrado derroteros de largo plazo, sino que actúan por reacción, confundiendo los obstáculos transitorios con los permanentes.

Un primer ejemplo de estos días, es la reacción del gobierno argentino ante el resultado eleccionario reciente, festejando como triunfo una derrota por menos de lo esperado; ello sintetiza esa preferencia por el cortoplacismo de fabricar una ganancia política efímera, mientras posterga entrarle a fondo a la resolución de los problemas que aquejan a la sociedad argentina.

Aunque de especie diferente e impacto menor , podría decirse lo mismo de la decisión unilateral de Brasil de hacer una rebaja temporal del arancel externo común al que lo obliga el Mercosur, justificado por razones sanitarias debidas a la pandemia.

Las razones por detrás de la medida pueden ser muchas. Una, aplacar la inflación creciente, lo cual tiene gancho electoral, pero que en la práctica es inefectivo. Otra, una demostración de fuerza de que puede actuar unilateralmente sin temor a represalias dentro del Mercosur, a lo cual se le puede sumar que para muchos abrió el camino para que otros países miembros actúen de manera similar. Pero lo real es que vista la significativa lista de excepciones, lo que en realidad puede estar ocurriendo es que se aumenta la protección efectiva de los sectores intocados por la medida. En otras palabras, aumento del proteccionismo en sectores considerados estratégicos.

Para Uruguay, ambos episodios son contraproducentes tanto para el manejo de su política económica como en la optimización de su inserción comercial con el resto del mundo. En lo primero, pues implica convivir con una país tan cercano como Argentina con crisis de balanza de pagos endémicas que se traducen en un shock negativo cuasi permanente. Sobre lo segundo, implica no conocer la verdadera postura de Brasil respecto a su estrategia de inserción comercial global, y en particular la que respecta al Mercosur. Pareciera que hubiera dos versiones: la aperturista del Ministro Guedes, y la proteccionista encaramada en Itamaraty, que puede oscilar, respondiendo a las necesidades electorales de turno.

Puede decirse que esta incertidumbre abre espacios que sirven a los propósitos de nuestra política comercial externa. Pero los avances en el mejor de los casos son lentos, como lo ejemplifica nuestro último paso significativo que fue el Tratado de libre comercio con México, que ya tiene casi dos décadas de aprobado.

Pero, esta realidad surcada de incertidumbres y cortoplacismo, no es patrimonio exclusivo de nuestra región.

Para empezar, una de las dificultades actuales en el mundo desarrollado es detectar si el empuje inflacionario récord en Estados Unidos, Reino Unido y Francia es de índole temporal por estrecheces en la oferta de bienes y suba del precio de la energía, o si responde a cuestiones de carácter sistémico resultantes de la excesiva liquidez imperante por las políticas monetarias expansivas aplicadas. Si esto último es la causa, habrá una reversión de la expansión monetaria que necesariamente aumentará la tasa de interés, lo que motivará la contracción de los flujos de capital hacia los países emergentes y presionará a la baja los precios en dólares de las materias primas y alimentos. De todos modos, no hay certezas suficientes de que se haya entrado en esta etapa, pues todavía existen elementos que operan en sentido opuesto.

El presidente Biden, con su firma, acaba de convertir en ley un paquete fiscal extraordinario de 1.8 billones de dólares que neutraliza la eventual contracción monetaria que llevará adelante la Reserva Federal para contener la inflación. Por su lado, el Reino Unido hasta el momento no actuó con decisión en materia antiinflacionaria, al priorizar como objetivo el crecimiento que aún considera muy incipiente. Y es esperable que Francia siga por el mismo camino .

Al mismo tiempo, se proponen políticas que tienen tintes de proteccionismo solapado y también motivaciones electorales.

Como ejemplo, basta la propuesta del presidente de Estados Unidos de otorgar un subsidio de 8.000 dólares a quienes compren autos eléctricos producidos en ese país, más un adicional de 4.500 dólares si provienen de fábricas cuyos trabajadores están agremiados.

Lo primero es equivalente a un arancel que viola acuerdos comerciales vigentes, particularmente el acordado con México y Canadá. Todo tiene aroma a una mezcla de compromisos electorales en áreas fabriles donde el Partido Demócrata es fuerte y presiones desde del ala más radical del partido buscando fortalecer al gremio automotor. De prosperar, la idea de usar fondos públicos para potenciar la presencia de corporaciones independientemente de sus fines, degrada la calidad de la democracia.

Algunos podrán justificarlo diciendo que se usaron fondos públicos para el salvataje del sistema financiero. Pero son cosas distintas, pues en este caso se trataba de evitar un colapso que arrastraba al resto de la economía, inclusive a los trabajadores.

Sin objetivos claros y políticas a veces contradictorias, el mundo se encamina hacia una realidad donde reinará el oportunismo en la toma de decisiones en temas importantes para el crecimiento sostenible. En apenas dos décadas, se derrumbó una institucionalidad internacional, que aún imperfecta, suponía un rumbo que daba referencias y que es necesario recrear para el bien de todos. Su carencia es una carga adicional para los países en desarrollo, en particular los pequeños como Uruguay.

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