ENTREVISTA

Es el momento de agregar mayor valor industrial en el sector forestal

A diez años del lanzamiento del primer fideicomiso Bosques del Uruguay, los rendimientos están dentro de lo esperado y las ventas de madera de calidad superan las previsiones. 

Ing. Agr. Francisco Bonino - CEO de AG y Vicepresidente de la Sociedad de Productores Forestales
Ing. Agr. Francisco Bonino - CEO de Agro Empresa Forestal y vicepresidente de la Sociedad de Productores Forestales

Pasó una década desde el lanzamiento del primero de los cuatro fideicomisos financieros vinculados a la producción forestal (Bosques del Uruguay) que puso en marcha Agro Empresa Forestal. Francisco Bonino, CEO de la empresa, tiene la certeza de que se alcanzará la rentabilidad estimada en 2011, cuando se lleva recorrido la mitad del camino. La madera aserrada de calidad que surge de los fondos está siendo colocada a muy buen volumen y precio en el exterior, “y a esta altura de año ya se superaron las proyecciones previstas para todo 2021", destacó. Bonino asegura que “este es el momento” de añadir más valor a la cadena forestal, apostando al desarrollo de una mayor industrialización. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Bosques del Uruguay I se lanzó en 2011, con el objetivo de desarrollar en forma sustentable la plantación de eucaliptus captando recursos a 20 años. ¿Cuál es el balance?

—Fue el primer fideicomiso de oferta pública en el mercado de valores en el país con 100% de certificados de participación. Una iniciativa que implicó un fuerte cambio en los fondos forestales locales, pero también en el uso de este tipo de instrumentos. Generó una alternativa para que los inversores institucionales pudieran ingresar en este tipo de negocios.
Hasta ese momento, los fondos de pensiones del exterior hacía este tipo de negocios y nosotros les proveíamos servicio. Ahí había una oportunidad para hacerlo con capitales uruguayos. Ese fue el inicio de este proceso.

—Seguramente, el comienzo de esa historia tiene algunos años más…

—Fue un proceso complejo y largo hasta llegar a la emisión. Cerca de dos años, primero convenciendo al Banco Central, luego con los inversores, consiguiendo todas las autorizaciones necesarias, hasta que en agosto 2011 se pudo emitir.
Pero, además, se trataba de crear algo que no existía. Convertir tierras que eran ganaderas en forestales y convencer a las partes de las bondades de un negocio a largo plazo. No fue nada fácil. Llevamos a los inversores al campo, mostrándole lo que hacíamos. Aun así, al momento de la emisión no sabíamos qué iba a pasar. De hecho, en las horas previas algunos inversores se bajaron y existía la posibilidad de que el fondo no saliera. Finalmente, a partir de algunos inversores que tenían una propensión mayor a tomar riesgos, como República AFAP, tuvimos éxito. Y después, hubo otros problemas posteriores a la emisión…

—¿Qué ocurrió?

—Estuvimos seis u ocho meses más para que el gobierno nos autorizara a comprar tierras. Trabas que parecían inverosímiles, como que el BPS no podía inscribir el fideicomiso porque nunca había inscripto un instrumento de ese tipo para que fuera propietario de tierras. Hubo muchas cosas que derrumbar, convencer o ayudar a entender. Lo nuevo lleva tiempo en Uruguay

—¿Eso se corrigió en posteriores emisiones?

—En cierto modo se allanó el camino y se generó toda una industria para el sector de los fideicomisos financieros, un sector de mercado que hoy tiene un tamaño muy grande. Solo a nivel sector agrícola forestal, hay más de mil millones de dólares.
Pero la innovación sigue costando trabajo. Hay una movida nueva de promover el mercado de valores en la que tenemos expectativas. Sobre todo para que, por ejemplo, aquello que está listado en el mercado en Uruguay, conecte con otras bolsas el mundo, lo que sería muy bueno para que inversores de todas partes puedan ingresar este tipo de inversiones en el país. Hoy, difícilmente puedan acceder inversores de otras latitudes.

—Tal cual está estructurado y con las tasas de retorno proyectadas, podría ser de interés?

—Sin dudas. Las tasas de retorno que tienen otros países en este tipo de instrumentos, caso Estados unidos, son mucho más bajas, no superan el 4%. A ellos les interesa diversificar por países y colocar en diversos mercados. Si tuviéramos un mercado conectado seguramente despertaría interés.

—El Fideicomiso se lanzó comprometiendo una Tasa de retorno de 8,58% en 21 años. ¿Cuán lejos están de esas tasas?

—Hoy todavía estamos por debajo de esa tasa estimada. Pero la vamos a alcanzar. Son proyectos largos, y queda la mitad del camino. Y la primera etapa de los fondos, más en un proyecto greenfield, siempre es de crecimiento lento. Ahora vendrá un período de flujos más constantes, ya que los bosques van creciendo y comienzan a generar ingresos. Pero si tomamos el promedio de los cuatro fondos que hemos emitido, estamos en las tasas prometidas.

—Son cuatro etapas, en referencia a la emisión de cada uno de los fondos, en 2011-19, donde atravesaron períodos diferentes…

—Es claro que el momento en que sale cada fondo también incide. Entre 2011 y 2015 hubo un proceso de encarecimiento en dólares muy fuerte, lo que requirió un esfuerzo mayor de lo estimado. Pero también hemos tenido otras circunstancias, muy buenas, como la generación de los bonos de carbono, con un mercado que ha crecido mucho en el último año y medio con buena demanda. Esas cosas van generando balances que, al final del período, nos acercan a los retornos proyectados.

—El aprovechamiento de la captura de carbono en los bosques, ¿otorgó mejores ingresos?

—Para que los bonos hoy se generen, en el primer prospecto, el de 2011, este tema tenía que estar incluido. Además de tener los bosques y generar esos bonos, debíamos tener inscripta esa voluntad, si no, no cuenta para venderlo. Fue un aspecto muy novedoso ponerlo en el prospecto en aquel momento, asesorados por gente que conocía de esos instrumentos.

—Fueron 210 mil toneladas en bonos de carbono. ¿Hay posibilidades de ampliar esas emisiones?

—Sí. Representa menos del 10% de lo que tenemos para vender, los montos que proyectamos colocar entre los cuatro fondos serán mucho mayores. Fue la primera a gran escala, pero no será la última ni la más grande.

—¿Impactó esa emisión en los retornos?

—Los certificados de los bonos de carbono recién empiezan, aún no impacta. Fuimos muy conservadores en materia de precio y volumen y los resultados que estamos obteniendo son mejores de lo que esperábamos. Además, está creciendo tanto el precio como la demanda a nivel global por estos bonos de carbono.
Pero la certificación de los bosques y los bonos de carbono son parte de una política ambiental más amplia, que le da valor a la madera. Nuestros compradores en Vietnam o China, valoran el sello con el que llega. Porque al mercado de destino al que ellos exportarán un mueble terminado, les exige ese sello de calidad. Es un intangible relacionado a esa madera que le hace tener un valor diferente a otro que alguien produjo en cualquier lado y sin ningún control. Estos fondos se han especializado en madera aserrable de calidad. Es el producto que buscamos y ese es el diferencial de Uruguay.

—Los volúmenes de producción de madera se han incrementado en este último año…

—Los fondos van a terminar el año vendiendo 90 millones de dólares en madera y 60 millones son de exportaciones. Las proyecciones que se hicieron hace 10 años de cuánta tierra comprar, qué y cómo cultivar, cuánto iba a generar, hoy se transforman en estos resultados, que son los que permiten cumplir con los retornos estimados.
Pero el sector en general está teniendo un desempeño por encima de lo esperado. Este está siendo un año absolutamente récord en volumen y precio, excepto dos sectores que tienen un comportamiento no tan bueno. Las exportaciones de celulosa están creciendo, pero no arrancaron bien, y las exportaciones de chips se habían parado durante la pandemia y recién comenzaron a retomar una buena senda.

—¿Hay espacio para crecer?

—Sin dudas. Para las plantaciones que están en marcha, lo importante será el desarrollo industrial. En eso estamos enfocados para nuestros fondos. Por un lado, traer partners que aprovechen los distintos productos que da un bosque. Tenemos muy fuerte la celulosa en Uruguay, pero hay una cantidad de otros eslabones en la cadena para aprovechar. Y aunque estemos exportando bien la madera en bruto, hay otras oportunidades. Cuando se aprovecha bien la madera en el lugar donde se produjo, se logran muchas eficiencias, con menores emisiones de carbono por transporte.

—¿Cuál es su proyección en ese sentido?

—Imagino que aparecerán empresas que aserren y debobinen, que vengan a instalarse cerca de donde están nuestros bosques, que empiecen a generar mercado. Y en algún caso, proyectos propios de nuestros fondos para generar ese incentivo. Estamos pensando en una planta para procesar algo a pequeña escala, pero que genere el primer pie para que los fondos empiecen a industrializar una parte de la madera y sacarla al exterior con mayor valor agregado.

—El transporte tiene una incidencia fuerte en los costos del sector; hoy hay dificultades para sacar la producción…

—La logística es muy importante y los costos por ese concepto se triplicaron. Si transportamos madera seca, el costo por metro cúbico es mucho más bajo que si mandamos un tronco, que es fresco. Además del impacto en la competitividad, avanzar en la escala de valor genera una ganancia ambiental.
Es claro que cualquier proceso industrial es desafiante en un país caro como Uruguay y hay procesos que no podemos hacer. Pero apuntamos a sacar el máximo valor que podamos de lo que vendemos. Hoy hay una masa forestal importante disponible. Insisto en que es momento de desarrollar lo industrial y hay algunos proyectos avanzando en ese sentido. Por tanto, tenemos que seguir incentivando nuevas plantaciones para disponer de materia prima.

—Precisamente, en el parlamento hay un proyecto que propone nuevas condiciones a la expansión forestal…

—Ningún inversor apuesta en lugares donde está topeado. El inversor apuesta a lo que crece, tiene proyección y futuro. La señal en este caso, iría en sentido contrario. En nuestro país hay espacio para seguir creciendo, dependerá de las condiciones que establezca la legislación. En nuestro caso, también hemos apostado por una mirada más regional. Estamos pensando en desarrollar nuevos proyectos en Brasil y Chile, donde ya estamos, y también en Paraguay.
Hay un sector que invierte, que agrega valor desde lo genético, la planificación de qué especie en qué parte del campo. Y todos los cuidados posteriores. Hoy hay mucha inteligencia local trabajando en esta área. INIA, LATU y la Sociedad de Productores Forestales estamos investigando juntos, a partir de un consorcio, que tiene cantidad de temas desde lo sanitario vinculado con las especies hasta lo ambiental.

—¿Es posible pensar en más proyectos, más bosques, más inversiones?

—Sin dudas, y en la medida en que se avance con la intención de potenciar el mercado de valores, que se conecte con otras bolsas en el mundo, lo será aún más. La llegada de fondos de inversión adquiriendo campos en el país, que parece haber cobrado un nuevo impulso, es otra demostración de la importancia del sector. Las “condiciones país” son muy buenas en Uruguay, donde hay problemas es en materia de competitividad y ese es un factor que hay que cuidar mucho para captar el interés desde el exterior.

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