JULIO PREVE FOLLE

El MGAP, una pena

El Presidente electo, al confirmar la conducción del Ministerio de Ganadería, ha apostado a un plácido continuismo que algunos incluso celebran, porque suponen que así se descarta el peligro de algo peor, que bien podría haber ocurrido. 

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Sin embargo se apuesta así a un papel anodino de un ministerio que debería ser emblemático, y que sin embargo ha elegido mantenerse prácticamente ausente de los grandes temas que afectan al agro. Tiene en esto poco que ver la persona de los involucrados: se trata simplemente del espacio que el gobierno les concedió y así continuará. No obstante ello las cosas podrían haber sido de otra manera, y la oportunidad parece que se ha vuelto a perder.

Sin peso.

En efecto, el MGAP prefirió quedar ausente de los temas vinculados a la política de tipo de cambio real, como si nada tuviera que ver. Y prefirió señalar, lo que es obvio, que competitividad no es solo tipo de cambio. En efecto, hay también otros temas y sobre ellos también estuvo al margen como en el tributario, en el que un ministerio encogido de hombros incluso tímidamente se opuso a más impuestos a la tierra, al tiempo que presuroso salió a defender el futuro impuesto de primaria.

Ausente pues en materia cambiaria y tributaria, el MGAP ha elegido también permanecer al margen en la política de tarifas públicas, que representan un aspecto clave de la competitividad, en particular en los tiempos que se vienen de precios mucho menos estimulantes. En este sentido el ministerio podría contribuir a difundir cuál puede ser el costo para el sector al mantenerse una política de combustibles de ajuste fiscal como la actual, sus efectos en los principales cultivos; dada la capacidad técnica, que no se discute, tendría para difundirlos.

Pero no solo no interviene en la política de combustibles sino, menos aún, en la de agrocombustibles. Esta representa una gigantesca oportunidad de evaluación de sus fundamentos económicos, en los que el MGAP debería ser el líder de todos los análisis. La situación actual del nuevo mapa energético mundial, que no parece algo coyuntural, demanda un ministerio muy activo para controlar las aventuras de Ancap que a veces luce cortada sola en sus políticas. Es grave, en efecto, que se siga adelante sin una palabra del MGAP en los fundamentos económicos y ambientales de una política que retrocede en el mundo. Y más lo es su silencio en materia institucional, al crearse sin ley un nuevo monopolio de hecho que en solitario no me canso de señalar. Se trata de un silencio que se emparenta con otro, el de la política azucarera, que nos llevó a décadas atrás, también con prescindencia absoluta del ministerio sectorial. No hay una sola evaluación de la mencionada cartera de Estado sobre esta política, un solo número, un solo comentario económico o social.

Pero si el MGAP eligió estar por fuera de temas cambiarios, impositivos, de tarifas públicas, de combustibles y agrocombustibles, también prefirió no tocar nada en otras áreas complicadas. Así por ejemplo continuó la política de encierro total en la granja, con los resultados ya detallados en mi columna anterior, proporcionados por el Censo Agropecuario. E hizo lo propio en materia vitivinícola, prefiriendo gobernar a favor del pelo, aunque acentuando el corporativismo de los gremios respectivos. Y retrocedió varios casilleros en materia de divulgación de información estadística, con encuestas con severos errores, y con un censo divulgado dos años después de lo habitual. Esto parece en vías de resolverse.

Con peso.

Ausente en varios temas importantes, en los que podría haber conflictos con otras áreas del gobierno, el MGAP se dedicó, y no es esperable que cambie, a temas aparentemente sin controversia como por ejemplo el cambio climático, la innovación, o los productores familiares. No me olvido de la trazabilidad, un tema políticamente menor, que reclama una evaluación ministerial, que no debería seguir obligando a utilizar una herramienta cuyos beneficios no se conocen, que no debió ser obligatoria.

Y dejo para el final el tema del cuidado del suelo, según parece emblemático en la consideración del propio ministerio. Un tema sobre el que jamás se aportó un número, convirtiendo el cuidado del suelo —objetivo ampliamente compartible— en una obligación que lleva nada menos que a pedir permiso al gobierno sobre qué hacer en la propia casa de cada uno.

Apostando a imponer en lugar de convencer, el MGAP se ha convertido en gendarme del cuidado del suelo, atropellando libertades y descreyendo en la convicción de los productores. A largo plazo ésta es la única manera de conseguir el cuidado del suelo: la persuasión. En cambio, si se insiste en imponer lo que a veces carece de sentido económico, lo que solo se podrá controlar con una persecución policial satelital absurda, si se sigue así, caerá el interés de todos como ya empezó, y los planes de uso y manejo de suelos, hoy obligatorios, serán vistos como un trámite burocrático más, un papel más a conseguir, sin convicción ni determinación.

Otra forma.

Esperaba otro escenario a partir de marzo. El de un ministerio con presencia en temas cambiarios, tributarios, de financiamiento, de pelea de la buena en materia de combustibles y biocombustibles, batallando así por una competitividad amenazada por un mundo cambiante. El MGAP tiene las capacidades técnicas para participar con números en una discusión seria que hoy no se ha dado. También en materia internacional, donde el tema no pasa solo por abrir el mercado para este o aquel producto, como el citrus o la carne ovina, negociaciones que venían de veinte años atrás. El punto es dar batalla mostrando beneficios económicos en modelos de comercio simulando formar parte de acuerdos, por ejemplo mirando al Pacífico, o al norte, como en su momento se hizo con el Mercosur o el ALCA.

Pero aunque es improbable que cambie el peso específico del MGAP en el gobierno, los nuevos desafíos a la competitividad que se establecen hoy, por ejemplo en el tema del combustible, o de la presión fiscal, marcarán en pocas semanas si algo ha cambiado. Formulemos votos para que aun con las mismas personas, su capacidad de influir en lo relevante empiece a cambiar. La situación que se empieza a transitar así lo demanda. Frente a ella el ministerio puede mirar para el costado —al Ministerio de Economía, al de Industria, a OPP o a Ancap— o puede liderar un enfoque nuevo de compromiso con los temas más relevantes.

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