TEMA DE ANÁLISIS

Un mercado de trabajo cada vez más complicado

En siete años se perdieron cerca de 85.000 puestos de trabajo en los sectores productores de bienes y el comercio.

Gallito Luis. Foto: Darwin Borrelli
Gallito Luis. Foto: Darwin Borrelli

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Hay una tendencia negativa en el mercado de trabajo donde el desempleo sigue subiendo en un contexto en el que se pierden más puestos de trabajo que los que se generan. Es un problema que impacta por la cantidad creciente de personas que no encuentran satisfacción de su intención de trabajar. Más allá del problema cuantitativo, hay algunos aspectos que saltan en la encuesta de hogares que permiten establecer algunas tendencias que, si no se revierten, tendrán sus consecuencias en lo social.

La tasa promedio de desempleo para el año 2019 fue del 8,9% lo que representa aproximadamente 159.000 personas en función de las proyecciones de población para el país. El deterioro es gradual y persistente desde el año 2014. Si se toma como referencia que el promedio de desempleo entre 2011 y 2013 fue apenas 6,4%, se puede concluir que en un quinquenio el desempleo aumentó 2,5 puntos porcentuales lo que en cantidad de gente representa 47.000.

La cantidad de personas que buscan trabajo sin éxito en cada momento es el producto de la diferencia entre la cantidad de personas que desean trabajar y la cantidad de personas efectivamente ocupadas. El desempleo está ocurriendo porque hay un pequeño incremento en la cantidad de personas que desean trabajar en un contexto de destrucción de puestos de trabajo en la economía. En efecto, la población activa desde 2012 se incrementó en 33.000 personas a un ritmo de apenas 0,3 anual. Mientras tanto, la cantidad de empleos bajó en -14.000.

¿Dónde se produce la caída en puestos de trabajo?. Los sectores de actividad orientados a la producción de bienes son los que registran las mayores pérdidas de empleos en una combinación de pérdida de competitividad internacional, cambio tecnológico y encarecimiento de la mano de obra. Contratar personas es cada vez más costoso, los salarios en dólares, lo que se agrega al drama burocrático y legal de tener personal a cargo.

Para ponerle algunos números a este cambio estructural se tiene que la industria manufacturera pierde 27.600, la producción primaria 23.500, la construcción con caída de 13.300. También hay un retroceso en el comercio y en los servicios para los hogares, ambas del orden de 10.500. Son 85.500 puestos de trabajo que se pierden en estos sectores en siete años. Por otro lado, las empresas de administración, salud, educación y prácticamente todas las prestadoras de servicios, expandieron la cantidad de personas ocupadas en aproximadamente 60.000 puestos de trabajo.

También se puede ver la zona geográfica donde se produce la caída en el empleo. En el gráfico superior del cuadro adjunto se ilustra la evolución de la tasa de empleo promedio para períodos de doce meses para Montevideo y para el resto del país (Interior). El comportamiento a grandes rasgos es similar en los dos casos y hay una tendencia marcada a la baja en los dos casos a partir del año 2014.

La caída del empleo en el Interior del país es un poco mayor que la observada en Montevideo. En ese contexto, sobre el final del año 2019 las dos series se llegan a mover en sentido contrario. Ya van dos trimestres en que Montevideo recupera algo los puestos de trabajo y el Interior sigue perdiendo. Por lo tanto, hay que observar esta evolución en el próximo trimestre para ver si es un tema estadístico o si estamos al inicio de un nuevo cambio de rumbo que alimente un proceso migratorio interno más intenso.

La menor cantidad de puestos de trabajo es una mala noticia para la masa salarial de la economía que se agrava cuando consideramos que también bajaron las horas trabajadas por semana por las personas que consiguieron trabajo. El gráfico de la zona media del cuadro muestra la evolución también de mediano plazo del total de horas trabajadas por empleados que pasa de un nivel de 39 horas previo a 2014 a poco menos de 37 horas semanales del año 2019.

Este movimiento en las horas trabajadas afecta negativamente la masa salarial y hay que considerar que muchas veces es contra horas extra que tienen una paga mayor que la normal. En otros casos la reducción de las horas trabajadas lleva al subempleo, esto es personas que no están desocupadas pero que desearían trabajar más horas. La encuesta de hogares también pregunta por esta característica y el 9,6% de los ocupados se considera subempleado cuando en el año 2014 el promedio era 6,7%.

Dificultades por el poco dinamismo del empleo. Foto: El País

Pensando en la evolución de la masa salarial en el 2019 hay que considerar que en un año la cantidad de puestos de trabajo se redujo en 9.000, lo que representa una tasa de -0,6% contra el año anterior. Las horas trabajadas en el último año bajan -1,2% por lo tanto en cantidad hay un retroceso en la cantidad de trabajo remunerado del orden del -1,8%. Si se tiene en cuenta que en el promedio del año el salario real subió 1,3% se concluye que la masa salarial del 2019 está medio punto porcentual por debajo de la del año anterior.

La consecuencia de la pérdida de puestos de trabajo es el desempleo que se está consolidando por encima del 9% y aparece dentro de las principales preocupaciones en la sociedad. Uno de los aspectos característicos del actual desempleo es la fuerza con la que le está pegando a los jóvenes, considerando en ese grupo a los menores de 25 años de edad.

La pérdida de puestos de trabajo entre los más jóvenes fue muy intensa en estos años, mucho más que la observada entre los mayores. En el gráfico de la izquierda en la parte inferior del cuadro se puede ver la evolución de la tasa específica de empleo en este grupo etario. La forma es muy parecida a un tobogán que pasa del 40% al 31% en tan solo cinco años.

Esta evolución en la tasa de empleo de los jóvenes lleva a que la tasa de desempleo haya subido en ese período y que la pérdida de oportunidades esté abriendo las puertas a un nuevo flujo migratorio de uruguayos jóvenes al exterior. Es un flujo migratorio diferente al que ocurre en las crisis porque en este caso quienes se van son jóvenes preparados en búsqueda de oportunidades. Eso implica una pérdida de crecimiento potencial a futuro.

Las dificultades de los jóvenes para encontrar oportunidades laborales no es el único problema en el mercado de trabajo. También baja el empleo entre los mayores de 25 años y con ello sube el desempleo en estos grupos de edad. Lo mismo sucede con los jefes de hogar, sin llegar a los niveles de crisis como la del 2002 se ve que gradualmente aumenta la cantidad de casos en que no consiguen trabajo los que tienen a cargo la principal generación de ingresos en un hogar (tradicionalmente denominados “jefes”).

Cuando estos grupos sensibles comienzan a perder el puesto de trabajo se ve que en la condición de desempleo hay menor nivel de exigencia y aumenta la gente dispuesta a tomar la primera oportunidad que se le presente. En el gráfico inferior a la derecha del cuadro se puede ver la evolución del porcentaje de desempleados que no ponen ninguna condición y cómo crece en los últimos años, hasta ubicarse diez puntos porcentuales por encima de lo registrado en 2012.

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