OPINIÓN

Ante el mensaje del 1° de marzo: una historia que viene de 1985

No se puede aceptar la idea de que la historia de nuestro país co-menzó en el 2005, momento coincidente con la llegada del Frente Amplio al gobierno.

Banda presidencial uruguaya

Por su entorno y contenido, el mensaje presidencial del pasado 1° de marzo obliga a reflexionar sobre sucesos económicos ocurridos después de recuperada la Democracia hasta hoy. Considerar ese punto de partida se justifica, porque desde ese momento la política económica comenzó a diseñarse y ejecutarse con la participación libre de la ciudadanía a través de los partidos políticos. En los hechos fue un quiebre histórico relevante, cuyas consecuencias ulteriores determinaron los resultados de todas las administraciones siguientes.

No hacerlo así es caer en una interpretación reduccionista de la historia, siempre conducente a conclusiones parciales o sesgadas. Por esta razón, no se puede aceptar la idea de que la historia de nuestro país comenzó en el 2005, momento coincidente con la llegada del Frente Amplio al gobierno. Ese hecho no fue ni un antes ni un después comparable al de 1985, ni tampoco la irrupción de un paradigma de gestión nuevo pues, en definitiva, en muchos aspectos conceptuales fue más de lo mismo. Y en otros, las sombras llegaron hasta la renuncia de su vicepresidente por corrupción. Siendo así, tampoco se puede caer en la inocencia de que en estos tiempos electorales cada cual no busque acarrear agua para su molino, en particular un gobierno que ve peligrar su continuidad. Y de ahí llegamos a lo que realmente sucedió: un acto político como puntapié inicial de campaña electoral en formato de rendición de cuentas de la gestión de gobierno.

Dándole una visión histórica a lo que vino sucediendo, quienes estuvieron a cargo de la recuperación económica post dictadura encontraron un panorama desolador. La crisis de la tablita de principios de la década de los ‘80 había hundido la economía, con su secuela de alto desempleo, déficit fiscal descontrolado e inflación en dos dígitos, reservas exhaustas, endeudamiento externo que se refinanciaba por impagable y el sistema financiero doméstico en bancarrota. En el ámbito externo, las tasas de interés eran muy altas por la política restrictiva de la Fed, aunado a la inexistencia de financiamiento externo. El Banco Mundial y BID eran los únicos proveedores de fondos frescos. A esas dificultades se agregaba la deuda contingente con quienes habían sido afectados por la dictadura y que con justicia reclamaban ser resarcidos. Con ese telón de fondo complejo, la primera administración Sanguinetti debía consolidar la estructura macroeconómica y productiva del país, sin financiamiento externo relevante y con una situación regional y mundial desfavorable. Sin embargo, la economía comenzó a hacer pie en lo productivo, mejoró los indicadores de empleo y salario, pudo estabilizar al sistema bancario, evitó el default del endeudamiento externo y comenzó las gestiones para refinanciarlo en el marco del Plan Brady. Y como hecho complementario, profundizó la desregulación económica, desmontando la fijación de precios administrados, continuando la rebaja arancelaria y apoyando al sector exportador. Todos pilares básicos de política económica que continúan hasta hoy y que no siempre fueron fáciles de instrumentar. Seguidamente, el gobierno del Dr. Lacalle continuó el proceso con cuatro hechos a destacar. Primero, buscó la consolidación fiscal definitiva aún pendiente, acompañada de una inflación rondante en los tres dígitos. A ese desafío se agregó la absorción del gasto adicional equivalente en 2 puntos del PIB debido al plebiscito que determinó que las pasividades se reajustaban por el índice de salarios en vez de inflación. En segundo lugar, se refinanció la deuda en el marco del Plan Brady, resultando en una reducción del endeudamiento del 35% en términos de Valor Presente. Tercero, la firma del Mercosur, que para aquellos tiempos era la apuesta adecuada para romper el encierro de un país que comerciaba a través de tratados bilaterales estrechos con sus socios comerciales principales. Por último, comenzó un proceso de reformas estructurales destinadas a la modernización de la economía, que culminaron en legislación como la ley de Puertos u obras viales de importancia.

La segunda administración Sanguinetti puede identificarse por tres hechos cardinales. En primer lugar, la caída de la tasa de inflación por debajo de un dígito como resultado de continuar la política de contención del gasto del gobierno anterior. Segundo, la reforma del sistema de seguridad social, fiscalmente insostenible, por un sistema mixto de capitalización y componente solidaria, junto al aumento de la edad jubilatoria y ajustes en la tasa de remplazo para calcular la jubilación. Tercero, reformas en el sistema educativo creando las escuelas de ciclo completo, y los centros CAIF. También fue el comienzo de la forestación con destino industrial a través de la Ley Forestal, así como del régimen de zonas francas. Y como corolario, el país obtuvo su grado de inversión en 1997, cuyo resultado fue emitir un bono global a 30 años de plazo.

El gobierno del Dr. Batlle debió capear una crisis sin precedentes, gatillada desde el exterior que golpeó inesperadamente a su sistema financiero que termino en una crisis de endeudamiento. Sus implicancias adversas son conocidas, como también son conocidos sus méritos para salir del paso sin medir costos políticos, respetando reglas y valores esenciales leudados por generaciones, resumidos en el rechazo a cualquier forma unilateral de incumplimiento unilateral de los contratos (default). Como también fue expuesta, la oposición férrea a esos esfuerzos, por el partido que desde hace quince años detenta el gobierno. Resuelta la crisis, el crecimiento retornó en 2004, se firmó un TLC con México, e inversores finlandeses anunciaron la instalación de una pastera.

De ahí en más, la historia muestra un periodo excepcional de crecimiento coincidente con los gobiernos del Frente Amplio. Objetivamente fue la respuesta de la permanencia de una macroeconomía ordenada heredada, y una bonanza externa única en cuanto a precios, mercados y financiamiento. Ante ello, el resultado natural es el aumento del salario real, y mejora del empleo. También la mejora de los indicadores sociales facilitados por la mayor disponibilidad de recursos, seguido de inversión en infraestructura para apuntalar la productividad global. Y por encima de todo, la mejora sustancial del sistema educativo. Y en esto nos encontramos con una historia con sus luces y sombras que la inhabilitan para considerarla un nuevo paradigma. Más cuando el crecimiento se enlentece, la macroeconomía se ha deteriorado y el endeudamiento crece. Y para esto, el discurso del 1º de marzo no tuvo propuestas.

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