OPINIÓN

La menor inversión complica el futuro

Uno de los determinantes del comportamiento de la producción local y de las importaciones de bienes y de servicios es la inversión en bienes de activo fijo.

Cristo Redentor de Río de Janeiro. Foto: AFP
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Tiene su importancia como variable macroeconómica y su evolución es decisiva para el comportamiento de mediano y largo plazo de la economía. Si la formación de capital fijo es alta y permanente se asegura el crecimiento sostenido de la producción. Si ese no fuera el caso, la producción crecerá menos y hasta puede declinar.

Determinantes.

Los determinantes de la inversión en capital fijo son numerosos. A nivel del sector privado los más importantes son el ingreso nacional y la relación entre la tasa de retorno esperada por la inversión y la tasa de interés o de rendimiento relevante en igual plazo. Si la economía crece y con ella el valor agregado nacional -que en definitiva es el ingreso nacional-, existe incentivo para invertir; si sucede lo contrario desaparecen el incentivo y la inversión declina y puede llegar a ser negativa si es menor que la depreciación de los bienes de capital usados en el proceso productivo en el mismo lapso. Por otra parte, si la tasa de retorno esperada de la inversión es mayor que el costo de oportunidad financiera de los fondos que se emplean en la inversión de bienes de capital, entonces ésta se expande.

Además del sector privado también el sector público invierte en bienes de capital. Pero sus motivaciones son diferentes. Un determinante es que el beneficio social neto de la inversión sea positivo siendo negativo o no satisfactorio el beneficio privado de cualquier otro inversor. O porque pudiéndolo ser, solo una empresa pública puede realizar la inversión ante una prohibición para que la realice un privado. Otro determinante es la existencia de los fondos para inversión pública y la situación financiera del referido sector.

Hace casi cinco años, la tasa de inversión en capital fijo en nuestro país era sensiblemente mayor a la de años anteriores y particularmente a los años de la crisis que culminara en el cuarto trimestre de 2002. Las circunstancias habían cambiado y la inversión crecido significativamente. Las tasas de interés mundiales en mínimos históricos avalaban cualquier inversión, particularmente en el sector de la construcción. Prácticamente cualquier tasa de retorno de los fondos invertidos —especialmente con los beneficios tributarios concedidos oficialmente—superaba, en cualquier actividad, al nulo costo de oportunidad por no volcar los recursos monetarios a actividades financieras y, también, al bajísimo costo del crédito. La propia inversión generaba, desde el punto de vista macroeconómico un crecimiento del ingreso nacional que provocaba alzas fuertes en el consumo privado autoalimentando la necesidad de inversiones. Y por si fuera poco inversiones extranjeras se fueron dando para, junto con la citada relación entre la tasa de retorno de la inversión apuntalada por beneficios tributarios excepcionales- y la tasa de interés relevante, usufructuar recursos naturales fomentados en décadas anteriores. El corolario fue la alta relación de la inversión en activos fijos respecto al PIB llegando a ser superior a la cuarta parte de éste en el segundo trimestre de 2013. El principal inversor ha sido siempre el sector privado que entonces alcanzara una asignación de fondos para la formación de capital físico mayor a la quinta parte del PIB. Pero desde entonces el comportamiento de la inversión privada ha presentado una tendencia que, aunque con cierta volatilidad, ha sido notoriamente declinante y en el trimestre finalizado en setiembre pasado la inversión en activos en la economía en relación al PIB es 30% menor que en el momento de su máxima participación hace casi cinco años. Dado que no ha habido cambios significativos de la inversión del sector público en relación al PIB, respecto a la fecha citada, la tendencia de la inversión total la ha marcado el descenso de casi un tercio de la del sector privado.

Razones y consecuencia.

A juzgar por los habituales determinantes de la inversión privada en activos fijos —que es la que explica la reducción de la inversión total—, se puede afirmar que todos juegan en el sentido en el que la realidad marca lo que ocurre. Por un lado ha habido cambios importantes en la relación tasa de retorno esperada para la inversión ajustada por el comportamiento del costo de oportunidad de los fondos a asignar a la inversión. Si bien las tasas de interés en dólares y las tasas de rendimiento de títulos en esa moneda siguen siendo bajas, no menos significativo es lo que viene ocurriendo con las tasas de interés en pesos de los títulos que emite el gobierno en esa moneda cuando se las arbitra a dólares. En los últimos años "traducidas" a dólares, las tasas de interés en pesos han sido relativamente altas y han atraído a los inversores que ahora las comparan ventajosamente con las ganancias de inversiones en activos fijos. Y por otro lado, los costos explícitos de una inversión y su funcionamiento han crecido por la inflación y el comportamiento del tipo de cambio reduciendo el retorno esperado.

Menor retorno esperado, mayor atracción de alternativas financieras y otras cosas por el estilo explican la tendencia bajista de la inversión en bienes de capital y amenazan el comportamiento productivo del país en el mediano plazo.

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