JOSÉ LUIS ESPERT

Mauricio Macri: gradualismo versus shock

Durante la campaña electoral de 2015, cuando el kirchnerismo le espetaba al actual Presidente argentino Mauricio Macri que con él se venían los neoliberales ajustadores y ortodoxos, se defendía diciendo que eso era falso y que la gente no tenía que esperar grandes cambios (respecto de lo que estaba haciendo Cristina Kirchner) con él.

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"Estamos contra cualquier tipo de impunidad", dijo del caso Nisman. Foto: EFE

En algún lugar la frase tiene conexión con lo que pasa hoy en Argentina. Ha habido grandes cambios en algunas cosas pero no en otras, en especial en aquellas en las cuales el Presidente probablemente se refería en campaña.

El gobierno de Macri ha liberado con éxito al mercado cambiario del cepo que le había puesto el gobierno de Cristina Kirchner a fines de 2011. Esto no ha sido menor. Desde la crisis de la convertibilidad, la sociedad argentina ha quedado muy peleada con la libertad económica. Cree, equivocadamente, que la libertad económica genera crisis, por lo tanto, haber liberado el mercado del dólar sin una estampida del billete verde, constituye un éxito que vas más allá del corto plazo. Es un logro conceptual.

El gobierno de Macri también salió exitosamente de la ignominia de un default de la deuda externa porque el kirchnerismo decidió no acatar un fallo de una justicia de New York que ellos mismos eligieron en caso de tener que pleitear cuando hicieron los canjes de deuda de 2005 y 2010. También de manera correcta permitió que las misiones del FMI volvieran a aterrizar en nuestro aeropuerto luego de casi 10 años que Argentina incumplía con la obligación que le cabe a todo país con sus pares por el Artículo IV del FMI, esto es, visitas periódicas de las misiones técnicas para evaluar la política económica del país. La misma opinión me merece el acercamiento con Occidente.

Pero en lo que es la política económica de corto plazo, ahí la situación es mixta y por ello es preocupante, aunque insisto, Macri no ha incumplido con su palabra.

En campaña en 2015, los economistas de Macri decían que en Argentina no había que hacer un ajuste macroeconómico (en aquel entonces todavía no había déficit en cuenta corriente en parte por el cepo cambiario, hoy sí) y que sólo se trataba de bajar la inflación porque era un impuesto regresivo. Y además, agregaban, que bajando la inflación, la reactivación de una economía con un lustro de estanflación, vendría seguro.

No había, ni la hay, ninguna mención a la cuestión fiscal.

El gobierno hizo un leve ajuste cambiario (leve porque el dólar hoy cuesta no más de $ 15.30 en Buenos Aires y en diciembre de 2001, cuando nadie dudaba de que el dólar estaba barato, sería a precios de hoy $ 14.30).

Por otro lado, hizo algún ajuste de tarifas de los servicios públicos que comenzó con boletas con hasta un 1.300% de aumento pero terminó cediendo a la presión política y quedó a menos de mitad de camino en promedio.

En materia monetaria el camino elegido fue hacer una política monetaria dura para bajar de manera significativa la inflación desde 4% mensual a principios de 2016 a cerca de 1,5% a finales de año (que de todas maneras, son los mismos niveles de los meses finales del gobierno de Cristina Kirchner en 2015).

¿Qué es lo que ha ocurrido en materia fiscal?

El déficit de 2015 fue de 7% del PIB (gobierno central, Provincias y Municipios), en 2016 estará cerca de 8% del PIB y en el Presupuesto de 2017 el gobierno ha repetido el número de 8% del PIB.

O sea política monetaria "dura" y política fiscal blanda. Un mix que está dentro de los manuales básicos de macroeconomía.

El problema es el punto de partida.

Como consecuencia de su inestabilidad macroeconómica general del último medio siglo que incluye una hiperinflación (1989-1990), dos default (1982 y 2001) y dos confiscaciones de depósitos (1989 y 2002), el mercado de capitales para que el gobierno se financie colocando deuda pública ha quedado reducido a la nada.

Por si fuera poco, 8% del PIB de déficit fiscal es récord en la historia argentina, igual que la presión impositiva (55% del PIB para el que está en blanco) que además es de las más altas del mundo, lo cual constituye un verdadero disparate dado que en general se ve que la recaudación de impuestos está asociada positivamente al nivel de ingreso per capita. Los países ricos recaudan más y de manera más directa que los país de ingresos medios a bajos.

A favor de su "gradualismo" (entre comillas porque en realidad en 2016 y 2017 está planteado más déficit y no menos) fiscal, está el hecho, según el gobierno, de que los niveles de deuda de los cuales se parte son bajos (en realidad, la deuda total, incluida la del gobierno con el Banco Central está en 50% del PIB poco menos del 55% de diciembre de 2001 cuando Argentina defaulteaba la deuda, pero bajos en el mercado con 20% del PIB).

Error! Justamente si los niveles de deuda son bajos, dejémoslos así para evitar problemas futuros y más si nos hemos pasado gran parte del último cuarto de siglo defaulteando la deuda.

O sea, los bajos niveles de deuda pública en el mercado de 20% del PIB le pueden dan a Macri tiempo para financiar la transición hacia el necesario equilibrio fiscal. Pero no solo es un camino duro y no exento de riesgos (¿qué pasa si la Reserva Federal de Estados Unidos sube la tasa?) sino que a la luz del comienzo de su gobierno (con más déficit que antes y no menos) hace dudar de la sostenibilidad de corto plazo (en el largo no tiene ninguna).

Dios proveerá.

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