OPINIÓN

La mano estatal por un lado, la mano invisible por otro

Sin intervención estatal, la competencia estimulada por el afán de lucro de los productores se encargaría de llevar al precio de los combustibles a niveles menores.

Tarifas públicas

Coincidió que mi sobrino, alejado del liberalismo y cercano al frenteamplismo me increpaba, con sorna picaresca, el poder natural resolutivo que tiene el individualismo y la “mano invisible” de la obra económica de Adam Smith, el padre del liberalismo ortodoxo y de la economía. La única economía, porque existe otra seudo economía que es la que impulsaron Engels y Marx hace ya más de 170 años.

Un momento de la historia en el que ambos, pero sobre todo el entonces joven Engels, buscaban el fin del reciente capitalismo y proponían la propiedad estatal de los medios de producción. Un socialismo científico que el paso del tiempo no validó, pues se dibujó una realidad que impulsó lentamente su estertor primero y su defunción después.

Sin embargo, algunos vestigios quedan en naciones muy atrasadas como las que hoy expulsan nutridos contingentes humanos, algunos de los cuales recalan en Uruguay. Un país el nuestro con grupos de políticos de llegada popular que no resignan el tono engeliano y eluden intentar, descalificándolo, un poco más de capitalismo. No consienten abandonar el burocrático, lento, costoso e ineficiente estatismo.

Intenté explicarle a mi sobrino la importancia del pasaje del filósofo y economista escocés, también padre del liberalismo económico con un ejemplo de gran actualidad, que justo se había cruzado en la opinión pública en ese momento. De esto hace menos de dos semanas, cuando tras algunos meses de alzas, el precio internacional del petróleo tuvo una notoria declinación.

El ejemplo.

En una intervención ante la prensa, la actual Ministra de Industria, Energía y Minería y pre candidata presidencial del Frente Amplio, la Ing. Carolina Cosse, contestaba la pregunta de un periodista sobre qué ocurriría con el precio de los combustibles dada la fuerte baja del precio del petróleo, en particular del Brent que es el que se usa por la empresa estatal Ancap en la refinación para alcanzar los distintos tipos de combustibles. La jerarca apeló a una conocida respuesta cuando se presentan ocasiones como éstas. Una respuesta que, para los oídos del público en general, suena muy coherente y respetuosa pero que en realidad se aleja mucho de lo que es bueno o lo que es mejor para la población. Es que ésta no conoce otras alternativas, por lo que piensa que si Ancap, según la ministra, se encuentra estudiando el tema, es porque el tema tiene que ser analizado a fondo para justificar una decisión. Pero, ¿es necesario en todo caso analizar el tema a fondo o es mejor que las cosas fluyan y que “el mercado” decida? Yo comprendo a la Ministra, ¿pero ella y mi sobrino comprenden lo que yo digo? Lo que yo digo no es ni más ni menos lo que se dice por algunos: ¿por qué pagar tanto los combustibles?

Es lógico que la anacrónica mentalidad marxista y de Engels sea el fundamento -consciente o no de Cosse- pero debemos recordar que durante todo el año 2018 el crudo Brent tuvo una volatilidad inusitada. Partió de US$ 69 el barril en enero y trepó hasta 77 en mayo momento en el que se ajustaron los precios internos de los combustibles. Luego subió a US$ 81 el barril en octubre y hoy, sin ajuste alguno todavía -pero en estudio según la Ministra-, el precio del Brent se ubica en US$ 58, una caída de casi 30%. ¿Hay que estudiar tanto el tema para bajar fuertemente el precio de insumos tan importantes como la nafta, el gasoil y otros por el estilo?

A lo largo del año, la volatilidad del precio del crudo ha sido alta y solo un ajuste ha ocurrido, el del inicio de julio. Considerando que las variaciones han sido mucho más fuertes en el precio del crudo a la baja que en el del dólar al alza, cuesta creer que no haya mecanismos automáticos de ajuste del precio de los combustibles. Debemos recordar que los precios internos tienen un alto componente tributario, lo que hace pensar que ante el alto déficit fiscal que tiene el sector público y, también, ante las necesidades propias del ente productor, se dilate la decisión bajista de los precios de los distintos combustibles.

La mano invisible.

Si Ancap no fuese un monopolio legal y hubiese libre entrada al negocio de la refinación o de la importación del producto final, ¿ocurriría lo mismo como lo que ha sido la respuesta de Cosse? Por supuesto que no porque -le explicaba yo a mi sobrino- sin intervención alguna del Estado, la competencia estimulada por el afán de lucro de las empresas productoras de combustibles se encargaría hoy de llevar al precio del mercado de combustibles a niveles mucho menores que los actuales. Costos de producción menores por precios más bajos de la materia prima básica ante altos precios del producto final, incitan a aumentar la cantidad ofrecida de todos los competidores -para tener mayores beneficios-, y con la misma demanda por combustibles, los precios deben bajar. La mayoría de la gente no buscaría explicaciones de las razones que llevan a ese resultado, simplemente lo disfrutarían.

Si bien en parte logré convencer a mi sobrino que pudo así distinguir entre lo que es una explicación que no mejora el último deseo de la población -que es pagar menos por los combustibles-, de todos modos encontró la salida para mantenerse apoyando la existencia del monopolio estatal. Me dijo que lo mejor es que las decisiones se tomen más rápidamente por la gerencia de la empresa, sus asesores y la Ministra de Energía, además de la injerencia decisiva del cancerbero de las cuentas públicas, el Ministro de Economía y Finanzas. Pero todos, incluso él, sabemos que esa rapidez nunca se va a concretar.

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