OPINIÓN

¿La luz al final del túnel?

Las proyecciones económicas del CED para 2020 y 2021

Foto: Pixabay
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El 2020 sin lugar a dudas será un año que estará en la historia mundial; algo microscópico como un virus se transformó en una pandemia mundial que paró todo y destruyó la economía global afectando a todos los países, incluso a los más ricos y preparados. En el medio de este tsunami encontramos a un país geográficamente pequeño, con tres millones y medio de habitantes, con un nuevo gobierno recién asumido que recibía un país políticamente muy estable pero una economía estancada y con desequilibrios macroeconómicos.

¿Qué debemos esperar para ese país llamado Uruguay? En esta columna expondremos las proyecciones económicas del Centro de Estudios para el Desarrollo para los años 2020 y 2021. Con respecto al PIB, esperamos una caída para el 2020 en el entorno del 3,8% y un crecimiento aproximado del 4% para el 2021. Considerando el bienio 2020-2021, nuestro país tendría un saldo de crecimiento positivo, es decir en algún momento del 2021 alcanzaremos el nivel de PIB que teníamos en 2019.

La caída proyectada de la actividad económica para el 2020 es muy grande en términos absolutos, pero muy moderada en términos relativos. A nuestro lado veremos cómo Argentina cae, por lo menos un 12% en el mejor de los escenarios y Brasil caerá cerca de un 6%. En el crecimiento económico esperable para los próximos años ayudaran algunos elementos excepcionales; en concreto hay al menos tres cosas con el potencial de ayudar en la reactivación de corto y mediano plazo. En primer lugar, y muy conocido por todos, la concreción de la construcción de la segunda planta de UPM. El impacto esperado en el PIB será del 2,5% distribuido en 4 años.

En segundo lugar, bastante más incierto, los efectos del potencial aumento de las inversiones y residentes del exterior como resultado de las políticas planteadas y la situación de algunos vecinos. En algunos sectores es muy claro el aumento de consultas y ofertas, aunque es temprano para cuantificarlo. Por último, pueden ser importantes los cambios en la ley de vivienda promovida que apuntan a dinamizar la construcción. Dicho sector tiene un importante efecto multiplicador en el resto de la economía, por lo tanto sería de especial importancia.

Menos optimistas resultan los pronósticos para el mercado laboral. El rebote que esperamos del PIB en 2021 no tendrá su correlato en el mercado de trabajo, donde las mejoras serán mucho más lentas y trabajosas. Recordemos que el mercado laboral lleva 6 años consecutivos de deterioro y el COVID-19 solo llegó para agravar una problemática ya instalada. Es por eso que creemos que la recuperación del empleo será lenta. Este será un tema recurrente durante todo este período de gobierno y la solución de fondo requerirá reformas bastante más profundas de lo que se suele creer.

Lo anterior se fundamenta entre otras razones en que el efecto COVID-19 está operando tanto sobre el desempleo cíclico como en el estructural. La pandemia ha acelerado procesos como el trabajo a distancia y la digitalización total o parcial de muchas tareas, la automatización de procesos y en forma más general el sector privado en su conjunto está pasando raya y observando que quizás puedan mantener su nivel de actividad con menos trabajadores que antes. Más allá de las medidas paliativas puntuales que se están tomando, será necesario realizar importantes cambios que operen a favor del sector productivo para que nuestra economía vuelva a crear empleo con fuerza.

Bastante mejores son las perspectivas inflacionarias y sobre la estabilidad de la economía en general. El Banco Central parece estar logrando la credibilidad de los agentes, en cuanto a que vamos hacia una inflación más baja. Desde junio la inflación se desacelera y vuelve a parecer posible y probable terminar el año por debajo del umbral del 10%. Este objetivo parecía estar lejos de cumplirse, sin embargo en base a los últimos datos oficiales parece más probable que se logre. Sería un avance muy importante para el país lograr niveles inflacionarios sustancialmente más bajos en los próximos años. Hay razones para ser optimista en términos relativos.

Uruguay está gestionando hasta ahora muy bien la pandemia y eso tendrá su premio en términos económicos. La recuperación del producto será más rápida que en otros lados. Sin embargo esto debe ser visto como una oportunidad de hacer las reformas pendientes que hagan sustentable el desarrollo. En el empleo estará lo más crítico a enfrentar en los próximos meses.

(*) Agustín Iturralde es Director Ejecutivo del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED); esta columna fue hecha en coautoría con Ramiro Correa, investigador de la misma institución.

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