ANÁLISIS

Logros en la energía, pero con precios que son altos

A fin de enero, en plena ola de calor, el pico de demanda eléctrica en Uruguay sobrepasó los 2,100MW, cifra record (1). La presencia de temperaturas más extremas, tanto altas como bajas, implica desafíos para el sector eléctrico.

La energía ingresará a Brasil por las convertidoras instaladas en  Rivera y Melo. Foto: AFP
Foto: AFP

Este contenido es exclusivo para nuestros suscriptores.

A esto además se suman otras presiones al sistema eléctrico: generación distribuida, autos eléctricos, baterías, y las metas para reducir emisiones. En materia de emisiones nuestra matriz eléctrica emite poco, pero los demás temas son todavía incipientes.

Es de esperar que tomen mayor relevancia en los próximos años, pero mientras tanto hay que asegurarse de “lo básico”: precios, seguridad de suministro y sustentabilidad.

Sustentabilidad: objetivo impulsado por políticas públicas.

El objetivo de la sustentabilidad ha sido, en gran parte, impulsado por decisiones políticas. Países europeos como Alemania, España y Dinamarca tuvieron políticas de fuerte apoyo a las tecnologías renovables a principios de este siglo—principalmente solar y eólica. Dados los impactos actuales y esperados del cambio climático, ya son muchos los países que también han definido metas de emisiones de CO2 y otros contaminantes. Cumplir estas metas tiene impacto sobre el plan de inversión de los países.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que las energías renovables representarán casi dos tercios de la capacidad adicional de generación a nivel global hacia 2040, resultado de la caída de costos y políticas de apoyo a dichas tecnologías. La AIE proyecta que la capacidad instalada solar superará la eólica en 2025, la hidroeléctrica en 2030 y la de carbón en 2040. En este nuevo escenario de de-carbonización de los sistemas eléctricos, se espera que el gas sea la tecnología de transición.

Fuente de generación by on Scribd

Uruguay ha acompañado este giro con éxito: logrando reducir la producción de fuentes contaminantes, reducir la importación de electricidad y aumentar la generación de fuentes renovables no tradicionales (NT), tal como se observa en el gráfico.

La mayoría de la generación eléctrica es limpia: más de la mitad de fuente hidráulica (58%), la eólica provee casi un 31%, la biomasa 7% y la solar 2% (2). La generación térmica se ha reducido a menos de 2% en 2017 comparada con 11%, 26% y 36% en el 2010, 2011 y 2012 respectivamente.

La fuente hidráulica es dependiente del régimen de lluvias, lo que es un riesgo dado que esto tiene fuertes efectos en la producción en años de sequía, pero el cambio hacia una matriz menos contaminante y menos dependiente es un gran logro.

Operación confiable, sin cortes ni interrupciones.

Mayor generación a través de energías renovables implica menor dependencia de hidrocarburos y de importación. Sin embargo, la variabilidad de dichas fuentes, especialmente eólica y solar, genera un desafío para la planificación y funcionamiento de los sistemas eléctricos, ya que introduce mayor variación en la oferta.

A diferencia de otras fuentes, las plantas eólicas y solares no pueden “prenderse” y “apagarse”, y si bien tienen curvas de generación relativamente predecible también dependen de condiciones climáticas. Además, la curva de generación de estas fuentes no necesariamente se ajusta al comportamiento de la demanda.

La generación distribuida y la incorporación de transporte eléctrico también pondrá presión a la “flexibilidad” del sistema (su capacidad de respuesta para mantener el constante balance entre oferta y demanda). Según datos de UTE las instalaciones para consumo propio, que también pueden inyectar producción a la red, son aproximadamente 5MW de eólica y 1MW de solar—todavía marginal.

El transporte eléctrico también es muy nuevo en Uruguay, pero gran parte del aumento esperado de la demanda eléctrica mundial viene por el lado de los vehículos eléctricos, por eso habrá que estar atentos. El proyecto Redes Inteligentes introducido por UTE hace poco busca precisamente hacer fuente a estos nuevos desafíos.

Además de la generación, también es clave continuar invirtiendo en transmisión y distribución. Si bien mucho se ha dicho sobre la mayor cantidad de cortes en el último tiempo, las cifras de frecuencia y tiempo medio de los cortes de luz no muestran una desviación significativa respecto a la media de los últimos 12 años—y se posicionan positivamente frente a datos de la región (3).

Precios competitivos: nuestro punto débil.

Tenemos un sistema eléctrico limpio y confiable, pero la electricidad es cara—de las más caras de la región (4). Lamentablemente, dada la ausencia de trasparencia a la hora de fijar tarifas es difícil saber si el nivel de precios es alto porque los costos de producción y distribución son altos, si es un tema operativo, de rentabilidad, o qué.

¿Tal vez ese es el costo de movernos a un sistema limpio y menos dependiente? Tal vez. Sin embargo, no parece ser el caso. El costo de generación hidráulica es bajo y los contratos de eólica (las dos fuentes más importantes en la matriz actual) no son altos, lo que hace pensar que esa no debería ser la causa de los precios altos.

¿Tal vez sea el resultado del empuje en los últimos años por lograr casi un 100% de electrificación? Tal vez, pero no hay información disponible al público para responderlo. UTE también ha tenido rentabilidades positivas que han sido trasladadas a rentas generales, lo que indica que ha habido márgenes positivos.

Es importante reconocer los logros: han sido sustanciales. El cambio de la matriz uruguaya es un ejemplo para el mundo. Pero el precio importa, y la comunicación también. Una unidad reguladora modelo podría atacar ambas cosas. Esa debería ser la próxima revolución.

(1) Datos de la Administración del Mercado Eléctrico (ADME).
(2) Datos de “Informe Anual 2017”, ADME. Último informe disponible.
(3) UTE, Informe de calidad de servicio eléctrico 2018, 
(4) Estimaciones de SEG Ingeniería.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados