Economista - Carlos Steneri

Límites del debate actual

Cercados por una realidad internacional compleja, el debate local gira entre la presentación del presupuesto quinquenal y los resultados de la investigadora sobre la gestión de Ancap.

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Sede de Ancap. Foto: Archivo El País

A pesar de la aparente distancia entre los sucesos externos y los de índole doméstica, la historia nos enseña que los primeros son determinantes en el devenir inmediato de nuestra economía. Y esa causalidad se magnifica cuando se trata de sucesos provenientes desde cualquiera de nuestros dos grandes vecinos.

A nivel global, la tónica generalizada es un aumento de la aversión al riesgo respecto a la gestión de las economías emergentes. El enlentecimiento de China junto al aletargamiento de Europa figura entre sus causas principales. La contracara en el mundo en desarrollo se expresa a través de pérdida de reservas, debilitamiento de las monedas y caída del nivel de actividad. Según el Instituto de Finanzas Internacionales, la salida de capitales hacia el mundo desarrollado ya representa la mitad de lo recibido desde 2008. Eso da lugar a un consenso creciente que proyecta un retorno de esas variables a los niveles de mediados de la primera década del siglo.

Efectos.

Sin dudas que ese tránsito genera efectos reales sobre variables como el ingreso y el empleo, cuya magnitud depende de las condiciones de cada economía. En nuestro caso, la situación regional agrega un grado de complejidad. Dado nuestro tamaño la historia también nos enseña que las variaciones bruscas del tipo de cambio real de Brasil y Argentina nos impactan fuerte. El debilitamiento constante del Real, motivado por una situación económica difícil retroalimentada por una crisis política, tiene dosis alta de incertidumbre. Eso lo convierte en el hecho más complejo que enfrenta nuestro país desde comienzos de siglo. De todos modos, una lectura equivocada de su impacto y de las acciones correspondientes para minimizarlo puede tener efectos sumamente adversos. En mi opinión, atenderlo es un tema prioritario que justifica postergar otros objetivos como la inflación. Lo peor es intentar remar contra este tipo de desequilibrios empleando reservas, pues una estrategia estéril que al final termina con una situación macroeconómica más comprometida y con menos reservas. Más aun cuando Argentina también se verá afectada con un impacto de índole similar proveniente de Brasil, con el agregado que opera con un mercado cambiario reprimido y distorsionado, perdiendo reservas, inflación elevada y yendo hacia una transición política peculiar.

Esta realidad regional —que es una repetición de sucesos similares no tan lejanos— nos encuentra mejor armados, pero exige cautela extrema en el momento de montar proyecciones y además despejar complacencia. Es más sabio actuar proactivamente con supuestos conservadores que corregir sobre la marcha forzado por los hechos.

Proyecciones.

En tal sentido, las proyecciones de crecimiento del PIB sobre las que se han montado las estimaciones del presupuesto quinquenal aun son elevadas, a pesar de las correcciones a la baja. Plantearse entre 1,5-2% para los primeros años es más realista que los supuestos actualmente empleados. Si ello es desmentido al alza, aparecerán automáticamente los famosos espacios fiscales, que podrán ser utilizados como en el pasado. Pero transitar el camino inverso desde el punto de vista político es diferente, pues revertir expectativas de gasto carga de desequilibrios el desempeño de la gestión macroeconómica y tensiona al tejido social. A su vez, es necesario tener en cuenta que los sucesos mundiales y regionales harán más astringente la disponibilidad de financiamiento externo. La aversión al riesgo a la demanda de financiamiento regional reforzará esa tendencia, elevando costos, acortando plazos y dejando al dólar como única alternativa disponible. Eso implica revertir el proceso de desdolarización y extensión de nuestro perfil de vencimientos.

Obviamente que la válvula de escape principal a este escenario es crecer más lo más rápidamente posible. Es aquí que entra el debate sobre la situación de Ancap. Lo que se está conociendo por vías diversas trasciende el efecto de los malos resultados que deterioran el desempeño fiscal. Suponiendo que esto se resuelva en parte, quedan por el camino los efectos perniciosos sobre el crecimiento global de la economía por la asignación deficiente de recursos que lleva adelante. Sobre ello no hay registros contables, pero intuitivamente es fácil de percibirlo cuando se piensa que asigna recursos para ofertar combustibles como el gasoil cuya calidad ya no cumplen los estándares de punta, para perder sistemáticamente en una actividad relativamente simple como la producción de portland o lanzarse a la producción de biocombustibles como palanca de desarrollo económico en una zona deprimida del país, perdiendo montos considerables. Todo ello percute desfavorablemente sobre la evolución del resto de la economía.

En el mundo complejo que se aproxima cada unidad de recursos mal utilizado tendrá su múltiplo de efectos adversos. Es en estos momentos donde más reluce la importancia del realismo de las políticas presupuestarias y la justificación de cambiar los rumbos estratégicos de Ancap.

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