Opinión

Sobre la licencia maternal

Una mayor licencia maternal aumenta el rendimiento académico y laboral de los hijos. El desafío de la política es no castigar a la mujer que toma esa licencia.

El gobierno estudia llevar la licencia maternal de 14 a 18 semanas en 2017. Foto: AFP
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En Noruega aumentaron la licencia maternal paga. El mayor tiempo que las madres pudieron destinar a sus hijos hizo que cayera la tasa de abandono escolar en 2% y que el salario de sus hijos aumentara 5% al cumplir 30 años de edad. Estos son los resultados de la investigación de Pedro Carneiro (University College London) y coautores. El estudio se titula A Flying Start? Maternity Leave Benefits and Long Run Outcomes for the Children y se publicó en el Journal of the Political Economy.

Existe un debate mundial sobre la licencia maternal.

Acompañando la tendencia de creciente inserción laboral de la mujer en los últimos 40 años, varios países —como Suecia, Noruega y Alemania— han migrado hacia sistemas generosos respecto a la licencia maternal de la mujer. En cambio, en otros países, ha permanecido la licencia maternal de corta duración y sin goce de sueldo. Y se instaló el debate: ¿la ausencia de licencia maternal paga está perjudicando solamente a la mujer o de alguna manera afecta también el desarrollo del hijo? Tomarse mayor tiempo de licencia, ¿impacta en la salud de la madre y muy poco o nada en el hijo? Es difícil responder científicamente estas preguntas.

Quizás observemos que las madres que se toman más días de licencia tienen hijos con mejor desarrollo físico o lingüístico. Pero no sabríamos si ese mayor desarrollo del niño está causado por los días de licencia o porque la madre es alguien muy comprometida con el cuidado de su hijo (el grado de compromiso es muy difícil de medir). De hecho, antes del estudio del investigador de University College London, la evidencia empírica sobre licencia maternal y desarrollo de los hijos era muy pobre, de mala calidad científica o inexistente.

En Noruega, hasta el año 1977, la licencia maternal era de hasta 12 semanas y sin goce de sueldo. En cambio, a partir de los niños que nacieron el 1 de julio de 1977, la licencia de la madre pasa a ser obligatoria de hasta 4 meses y con goce de sueldo. Los citados investigadores aprovecharon este cambio en la ley para comparar los niños que nacieron inmediatamente antes y después del 1 de julio de 1977.

Siguieron a todos esos niños hasta el año 2010, cuando alcanzaron los 33 años de edad. Carneiro y sus colegas miden el impacto de mediano y largo plazo de pasar a tener licencia más extendida y paga. Encuentran que, a los 18 años de edad, aquellos hijos nacidos después del 1 de julio de 1977, presentan menores tasas de abandono de la educación formal, y a los 30 años de edad presentan salarios un 5% mayor que aquellos hijos cuyas madres no recibieron el beneficio de licencia maternal paga.

Cabe preguntarse sobre cuánto incide este fenómeno en el futuro laboral de la madre. ¿Tuvo este aumento en la licencia maternal paga algún efecto negativo sobre la inserción laboral o el salario de la madre? Los autores comparan a las madres que tuvieron hijos antes y después del 1 de julio de 1977 y, cinco años después del nacimiento de sus hijos, no se observan efectos sobre su inserción laboral ni sobre sus ingresos. Esto hace pensar que la razón por la cual los hijos nacidos después del 1 de julio de 1977 presentan mejores resultados académicos y laborales es por el mayor tiempo que la madre dedica al hijo, ya que no cambió el ingreso disponible por esa madre.

La principal conclusión es que resulta muy difícil sustituir a los padres. Uno se podría preguntar: ¿qué pasa si no existiera la licencia maternal? ¿Lo cuidarían los abuelos, asistirían a centros diurnos, etc.?

Señalan los citados autores que ninguna de estas opciones es necesariamente un buen sustituto del tiempo de la madre en ese período de vida del niño. La sugerencia para los diseñadores de política es clara. Han de facilitar que los padres puedan dedicar tiempo a los hijos: esto tendrá efectos positivos en el hijo (educación, trabajo) que terminan beneficiando a toda la sociedad.

En suma, lo que se desprende de esta investigación es que la política pública no debe alentar la sustitución de los padres en sus tareas, sino buscar los mecanismos para fomentar que los padres puedan, ellos mismos, dedicar tiempo a algo que es clave para la sociedad: la crianza de los hijos. Y ya se ve que cuando se apoya a los padres, hacen bien su tarea: en Noruega la mayor dedicación de tiempo de la madre a su hijo tuvo un efecto significativo en la educación y el empleo, y este impacto positivo permanece incluso luego de 30 años.Alejandro Cid, licencia maternal, salario, cuidado de los hijos

(*) Alejandro Cid es Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo.

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