OPINIÓN

Las lecciones del vecino; para tomárselo muy en serio

Argentina nos muestra lo peligroso que es no tomarse en serio las restricciones presupuestales.

Foto: Pixabay
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Lo que pasa allende el Plata nos debería preocupar a todos. Pero más importante aún, nos debe llamar a la acción. Desde 2018 Argentina es un muy buen ejemplo de lo peligroso que es no tomarse las restricciones presupuestarias en serio. Sencillamente no es posible permanecer muchos años con déficit fiscales abultados y aumentando el endeudamiento por encima del crecimiento económico esperado.

La economía política y las coyunturas concretas muchas veces incentivan a postergar el abordaje de estos problemas o incluso promueven agravarlos para tener un beneficio de corto plazo. Pero esto siempre encuentra un límite, que en general aparece cuando el viento cambia mínimamente y hace tambalear una construcción tan frágil. Cuando la piola se rompe, siempre terminan llevándose la peor parte los más pobres y las familias de ingresos fijos.

En nuestra región puede observarse una correlación muy estrecha entre déficit fiscal durante la bonanza económica y el crecimiento a partir de 2015. En corto, países como Chile, Perú o Colombia, que fueron responsables fiscalmente durante el boom de los commodities, son hoy en día los que están creciendo a mayores tasas. El caso contrario lo vemos en Argentina, Brasil o Venezuela, que luego de la gran expansión vivida cayeron en profundas crisis producto de sus enormes desajustes. Hablar de prudencia fiscal es aburrido pero es una condición absolutamente necesaria para la prosperidad de mediano y largo plazo. No existen países que logren mejoras sostenidas en los ingresos de las personas sin estabilidad y prudencia fiscal.

Uruguay no tiene los niveles de desajustes de Argentina, pero sí tiene el mayor déficit fiscal de los últimos 30 años con una economía básicamente estancada. Hoy, aún conservamos el investment grade y acceso a financiamiento que nos permitiría ordenar las cuentas de manera razonable. Esperar hasta el 2020 para empezar a trabajar no es responsable. No sabemos con certeza cuánto tiempo más contaremos con la posibilidad de implementar ordenadamente un plan gradual, por lo que es imprescindible poner en marcha acciones que reduzcan las vulnerabilidades que evidentemente tenemos. Cuanto más tiempo permanezcamos sin hacer nada, que en los hechos es permitir que el problema se agrave, más nos iremos acercando lenta y peligrosamente a la situación argentina.

El actual gobierno hace rato puso el piloto automático en materia económica. No solo parece haberse rendido en el frente fiscal, sino que tampoco tiene una propuesta clara para reactivar el declinante crecimiento. Vamos hacia un 2019 con expectativas de crecimiento del PIB por debajo del 1%, lo cual nos coloca entre los que menos crecerán de la región. La inversión ya hace varios años está en niveles muy bajos; sin inversión no hay crecimiento, sin crecimiento no hay mejoras sostenibles. Necesitamos que el gobierno sea mucho más proactivo y que tome acciones concretas para reactivar la inversión y crecimiento, esto también es parte fundamental de reducir las vulnerabilidades a las que estamos expuestos.

En resumen, en la presente campaña electoral escucharemos a muchos tratando de mostrar el riesgo que tenemos de terminar como Argentina, lo cual es razonable y legítimo. Sin embargo, el planteo debe ser sincero y no para la tribuna. La principal lección que nos deja Argentina es lo peligroso que es subestimar las restricciones presupuestales privilegiando el cálculo electoral de corto plazo. La irresponsabilidad se paga a la corta o a la larga, y en general la pagan los más débiles. Uruguay tiene el mayor déficit de las últimas tres décadas y no hacer nada es seguir el camino argentino. El gobierno debe actuar ahora y no tirarle el fardo al próximo si el deber patriótico pesa más que el cálculo electoral.

(*) En colaboración con Hernán Bonilla. Centros de Estudios para el Desarrollo (CED).

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