Opinión

¿Le alcanzará al gobierno con metas económicas modestas para ganar las elecciones?

La decisión de Cristina Fernández de nombrar a su candidato a presidente, más allá de ser una jugada inesperada con resultado electoral incierto, es realmente una novedad en política: que un candidato a vice elija a su candidato a presidente no es común.

Mauricio Macri. Foto: AFP
Mauricio Macri. Foto: AFP

De lo anterior se desprende que, inevitablemente, Alberto Fernández responderá a las órdenes de Cristina Fernández, repitiéndose el famoso “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, salvo que Fernández traicione a Cristina Fernández si ella no toma los recaudos correspondientes para evitar la traición.

Lo cierto es que el mercado financiero no tomó con espanto esta decisión y el tipo de cambio se mantuvo estable, con tendencia a la baja en los días siguientes al anuncio de Cristina Fernández.

Al momento de redactar esta nota, el escenario político de cara a las elecciones es totalmente incierto. Si bien Cristina Fernández ya decidió su fórmula, habrá que ver si se mantiene hasta junio cuando haya que presentar las listas definitivas.

Por el lado del gobierno, se insiste con que Macri va a ser el candidato a presidente, aunque hay indicios que nada es definitivo en este tema si Macri no mejora en las encuestas como para tener chances de ganar las elecciones.

El peronismo “no K” parece quedar deshilachado con la salida de Lavagna de Alternativa Federal y los coqueteos de Massa con el kirchnerismo. De manera que todo es incertidumbre, por ahora, de cara a las elecciones. Un solo dato es cierto: cualquiera que gane las elecciones va a tener que convocar a la oposición para poder encarar grandes reformas estructurales, porque ninguna fuerza política tendrá espalda suficiente como para llevar adelante sola la enorme tarea de poner orden en la economía argentina.

Sobre el kirchnerismo en particular: puede apuntar al populismo descontrolado que lo caracterizó en sus 12 años de gestión, pero ojo, que las condiciones regionales y nacionales son totalmente diferentes. Para empezar, ya no lo tiene a Chávez para que le preste a tasas exorbitantes, Bolsonaro no tiene interés en aliarse con Cristina Fernández, Piñera está en las antípodas del pensamiento ideológico del kirchnerismo. Correa ya no está y lo único que le queda al kircherismo en la región es Evo Morales, que tiene tendencias autocráticas pero no saca los pies del plato.

En lo local, el gasto público consolidado ahora es del 47% del PIB y no del 30% cuando llegó Cristina Fernández en 2017; la soja no está en U$S 480 promedio, que fue el precio promedio del que disfrutó durante su gestión; la presión impositiva es el doble que en 1999; tampoco tiene acceso al financiamiento externo y el FMI ya le dio todo lo que podía darle a Argentina. Recordemos que De la Rúa gobernó con un precio promedio de la soja de U$S 179 la tonelada. En todo el período kirchnerista el precio de la soja estuvo en un promedio anual de U$S 372, en el primero gobierno de Cristina Fernández el precio promedio de la soja fue de U$S 484 la tonelada y en el segundo mandato el precio promedio fue de U$S 467 la tonelada. Eso ya no existe.

La semana pasada, el sindicalismo le hizo otra huelga general a Macri. Es evidente que tanto el sindicalismo como el gobierno no terminan de salir de sus contradicciones. Por un lado los sindicatos protestan porque el gobierno se endeuda con el FMI y por los despidos, pero también se opone a que el gobierno baje el gasto público. ¿Cómo pretende el sindicalismo que se financie el gasto público que no baja? Además, si el sector público no ajusta, el ajuste termina recayendo plenamente sobre el sector privado con la correspondiente pérdida de puestos de trabajo. Entre marzo de 2018, un mes antes que comenzara la recesión, y marzo de este año, los empleados en relación de dependencia del sector privado perdieron 161.000 puestos de trabajo, en tanto que el sector público (nación, provincias y municipios) aumentó su plantilla en 4.000 empleados. El sindicalismo solo se concentra en defender a los que hoy tienen trabajo pero que por la recesión lo siguen perdiendo, sin reconocer que todo el ajuste recae sobre el sector privado.

Por su parte, el gobierno por querer evitar conflictos sociales no bajó el gasto público y se endeudó pero el conflicto social lo tiene igual, porque los sindicalistas y la oposición lo critican de todas formas por haberse endeudado con el FMI y por la pérdida de los puestos de trabajo en el sector privado, pero nada dicen del aumento del empleo público desde que comenzó la recesión en abril de 2018.

Todo parece indicar que la elección se va a definir entre el desencanto con Macri por la situación económica y el rechazo al kirchnerismo por su pasado de gobierno corrupto y autoritario.

La buena noticia para el gobierno es que el Indicador General de Actividad que informa Orlando Ferreres y Asociados todos los meses, una especie de anticipo de la evolución del PIB, muestra en abril una recuperación del 1,2% respecto a marzo en términos desestacionalizados y si se observa la variación interanual, la caída se reduce notablemente al 1,5%, luego de haber disminuido el 8,6% en marzo 2019 con relación a marzo 2018. Es decir, de mantenerse esta tendencia, el gobierno podría empezar a mostrar datos de actividad menos graves que en el último año, con el agregado de que los acuerdos salariales empezarán a regir justo antes de las elecciones, amortiguando la caída del consumo y, tal vez, mejorándolo muy levemente.

No es imposible que el gobierno llegue a las elecciones con una inflación en baja respecto al pasado, con el mercado de cambios relativamente controlado y con un nivel de actividad que, al menos, haya encontrado un piso a la recesión. Ahora, si eso le alcanzará para ganar las elecciones, es el gran interrogante que domina al mundo político en particular y a la población en general.

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