CARLOS STENERI

Laberintos de la economía internacional

En los últimos días ocurrieron dos hechos económicos significativos localizados en Europa, con impacto global. Por un lado, el Banco Central Europeo anunció una formidable expansión monetaria por un monto de 500 mil millones de euros para combatir la deflación rampante en el viejo continente. 

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El Banco Central liberó la relación francos-euros. Foto: Archivo El País

Su instrumentación, que se llevará adelante a través de la compra de bonos de países europeos, buscará inyectar liquidez a su sistema bancario, para que sea volcada a la expansión del crédito al sector privado. Esta fórmula se asemeja al quantitativeeasing instrumentado por la Reserva Federal de Estados Unidos, con la esperanza de que revierta el letargo europeo. De lo que si hay certeza, es que el anuncio promoverá una caída de la cotización del Euro respecto al resto de las monedas relevantes. En los hechos, el euro está ya a niveles más bajos que los imperantes en el 2008.

Reacción.

Inmediatamente, Suiza abandonó sorpresivamente la política de topear la revaluación de su moneda, al no permitir que la paridad del franco suizo respecto al euro superara el valor de 1.20 por unidad. Tal postura tenía como justificación paliar los efectos adversos de la apreciación excesiva de su moneda motivada por la avalancha de capitales de origen europeo buscando la protección del franco suizo al considerárselo como una suerte de sustituto del viejo rol que cumplía el marco alemán ante circunstancias de inestabilidad económica europea.

El resultado fue la expansión del balance del banco central suizo, con motivo de las compras sustanciales de moneda extranjera para sostener la paridad pre anunciada. Para tener idea, su magnitud en términos de PIB (74%) supera con creces a las que hicieron oportunamente la FED y el Banco de Japón con sus programas de expansión monetaria. Asimismo, la tasa de interés nominal se fijó en valores negativos (-0,25%) para plazos cortos y nula para el resto, Sin duda esos resultados mostraban que se había llegado a un límite riesgoso de traspasar, máxime cuando el Banco Central Europeo anunciaba otra ronda de expansión monetaria extraordinaria. Ese cambio promovió una revaluación instantánea de la moneda de más del 20%, valor impensado cuando se trata de una moneda que es reserva de valor a escala internacional. La norma en episodios de volatilidad extrema entre monedas relevantes es del 2-3% diarios, lo cual muestra la envergadura del fenómeno y el efecto disruptivo potencial sobre los mercados financieros.

Consecuencias.

Las implicancias finales de ambos anuncios todavía no se han manifestado, aunque ya es posible vislumbrar algunas. En primer lugar, el euro, liberado del freno que limitaba su depreciación contra el franco suizo, continuará decayendo hasta tanto la ansiada recuperación europea tome cuerpo. A su vez ya están ocurriendo efectos adversos de segundo orden explicados por países de la periferia europea, endeudados en la moneda suiza, que aprovechaban de la tasa de interés casi nula y el seguro de cambio que aportaba gratuitamente la autoridad monetaria helvética.

Pero lo más importante es que esos movimientos consolidan el fortalecimiento de la divisa norteamericana como moneda de reserva por excelencia. Y en esa lógica, los países emergentes que pertenecen al área dólar tienen por delante otro desafío por resolver, que se une al deterioro de la cotización de sus productos de exportación. Exportarle a Europa como a países de su periferia, incluida Rusia, se hará más difícil por el tema cambiario. A su vez, estarán importando deflación a través de la caída de la cotización de los precios de los bienes transables, lo cual ayudará en abatir presiones inflacionarias domésticas pero aplicará presiones adversas sobre el nivel de actividad.

Apertura.

En esta coyuntura particular, las economías con altos niveles de productividad, con sectores productivos asociados a cadenas de valor integradas transnacionalmente y acceso pleno y sin distorsiones en los mercados internacionales, serán quienes podrán capear mejor los episodios de volatilidad que se avecinan.

Alemania y Brasil representan dos paradigmas con situaciones y resultados totalmente opuestos. En el primero, su desempeño económico robusto se apoya en una economía consolidada en lo macroeconómico, con un sistema de formación de precios altamente flexible y un altísimo grado de apertura dado su tamaño. Sus exportaciones equivalen al 50% del PIB con una alta participación de los productos manufacturados o semi industrializados (insumos). Las importaciones son el 32% del PIB.

Brasil opera en el otro extremo del espectro, con uno de los grados de apertura comercial más bajos del mundo (24%) con exportaciones que son apenas el 14% del PIB, concentradas mayoritariamente en minerales y bienes agropecuarios destinados a China. El sector automotor es una muestra de los efectos de la protección. Ocupa el séptimo lugar como productor mundial de automóviles, pero se encuentra en el lugar vigésimo primero como exportador de vehículos, principalmente a Argentina a través del Mercosur. Como indicador de su baja productividad provocada por el encierro, México logró integrar a sus plantas de vehículos en las grandes cadenas y mercados para lo cual sus plantas producen en promedio 53 vehículos por trabajador por año, en tanto en Brasil sólo se producen 27 a pesar de que el 85% son autos pequeños versus 54% en México.

Desafíos.

Los anuncios recientes y las realidades que presentan países relevantes del mundo dejan varios corolarios.

En primer lugar, los intentos de remar contra la corriente en materia de mercados cambiarios tienen corta vida, y sus beneficios netos son escasos cuando no negativos. A lo sumo se logran postergar los efectos indeseados pero a la larga estos se manifiestan de manera implacable y a veces magnificada. La revaluación reciente del franco suizo es su mejor prueba.

En segundo término, el experimento de recurrir a la expansión monetaria extraordinaria por parte del Banco Central Europeo para impulsar el crecimiento económico del continente europeo es un recurso de última instancia con un signo de interrogación sobre sus resultados. En Japón no funcionó después de más de una década de intentos. En tanto, no está claro que el despegue actual de la economía estadounidense obedezca sólo a la política monetaria expansiva de la FED. Sin dudas, el alto grado de flexibilidad de su estructura productiva juega un papel preponderante en los resultados actuales.

A su vez, para los países con estructuras productivas arcaicas fruto de la alta protección, y desbalances macroeconómicos serios, los tiempos venideros no son los mejores para introducir reformas estructurales impostergables. Brasil es uno de los casos más relevantes, pero hay otros cercanos.

Por último, las nuevas circunstancias que muestran a un mundo en reversa les han dado un golpe de gracia a los modelos de crecimiento basados en la alta protección, y fuerte expansión del gasto público como aliciente de la demanda doméstica. Son justamente esos países los que soportan los niveles de crecimiento más bajos, los que enfrentan los mayores desafíos para adaptarse a las nuevas circunstancias y por ende, los que tienen menos perspectivas de salir rápidamente del paso.

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