OPINIÓN

Un invisible poderoso

Esta es la tercera de una serie de columnas donde he discutido diferentes aspectos de la industria del gas natural, un sector amplio cuyas partes tienen diferentes características y por tanto modelos de negocio y riesgos distintos, aunque a todo lo llamemos “gas”. 

Foto: El País
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En la primera columna resumí los tres grandes segmentos de la industria del gas y el rol del gas en la transición energética. En la segunda resumí el negocio, la formación de la tarifa y aspectos de la regulación del gas natural por cañería en Uruguay.

Dado que el gas como recurso ha estado tomando más importancia a nivel global —que ha resultado en gran crecimiento del comercio de gas natural licuado (GNL) (1)—, en esta columna pongo foco en el GNL, un mercado que hay que seguir de cerca dado que podría ser una alternativa viable en un mediano plazo para consumo industrial y residencial, o incluso para complementar las renovables en nuestro sistema eléctrico.

Antes de entrar en los detalles del mercado de GNL, vale recordar por qué el gas natural se ha “puesto de moda”. Tres razones: primero, es un buen sustituto de otros recursos más contaminantes, como el petróleo y carbón, de especial importancia a medida que los países buscan reducir sus emisiones y cumplir con sus metas del Acuerdo de Paris (entre otras). Segundo, también ha permitido contrarrestar las reducciones de inversiones y/o retiros anticipados en instalaciones a carbón y plantas nucleares en varios países (ej: China). Tercero, se ha convertido en un combustible clave en la generación eléctrica, ya que puede entregar energía pico en momentos de alta demanda, otorgando seguridad de suministro en sistemas con alta penetración de energías renovables variables.

Una de cada cinco “unidades” de energía que se consumen en el mundo proviene del gas y se destina principalmente a abastecer a la industria. Además, casi uno de cada cuatro electrones consumidos proviene del gas. Un invisible poderoso.

GNL: un “casi commodity”

Mientras que la demanda global de gas natural creció un 4,6% el año pasado —un “año dorado” según un informe de la IEA— el GNL creció incluso más del doble, por tercer año consecutivo (2). El aumento de la demanda viene de la mano de un mayor consumo principalmente en países Asiáticos. Estados Unidos y China serán los dos principales productores de gas natural, aunque China será también un gran importador, mientras EE.UU., Rusia y Australia serán los tres mayores exportadores del combustible.

Además de crecer, el comercio de GNL ha ido evolucionando en los últimos años y hoy se observan contratos más flexibles (3). Dadas las altas inversiones de capital que requieren las plantas de licuefacción y regasificadoras, estas instalaciones se financiaban, en su mayoría, contra contratos de largo plazo (como el que Uruguay buscó tener con Argentina para la cancelada Planta Gas Sayago).

Sin embargo, hoy se ven contratos más flexibles y han aumentado los contratos sin destino específico. Además, hay más compradores dispuestos a obtener participación patrimonial en la cadena de valor (invirtiendo en las plantas de licuefacción por ejemplo). Estos cambios muestran que compradores y vendedores están dispuestos a tomar más riesgo de demanda.

Además, la reducción del precio del gas en los diferentes mercados hace que los compradores tengan menos apuro por asegurar contratos de largo plazo. Estas señales muestran un mercado que se ha vuelto más “commodity”, y donde los inversores están más dispuestos a invertir y tomar riesgo.

Seguir de cerca el mercado de GNL puede ser beneficioso para un mediano plazo, si surgen nuevas necesidades de demanda o si, por ejemplo, se decidieran aumentar las opciones para el consumo industrial y residencial; aún si actualmente Uruguay no tiene necesidad de expandir la matriz energética. Dado el mayor dinamismo del mercado de GNL, junto con una fuerte expansión de la producción, se espera buena disponibilidad y precios competitivos en los próximos años.

La viabilidad del proyecto original de la planta de regasificadora de Uruguay dependía en gran parte de obtener un compromiso de importación de Argentina, algo que no se concretó y se vuelve casi impensable dado el reciente crecimiento de la oferta del gas desde Argentina (Vaca Muerta). Pero esto abre también alternativas de suministro para Uruguay, dependiendo de cómo se desarrolle el sector en el vecino país.

Por ahora estamos en un lugar cómodo desde el punto de vista de capacidad, que nos permite ver cómo evolucionará el mercado para mientras considerar si el gas pudiera ser una opción de mediano plazo, al menos para ciertos segmentos de la demanda.

(1) El GNL es un gas que se transporta en estado líquido (llegando a 160 grados Celsius bajo cero). Se licúa en origen, se transporta en buques y se vuelve a gasificar cuando llega a destino, donde luego se distribuye en gasoductos. Esto permite comercializar gas entre mercados en diferentes partes del mundo y/o donde no hay gasoductos que conectan la oferta con la demanda. Si bien ha permitido monetizar reservas, también tiene altos costos iniciales de inversión.
(2) IEA, Gas 2019, “Analysis and forecasts to 2024,” https://www.iea.org/gas2019/
(3) Idem.

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