Alejandro Cid - Columnista Invitado

Invertir en habilidades

La inversión en ser mejores padres y mejores cónyuges impacta en el capital humano del niño desde que está en el útero materno.

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La transferencia de capital humano a los niños. Foto: Archivo El País

Unos meses atrás, David Figlio, investigador de Northwestern University, publicó en American Economic Review un estudio que mide el impacto del peso al nacer sobre las habilidades cognitivas del niño: "The Effects of Poor Neonatal Health on Childrens Cognitive Development (2014)". Existe un rol positivo para las políticas que procuran mejorar el entorno del nacimiento: para tener efecto sobre el capital humano acumulado del niño, hay que apuntar a los padres desde el primer momento de la concepción.

Apuntar a los padres.

En los comienzos de la investigación en esta área, el énfasis estaba en el capital humano que acumulaban los niños en su educación formal. Recientemente, el interés ha ido cada vez más hacia las etapas anteriores: al preescolar, y ahora incluso al medio ambiente del niño cuando está en el útero materno. Ya hoy se cuentan por decenas los estudios que miden el impacto del consumo de alcohol, cigarrillos, drogas, etc. de la madre que está gestando, sobre las capacidades que desarrollan los niños. Algunos investigadores se han servido de epidemias para estudiar el efecto sobre el niño de enfermedades que sufre la madre en el período de gestación (Douglas Almond, profesor de Columbia University, publica un estudio en el Journal of Political Economy sobre la exposición a una epidemia de gripe que sufren mujeres que están gestando y el efecto sobre el capital humano de sus hijos).

James Heckman, premio Nobel de Economía, laureado por sus investigaciones en los procesos de desarrollo de habilidades, resumía —en un artículo publicado también en American Economic Review— los recientes descubrimientos en materia de formación de capital humano. Señala que "la familia juega un rol clave en la formación de las habilidades de los niños a través de la genética, de las inversiones que hacen los padres en sus hijos, y del medio ambiente que eligen para sus hijos".

Heckman está vivo.

Frente a los modelos simplistas que pretendían explicar la acumulación de capital humano considerando la niñez como un período homogéneo, Heckman construye un nuevo modelo, ampliamente aceptado actualmente por investigadores y educadores. Su modelo recoge lo que hoy es evidencia indiscutible: a) que la influencia de los padres es un factor clave para explicar el desarrollo de los niños; b) que hay que distinguir las inversiones en capital humano que se hacen en los primeros meses de vida respecto a las inversiones en la niñez más tardía (no son inversiones que tranquilamente se puedan omitir en un período y compensar en otro); c) que esas inversiones impactan no solo en factores cognitivos sino también en no cognitivos (perseverancia; motivación; aversión al riesgo; autoestima; autocontrol; preferencia por el ocio); d) que la dicotomía talentos-habilidades es engañosa: no existen rasgos meramente heredados sino que talentos y habilidades son maleables y están estrechamente interconectados; f) que la distinción "nacer vs. hacerse" es obsoleta.

Señala Heckman que el capital humano que acumula un niño o adolescente va a ser el fruto de tres factores: las condiciones en la que nazca (educación de los padres, medio ambiente del hogar, carga genética), la inversión que realicen los padres en capital humano cuando sus hijos tienen escasos meses de vida, y la inversión que hagan los padres cuando el niño es más grande o incluso adolescente.

Existen momentos claves en la vida de un niño, donde la ausencia de inversión de los padres tiene efectos enormes y son difíciles o costosísimos de remediar con inversiones futuras. Heckman cita ejemplos que avalan esa afirmación: si un niño aprende un nuevo idioma antes de los 12 años, es más probable que hable sin acento; si las reglas de sintaxis y gramática no se aprenden en los primeros años de educación, es muy difícil que lo adquieran después; un niño que nace con una catarata quedaría ciego si no se remueve la catarata en el primer año de vida. Cuanto más se tarde en aplicar el remedio a un niño que se encuentra en una situación desfavorable, menos efectivo será el remedio.

Los programas educativos que se aplican a adolescentes para combatir los déficit cognitivos que se adquirieron cuando eran niños pequeños han resultado ineficaces en su mayoría o altamente ineficientes (una asignación enorme de dinero para conseguir unos resultados magros).

Inversiones.

¿Es suficiente con invertir cuando son pequeños o incluso no nacidos? Señala Heckman que la inversión a temprana edad es necesaria pero no suficiente. La inversión en los primeros años de la niñez demanda que se invierta también en la niñez tardía o adolescencia. El programa Head Start aplicado en Estados Unidos y dirigido a mejorar la capacidad de lectura de niños en situación vulnerable evidenció que no es suficiente concentrar únicamente las inversiones cuando son pequeños: luego de que esos niños dejaron el programa y volvieron a sus ambientes vulnerables, lo que se había ganado en términos de capacidad de lectura se hizo luego inexistente. En términos técnicos, la inversión en los primeros meses de vida y la inversión en la adolescencia no son bienes "sustitutos" sino "complementarios".

No solo las capacidades cognitivas que se desarrollan cuando niños impactan en sus logros cuando son adultos. También juegan un rol clave las habilidades no cognitivas como el autocontrol, la motivación, la capacidad de superar obstáculos o de levantarse luego de las caídas.

El medio ambiente del hogar y las inversiones que hagan los padres determinan en gran medida el capital humano que tendrán sus hijos cuando dejen de ser niños. ¿Reciben los padres, a manera de herencia, todas las cualidades para ser buenos padres y buenos cónyuges? ¿No tendrán que invertir en aumentar su capital humano para ser mejores padres y mejores cónyuges? Es paradójico ver cómo una persona se puede dar cuenta de que necesita saber más finanzas para mejorar su negocio e invierte tiempo y dinero en formarse, pero al mismo tiempo esa persona piensa que ser buenos padres y buenos cónyuges es algo innato, genético, heredado, no maleable, y por tanto piensa que no necesita mejorarse.

Ahora es el momento.

La expansión —casi universalización— de los programas dirigidos a la temprana infancia en todas las capas sociales de Uruguay, nos hace estar en una ocasión única para que gobernantes y educadores diseñen intervenciones dirigidas a aumentar el capital humano de los padres que concurren a sus CAIF o Preescolares, para ser mejores padres y mejores cónyuges (cursos de orientación familiar, de amor matrimonial para parejas recién constituidas o para aquellos cónyuges que ya cuentan por decenas los años del hogar que formaron, de padres con hijos pequeños o hijos adolescentes o hijos que ya formaron otro hogar). Así como hay conocimiento científico y evidencia empírica acerca de cómo aumentar el capital humano de los niños, también existen fundamentos serios para mejorar como padres y como cónyuges. ¿Cuánto está invirtiendo usted en esto?

Siempre se puede decir: ¡ahora comienzo!

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