ISAAC ALFIE

"Inversiones" que no son Inversiones

La discusión sobre los balances "superavitarios" de ALUR me motivaban a mostrar las reales cifras de esta empresa, pero los comentarios y análisis que he visto y oído de diversos actores políticos y técnicos me parecen más que suficientes.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Para el gobierno es una obra esencial y sigue demandando recursos. Foto: Gas Sayago

Basta decir que parece un exceso medir el resultado de una empresa por un "papel que ella misma publicaba" cuando:

a. la sociedad paga, vía precio de compra de Ancap, no menos de US$ 100 millones al año en exceso sobre el precio internacional,

b. que el sobreprecio en el etanol es 4 veces y en el biodiesel del orden del 75%

c. que a dicha empresa nadie le presta un peso sin que Ancap le firme de garantía,

d. Ancap no le cobra el costo de la garantía (subsidio implícito),

e. Entre las "ganancias" está la condonación de millones de dólares de préstamos que la propia Ancap le hizo,

f. y que, aun así, hasta el año 2013 la auditoría objetaba las cifras presentadas como positivas y cuantificaba las pérdidas no declaradas.

Aún si tomáramos como ciertas las "ganancias" y las comparáramos con el capital invertido, también advertiríamos lo ruinoso de éstas.

Definición.

Desde una óptica estrictamente económica, inversión es todo bien producido cuyo consumo no se agota en el mismo período. Esto es, su consumo se da durante al menos más de un año. Ahora bien, la gente cuando invierte deja de consumir en el presente buscando un mayor consumo futuro, entonces para que algo merezca el calificativo de inversión, ese gasto debe tener un rendimiento que compense la abstinencia de consumo presente. En general esto se mide por la tasa de retorno que es la compensación que las personas suelen requerir por riesgo asumido y la privación presente.

Para medir el retorno de una inversión hay que contabilizar primero el gasto incurrido y luego las utilidades que se generan a lo largo de la vida útil del mismo. Si las utilidades no cubren el costo de capital o, cubriéndolo, no compensan los intereses implícitos que el dinero erogado hubiese generado, la supuesta inversión no es tal, transformase en un gasto estéril.

Ejemplos.

Como en todos los campos de acción, no siempre lo que se piensa que son inversiones rentables terminan siéndolo. Eso le pasa al sector público y privado, y por tanto para minimizar los fracasos se suelen contratar personas idóneas en finanzas y conocedoras de la actividad en particular que formulen los planes de negocios, calculen costos, requerimientos de capital, etc. Normalmente se dimensionan las inversiones conocidos los precios de mercado, costos operativos y la proyección de demanda. Cuando se trata de obras de infraestructura pública, en ocasiones el retorno de la inversión se mide por ahorros globales e ingresos que se le genera a la sociedad y no por utilidades directas. Es el caso de las vías de tránsito, los puentes, el dragado, etc., donde es factible estimar razonablemente los flujos.

Así como a nadie se le ocurre invertir para producir algo que nadie compra, o cuyo precio de venta no absorbe el costo, tampoco se hacen rutas donde no hay tráfico, salvo que sean producto de "decisiones políticas" sin sustento técnico. Estas "inversiones políticas" son recursos que la sociedad aporta sin que le reporte una contrapartida que compense su esfuerzo y por tanto, se pierde bienestar a nivel general, así de crudo y sencillo. No todo lo que se llama inversión lo es como tal. Los ejemplos de los últimos años son elocuentes principalmente en Ancap, pero no sólo en esta empresa. Las plantas de portland, cal, ALUR y otras están en los titulares, pero también los sobredimensionados gastos en fibra óptica, la regasificadora y el exceso, en especial los últimos proyectos de UTE, de generación de energía eólica constituyen demasiados casos, demasiado grandes. Son algunos miles de millones de dólares que la sociedad ha dilapidado y que llamarlos "inversiones" es un eufemismo lindante en el chascarrillo.

Consecuencias.

Es común confundir el gasto de una sola vez con erogaciones recurrentes. En el primero, se pone el capital y, ante el fracaso, hasta allí llegó el daño. Lo gastado en la regasificadora termina ahí, y cerrando Gas Sayago alcanza para cortar los gastos permanentes que aún quedan.

Lo mismo pasa con la parte en que se sobredimensionó el tendido de fibra óptica. Distintos y mucho peores son el resto de los casos, porque seguimos año a año aportando dinero al vacío, dinero que, una vez se suma termina superando en varias veces la inversión de capital en sí y que pagamos mensualmente con nuestros impuestos y el costo de las tarifas.

La actual administración, desde el inicio dispuso una vuelta a lo que fue el control de las inversiones hasta el 2005, el que progresivamente se dejó de lado y bajo la presidencia de Mujica se fue totalmente de madre. Ello puede encauzar las cosas hacia adelante pero el costo hundido habrá que pagarlo y, especialmente los costos recurrentes, abonarlos en la tarifa de combustibles, telecomunicaciones y energía, donde, parte importante de los aumentos obedecen a ello.

El monto registrado como inversión durante el período de gobierno anterior es, para el gobierno central, inferior a los promedios históricos, en tanto en las EE.PP. salvo 2013 y 2014, tampoco difieren en demasía de los de épocas normales. Sin embargo, los casos donde las "inversiones" parece no ser tales, son unos cuantos.

Medir las inversiones por el dinero contabilizado es una manera de hacerlo que puede decir muy poco acerca de la realidad, los hechos son prueba palmaria.

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