NÉSTOR GANDELMAN

Inversión o productividad

Hace aproximadamente dos meses renunció Andrés Masoller al Ministerio de Economía y Finanzas. Según trascendió, el detonante fue la negociación con UPM.

MEF quiere que salarios se negocien sin claúsulas indexatorias. Foto: M. I. Hiriart
Foto: Archivo El País.

Desde enero asumirá como Jefe de Asesoría Macroeconómica Cristian Daude, un economista de muy sólida formación, con un doctorado en la Universidad de Maryland y experiencia profesional en la sede central en Washington del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la oficina en París de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y en Buenos Aires como director de investigación de CAF Banco de Desarrollo América Latina. En esta nota reflexiono sobre la base de un estudio de Daude y otros colegas.

Expansión económica.

Una pregunta clásica de los estudios de crecimiento económico es, cuánto del crecimiento de un país se debe a la acumulación de factores de producción y cuánto se debe a su productividad. Los factores de producción en una economía son su capital físico y su capital humano (eventualmente también sus recursos naturales). El capital físico refiere a los medios de producción tales como máquinas y construcciones. El capital humano es la potencialidad productiva de la fuerza laboral que a su vez depende de la cantidad de trabajadores y de la capacidad, habilidad y educación que tengan estos trabajadores.

La productividad (formalmente la productividad total de los factores, PTF) es la relación con la que diferentes dosis de capital físico y humano se transforman en producción nacional. En definitiva, un país puede producir más porque tiene más factores de producción (capital físico y humano) o porque es más eficiente en el proceso de transformar estos factores en producto final (más productivo).

¿Y por qué puede un país ser más productivo que otro? Obviamente, la tecnología disponible juega un rol fundamental, pero no es sólo eso. Es clave la forma en que los mercados funcionan, cuán eficientes son, cuántas rispideces hay para asignar los recursos de la mejor forma y la capacidad de potenciar o deteriorar esta eficiencia por parte de los servicios públicos.

En febrero del 2010, Daude junto con Eduardo Fernández-Arias (también uruguayo y economista) publicaron en la web del BID un documento titulado "On the Role of Productivity and Factor Accumulation in Economic Development in Latin America and the Caribbean".

Daude y Fernández-Arias estiman que parte del rezago de América Latina relativo a otras partes del mundo se debe a falencias en acumulación de factores o falencias en productividad. En mayo del 2016, Fernández-Arias actualizó el estudio junto con Sergio Rodríguez-Apolinar. Los resultados se mantuvieron incambiados.

Encuentran que el crecimiento relativamente más lento de América Latina se debe a un lento crecimiento de su productividad, que la productividad no está acercándose a la frontera (catching up) y que se encuentra aproximadamente en la mitad de su nivel potencial.

En términos de política, esto implica que para que el ingreso per cápita de la región se aproxime a los de los países más avanzados, es necesario concentrarse en resolver la brecha de productividad. Resolver las barreras respecto a la acumulación de factores tendrá efectos relativamente menores. Nuevas inversiones significan esencialmente más capital al servicio de la economía. Potencialmente, significan también nuevas tecnologías y formas de producción. Sin embargo, según Fernández-Arias y Rodríguez-Apolinar el efecto de nuevas inversiones sobre mejoras en la productividad son muy bajas.

En conclusión, del punto de vista del crecimiento económico de América Latina la inversión en capital físico y la mejora de su capital humano son importantes, pero mucho más importante es atacar la brecha de productividad.

Datos y estadísticas.

En Uruguay tenemos dificultades aún para medir la productividad. La metodología de los estudios mencionados es útil para cuantificar cuánto del crecimiento se debe a la acumulación de factores y cuánto a productividad, pero, como está basada en datos macroeconómicos, no permite entender lo que sucede a nivel micro.

La clave para entender la brecha de productividad pasa por mejorar nuestra comprensión a nivel de las unidades productivas. Es necesario un enfoque aplicado basado en técnicas micro-econométricas.

Con Carlos Casacuberta hemos realizado varios trabajos. Todos ellos se encuentran disponibles públicamente en la web de las instituciones universitarias en las que trabajamos. Lamentablemente, los últimos micro-datos que hemos utilizado son de una década atrás. El Instituto Nacional de Estadística tiene un gran atraso con la Encuesta Anual de Actividad Económica. Los últimos datos publicados son de 2012 y hasta donde estoy informado los micro datos de 2008-2012 no han sido utilizados y son de difícil acceso.

Por otro lado, me consta que en el Ministerio de Industria, Energía y Minería hay un proyecto para avanzar en las mediciones de productividad.

Entiendo que este es un tema clave para el país, en el que tanto el MIEM como el INE deben ser apoyados. Si no contamos con estadísticas adecuadas de productividad no sabemos dónde estamos parados.

Cierro esta nota remarcando tres áreas en las que se requiere mucho más trabajo y para los cuales estos datos son un insumo necesario: la eficiencia y dinámica del proceso de entrada y salida de empresas, el crecimiento e innovación de las empresas existentes y las pérdidas de bienestar por mala asignación de recursos.

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