LA BÚSQUEDA DE CONSENSOS POLÍTICOS ES EL PROBLEMA DE FONDO

Integrar toda Sudamérica evitando la ideologización

Según el Presidente de la CAF - Banco de Desarrollo de América Latina, Enrique García, los países que notoriamente mantienen una tensión política entre sí, cuando recurren al organismo, reina una paz absoluta.

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Enrique García, economista boliviano. Foto: Francisco Flores

"Son problemas de la política, no tanto de la economía", afirmó García, quien reclamó "desideologizar" los procesos de integración. Entiende que se dejaron pasar buenos años para avanzar en un proceso de transformación productiva sólido, pero afirma que las condiciones siguen existiendo. Excepto Brasil y Venezuela, dice, el resto de los países mantiene ciertos niveles de dinamismo. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cómo observa las condiciones que están mostrando los países de la región?

—Es indiscutible que los vientos de la bonanza que hemos tenido durante tantos años han cambiado. Menor crecimiento de China y precios más bajos de las commodities. Por otro lado Europa con un crecimiento muy bajo, y Estados Unidos, la economía más fuerte, también con problemas. En ese contexto, América Latina ha tenido que sufrir.

Sin embargo las cifras generales engañan un poco, porque se dice que América Latina tuvo el año pasado un decrecimiento y este año un crecimiento marginal, y eso es correcto globalmente, pero si lo miramos con cierto cuidado, el peso de las economías de Brasil y Venezuela es muy fuerte en sentido negativo. Hay países que están creciendo a tasas de 4% y una gran mayoría que lo hacen en un rango de entre 2 y 3%. No podemos verlo en forma homogénea.

Lo que sí hay que tener claro es que lo que se pronostica como un crecimiento normal para los próximos cuatro o cinco años en la región del orden del 2,5% o 3%, es insuficiente.

—¿Cuánto deberíamos crecer?

—Nosotros hicimos un estudio de prospectiva hace un par de años en el cual se muestra que si América Latina quiere acercarse a una convergencia en el ingreso per cápita con los países industrializados en los próximos 20-25 años, no puede contentarse con crecer a esas tasas, sino por lo menos al doble, y no solo eso, sino con una mejor calidad del crecimiento. En términos más técnicos, cómo movernos de un modelo de ventajas comparativas tradicionales, a un modelo de ventajas dinámicas y competitivas que significa la transformación productiva, o sea, a los recursos naturales que tenemos, cómo hacer que tengan mayor valor añadido, cómo insertarles tecnología. Y por otro lado, cómo desarrollamos otras actividades basadas en conocimiento, tecnología e innovación, con mayor competitividad, para insertarnos en las cadenas globales de producción.

—¿Desaprovechamos una oportunidad?

—Podemos ser un poco críticos de la región, en que hemos sido muy complacientes en épocas de las vacas gordas, sin embargo la buena noticia es que la mayor parte de los países no están en una crisis comparable con lo que tuvimos décadas atrás, eso hace pensar que hay una oportunidad para ir realizando los ajustes necesarios.

—¿Preocupa mucho Brasil?

—Brasil es preocupante. Ahora, la base del problema no es económico, sino político. En el sentido de que se necesita llegar a una solución de carácter político que permita proyectar el país por tres o cuatro años con certidumbre. Obviamente que Brasil tiene que ajustar su modelo de desarrollo, debido a las realidades que nos impone la globalización, con economías más abiertas. Las fronteras han cambiado y creo que Brasil tiene la gente y las instituciones para llevar adelante el cambio. Tiene que ser el líder de la región. Una baja performance de Brasil es muy malo para todos.

—¿Es posible esperar en la región una transformación productiva?

—Primero que nada, no se puede jugar con la estabilidad macroeconómica; cuando los países caen en procesos hiperinflacionarios es muy fuerte el daño que le hacen en especial a su gente y no es sencillo recuperarse del incremento de la pobreza. Ahora, teniendo en claro eso, ya en etapa de crecimiento, la transformación productiva se vuelve central. Y eso tiene que ver mucho con inversión, no solo en los sectores productivos directos, sino también en la infraestructura, la logística, mejorar la calidad de la educación, no solamente la educación tradicional, sino también los niveles de conocimiento intermedio y habilidades que se requieren hoy día para insertarse en los cambios tecnológicos. Lo han hecho con mucho éxito los países asiáticos y nosotros tenemos que copiar ese modelo básicamente. Claro que tenemos diferencias, nuestras democracias son distintas y las cosas funcionan de otra manera en estas latitudes, pero sí se pueden extraer muchas cosas, por ejemplo la calidad de la educación media y educación técnica, y eso abre más oportunidades.

—¿Usted confía en una integración amplia en la región?

—La integración regional es un sueño de todos nosotros. Con la puesta en marcha del Mercosur en su momento pensamos todos que se plantaba la semilla de una integración amplia, efectiva, y con el paso de los años nos encontramos cada vez más fragmentados, fundamentalmente debido a problemas políticos. Los países deben retomar el camino de una integración pragmática que no se ideologice. Todos necesitamos de eso, hasta Brasil, visto desde el mundo.

Yo quiero una integración de toda Sudamérica, sería lo ideal. Pero debemos ser pragmáticos, no copiar a rajatabla las rigideces de otros modelos que hoy están en problemas. Tiene que haber libre tránsito, complementariedad productiva, infraestructura de integración, empresas multilatinas que apuesten a insertarse en el mundo, hay que tener menos discurso y más acción.

—¿Es la alianza del Pacífico el ejemplo a seguir?

—La Alianza del Pacífico tiene de bueno que los países coinciden en su perfil macroeconómico, en su grado de apertura, todos los países tienen acuerdos de libre comercio con distintas zonas del mundo, es más fácil que se entiendan. Pero al mismo tiempo hay que ser realistas: el comercio intraregional en la Alianza del Pacífico es muy bajo, apenas 4, 5%. En América Latina toda tenemos un comercio intraregional que es menor al 20%. Comparemos con Europa cuyo comercio intrarregional es del 70% y Asia donde es mayor al 45%. Para eso necesitamos un modelo más integrado, abierto al mundo pero mirándonos entre nosotros para funcionar juntos.

Cuando tienen problemas macro es cuando más hay que ayudarlos porque las primeras medidas vienen por la protección: cerrar las fronteras, aplicar aranceles altos, entonces se violan los principios de la convivencia comercial de la región.

—Pasó la mejor época para el despegue…

—No creo que hayamos perdido la época de bonanza. Salvo aquellos que están con crisis macroeconómica y tienen que darle prioridad a resolver esos problemas, pero los que han hecho sus tareas desde el punto de vista fiscal y monetario, tienen que intentar avanzar hacia un mayor grado de integración. Pero la integración no debe ideologizarse, no puede depender de acercamientos políticos, porque independientemente de ello, países de distinto sesgo en sus gobiernos han logrado avanzar mucho en estos últimos tiempos y no hay porque condicionar una integración por ese motivo. Tiene que estar por encima de izquierdas y derechas.

—No ha sido así últimamente…

—Nosotros somos un gran ejemplo de ello. CAF tiene dentro suyo todas las tendencias, una relación excelente con gobiernos de todo corte. Los ministros del área económica que se reúnen junto a CAF, pertenecen a gobiernos que en otras áreas están en tensión y conflicto, y entre ellos reina la paz absoluta. Es una demostración de que se puede. Es un punto de encuentro donde prima la no ideologización de las posiciones y el respeto a las diferencias. Pedimos, eso sí, proyectos que sean serios, que produzcan impacto, que ayuden al desarrollo. No financiamos cualquier cosa.

Nuestro nivel de operaciones nos ha llevado a unos 12 mil millones de dólares al año. Los países están muy dinámicos en la presentación de proyectos realizables y que nosotros financiamos.

Hace 20 años prestábamos 600 millones, el crecimiento ha sido muy grande.

Superar el "refundacionalismosistemático crónico recurrente".

—Cuesta lograr consensos en la región...

—El problema clave no es la economía, sino la política. Es la capacidad de lograr, en democracia, construir consensos sobre temas básicos a largo plazo por encima de los períodos presidenciales que duran apenas cuatro o cinco años. Porque los problemas fundamentales no se resuelven en períodos tan cortos. Hay que evitar lo que yo llamo el "refundacionalismo sistemático crónico recurrente". Cada vez que llega un nuevo gobierno, encuentra que ese día se empieza a escribir la historia. Y en la empresa, llega el nuevo gerente y hace lo mismo. Eso es un mal que nos cuesta superar en la región.

—¿Cuáles son los principales proyectos que tiene por delante la CAF?

—De aquí a diez años debemos avanzar en la interconexión vial y férrea entre los países, que así como la interconexión eléctrica, son fundamentales. Cómo ampliar la viabilidad del uso de los ríos por ejemplo, que están desaprovechados, es otra meta. Hay que estimular a los países para que se muevan siempre mirando los dos océanos. Lo importante es recordar que el desarrollo es integrar. Estabilidad macroeconómica, eficiencia, equidad e inclusión social y equilibrio ambiental no se deben ver en forma aislada sino en forma sistémica. A veces se olvidan de unos u otros. Todavía nos cuesta verlo.

Aunque en los años de las vacas flacas hay una tendencia a mirar las cosas con mucha más claridad que cuando hay plata en el bolsillo.

Enrique García.

Economista boliviano. Actualmente es el presidente ejecutivo de CAF -banco de desarrollo de América Latina desde diciembre de 1991. Ha sido catedrático de la Universidad Mayor de San Andrés y de la Univer-sidad Católica, ambas en Bolivia.

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