OPINIÓN

La inmigración y el delito

Si ponemos obstáculos al trabajo de los inmigrantes, va a aumentar el delito en Uruguay. Escarmentemos en cabeza ajena.

Dirección Nacional de Migración. Foto: Francisco Flores
Dirección Nacional de Migración. Foto: Francisco Flores

"Es un peso insoportable haber tomado la decisión de irme para estar viviendo así". De esta manera se expresaba Edy Rodríguez, inmigrante procedente de Cuba, citado en "Nuevos orientales, entre el paraíso y el infierno", nota de El País de unos días atrás. Comentaba el atraso que sufren los inmigrantes en el acceso al mercado laboral legal: Edy ya tiene en su haber cuatro meses de espera, para obtener la posibilidad de trabajar formalmente.

Acceso laboral.

Matthew Freedman y Emily Owens, investigadores del departamento de economía y del departamento de criminología de la University of California-Irvine, acaban de encontrar evidencia acerca de los peligros de retrasar el acceso de los inmigrantes al trabajo.

Publicaron su investigación en la edición de mayo de 2018 de American Economic Journal: Economic Policy, y la titularon Inmigration, employment oportunities and criminal behavior. Estudian el impacto que tuvo una reforma inmigratoria (la Inmigration Reform and Control Act, IRCA) en Estados Unidos.

Esta reforma ayudó a regularizar a los inmigrantes antiguos, pero aumentó los obstáculos al acceso al trabajo de los inmigrantes recientes. ¿De qué obstáculos se trata? Se hacía responsable al empresario de chequear el estatus jurídico del inmigrante, y se hacía ilegal contratar a un inmigrante no autorizado.

Los profesores de University of California-Irvine obtienen datos individuales sobre etnia, residencia de origen y delito para el caso de Texas. Demuestran que estas barreras de acceso al trabajo hicieron aumentar el comportamiento delictivo de los inmigrantes hispanos. Estos delitos están concentrados en temas de tráfico de drogas, cuyos dividendos sustituyen a los ingresos que se obtendrían en el mercado de trabajo legal.

La política inmigratoria es hoy uno de los temas más debatidos en Estados Unidos. Señalan los citados investigadores que las encuestas de opinión pública sugieren que el 89% de los norteamericanos creen que los inmigrantes son trabajadores esforzados y serios, pero al mismo tiempo el 60% cree que los inmigrantes están amenazando la cultura norteamericana. A pesar de estos sentimientos encontrados, hasta ahora la literatura científica era muy pobre en lo que se refiere al estudio del efecto que pueden tener tanto el estatus legal del inmigrante como las barreras al trabajo que enfrentan, sobre el delito.

El estudio de Freedman y Owens viene a rellenar este vacío.

La política inmigratoria de un país puede jugar un rol importante en la expansión o contención del delito. ¿Por qué impactan las barreras al trabajo que introduce la legislación? Estar trabajando informalmente, sin permiso legal de residencia, disminuye los salarios a los que acceden los inmigrantes. Esto hace que se vuelva más atractivo cambiarse de rubro y pasarse a delinquir.

Freedman y Owens observan que las encuestas recientes en Estados Unidos también señalan que las sanciones a los empleadores es la política más popular para controlar la inmigración ilegal, y que se prefieren esas sanciones, en lugar de poner controles en las fronteras o de facilitar el camino para la legalización paulatina.

¿Más barreras?

Limitar el acceso de los inmigrantes al mercado laboral puede tener la consecuencia perversa de aumentar la delincuencia, y, en particular, de incrementar los delitos que son generadores de ingresos regulares como es la comercialización de drogas. Más barreras, más delitos. Y todo esto puede aumentar la percepción en la sociedad de que la inmigración causa problemas, dinamitando la confianza hacia los inmigrantes, exacerbando así el problema que se quería resolver.

Restringir el acceso de inmigrantes al mercado de trabajo no es la solución. Recordemos nuestra propia historia de inmigración, la de nuestros antepasados que vinieron a Uruguay. Recordemos cuán dura es la inmigración para aquellos que provienen de los países más pobres.

El trato que se dé a los inmigrantes, a los ancianos, a los enfermos, será lo que marque el espíritu de nuestro país. Y aquí no valen las frases bonitas, la última palabra la tienen los hechos, y todos podemos sumar. Gobernantes y políticos, acelerando las resoluciones; empresarios, creando más puestos de trabajo; ciudadanos de a pie, arrimando el hombro en lo que se pueda. Actuar hoy y ahora, y escarmentar en cabeza ajena.

(*) Alejandro Cid es Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)