TEMA DE ANÁLISIS

La inflación cierra el año con un guiño al alza

La política de bonificaciones extraordinarias de UTE impidió que la inflación se ubicara en 9,5%.

Foto: Pixabay
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La inflación promedio del año 2019 se ubica en el 8% anual cifra que no desentona con lo que ocurrió durante la última década en forma bastante estable. Sin embargo, sobre el final del año se observa un pequeño desvío hacia arriba, llegando la variación del índice de precios al consumidor en el cuarto trimestre del año al 8,5%.

Se destaca en esa aceleración del tramo final del año el fuerte encarecimiento de la carne, compensado a la baja por una política de tarifas públicas que en forma un poco traviesa le va a generar una dificultad adicional al próximo gobierno.

La política inflacionaria de la última década se comprometió claramente con una meta bien diferente a la anunciada. Si se observa en el gráfico superior del cuadro adjunto se puede comprobar que el promedio histórico de la década fue del orden del 8% anual y tiene muy poca oscilación. Solamente en dos trimestres la inflación baja de 6% y en otros dos supera levemente el 10%. Es un desvío significativo con el objetivo anunciado que fue del 5% con márgenes de uno o dos puntos porcentuales de tolerancia según el período.

Cuando se analiza la política monetaria y los comunicados del Copom se puede ver que en general estuvo comprometida en sostener una inflación del 8% anual y con poca dispersión. A pesar de que el nivel fue superior al anunciado y uno de los más altos en la comparación internacional, la relativa estabilidad ilustrada en el gráfico proporciona una característica muy valorada que es la facilidad de anticipación por los actores económicos. No fue necesario un anuncio explícito del gobierno, los actores económicos se manejaron siempre con una lectura de inflación más alta a la comprometida, tal como la registra la encuesta de expectativas que realiza el BCU.

Quizás el único episodio donde la buena fe de los agentes económicos se alteró fue cuando en el discurso inicial del Presidente Vázquez en el año 2015 se anunció el compromiso de su equipo económico de bajar la inflación al 5% para el final del primer año de gobierno. Fue un anuncio muy fuerte y comprometido que pudo haber modificado la percepción hacia la baja momentáneamente, aunque solo duró un semestre cuando la realidad ratificó que era muy probable que se mantuviera en el eje del 8%.

Evolución de la inflación

El aumento promedio siempre encierra cambios de precios relativos y si se miran productos y servicios particulares se puede encontrar con comportamientos muy diversos en solo un año de plazo. El impacto macroeconómico de la variación de los precios al consumidor se puede ser muy diferente dependiendo de los movimientos relativos a su interior. En este sentido el año 2019 muestra un caso particular en el que vale la pena detenerse.

La canasta de consumo de los hogares se puede dividir en tres grandes agrupaciones de bienes y servicios. La primera es la de los que son comercializados con el resto del mundo, o sea que pueden fácilmente ser exportados o importados y por lo tanto se denominan “transables”. Es una categoría muy influida por el tipo de cambio y los precios internacionales. La segunda categoría es la de los precios cuya comercialización con el resto del mundo no es fácil y se denominan “no transables”. Es un caso donde hay una incidencia muy fuerte de los salarios al ser intensivos en mano de obra. El tercer caso es el de los precios administrados donde predomina la decisión política para su fijación en lugar del mercado.

En el gráfico del medio en el cuadro adjunto se puede ver la tasa de variación anual de cada una de estas tres categorías durante los dos últimos años. En el 2018 la evolución fue levemente ascendente pero en los tres casos el comportamiento fue muy parecido y en consecuencia el cambio de precios relativos fue bajo. Por el contrario, el año pasado mostró sobre la segunda mitad una divergencia notoria: los precios administrados bajaron el ritmo de crecimiento sustancialmente (solo suben 1,5% punta a punta del año) mientras que los transables subieron con más intensidad que el promedio (crecen 11,6%). Hay más de diez puntos porcentuales de diferencia entre las dos variaciones en una dinámica que se armó en tan solo seis meses.

El motor en la acelerada de los bienes transables es el precio de la carne y algo del tipo de cambio. En el primer caso, la fuerte demanda de China impulsó los precios de exportación y repercutió en un mercado interno donde se sobrepasó claramente la oferta de ganado para la faena. En el gráfico de la izquierda en la zona inferior del cuadro se observa la evolución de la tasa de variación anual del precio de la carne. Es una evolución persistentemente ascendente con una aceleración en el último trimestre del año, llegando al 34% de aumento en diciembre.

Esta presión al alza no pegó de lleno en el IPC porque hay una adecuación a la baja en las tarifas públicas, en particular en los precios de la energía eléctrica. Desde diciembre del 2012 esta empresa estatal tiene un plan de beneficios para sus clientes residenciales. En la medida que el INE decidió incorporar esta bonificación en la medición se observa algo raro para lo que es la inflación: hay caída del IPC en un mes y una fuerte suba al siguiente. Es una técnica de medición cuestionable porque aparta la historia que cuenta el índice de la realidad que se quiere explicar, pero no deja de estar dentro de los criterios técnicos que se pueden utilizar para la elaboración del índice.

Desde ese momento y hasta el año 2018 el impacto en el precio de la energía eléctrica fue del orden del 20% negativo en diciembre. Esto provocó una baja artificial del IPC en el primer año que se tomó la medida, justo cuando el gobierno necesitaba que no reflejara la realidad. En los años siguientes, en la medida que se siguió con la política, el impacto fue más o menos neutro pues se compara baja contra baja. El IPC del 2012 sin esa medida hubiera aumentado 8,4% en lugar del 7,5% publicado por el INE.

En el año 2018 se redujo la bonificación a la mitad, tal como se puede observar en el gráfico de la derecha en la zona inferior del cuadro. En este caso, el IPC informado mostró un aumento del 8,0% cuando podría haber registrado un 7,6% de variación si se ignoraba la bonificación que recibieron algunos consumidores.

El año pasado la medida se mantuvo pero se agregó un plan de bonificación en el correr de la primavera que provocó que el acumulado de baja en la tarifa residencial de UTE fuera estimado por el INE en -28%, o sea el triple de lo ocurrido un año atrás. Sin esta bonificación la inflación punta a punta del 2019 se encuentra en el 9,5% en lugar del 8,8% informado oficialmente. De esta forma UTE, que en este ejercicio tuvo pérdidas, cooperó con la “reducción” de la inflación y dejó en forma traviesa al próximo gobierno el desafío de reducir casi un punto más la inflación si desea desactivar esta política de bonificaciones y reducir las pérdidas de la empresa estatal

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