ADRIANA VIERCI

Inflación alta, pero menos que en 2014

La estabilidad de precios es un requisito necesario para proyectar la continuidad de un proceso de crecimiento de la economía

Durante 2014, la inflación alcanzó valores que podían considerarse "peligrosos". Más específicamente, en febrero del año pasado se llegó a la mayor inflación anual en casi 10 años, algo que trajo el temor de pasar el amenazante "10%". Este guarismo representa un límite psicológico que, de superarse, podría tener consecuencias en las expectativas de la gente, y desencadenar una espiral de suba de precios. Sin embargo, durante el año pasado se pusieron en práctica una serie de medidas con el objetivo de frenar la suba (acuerdos de precios con supermercados, baja en los cargos fijos de algunas tarifas públicas, entre otros) además de la política monetaria contractiva iniciada en junio de 2013.

La inflación comenzó así, un proceso de desaceleración, y cerró 2014 en 8,26%. Con el dato de febrero de 2015, el crecimiento interanual por primera vez en dos años se ubicó por debajo de los 8% y fue el menor en cuatro años (7,43%).

De todas formas, pese a la notoria mejora en la cifra anual —aunque el elevado valor registrado en febrero de 2014 afectó a la baja la medición— los datos de inflación del primer bimestre del año repitieron la tónica del año pasado, ubicándose en valores máximos desde 1997, solo por detrás de la cifra registrada en 2014. El dato de febrero fue el segundo mayor desde 2003, solo por debajo del dato del año pasado.

Subyacente.

Si se excluye de la medición aquellos componentes más volátiles de la canasta, lo que se denomina inflación subyacente, en el año a febrero fue de 8,43%, en tanto en febrero de 2014 alcanzaba el 10,41%.

El aumento de precios es, sobre todo, un fenómeno monetario y, en una economía como la uruguaya, son el accionar conjunto de la política monetaria y fiscal y su impacto en los agregados monetarios, las principales causas a la hora de analizar cambios en los precios.

Política monetaria.

Desde junio de 2013, el Banco Central (BCU) cambió el instrumento de política monetaria utilizado y pasó de controlar la tasa de política monetaria (TPM), a utilizar los agregados monetarios y su evolución indicativa como referencia. Desde entonces, se ha implementado una política monetaria más contractiva, enfocada al freno de las presiones inflacionarias.

La oferta de dinero, representada a través del M1 ampliado, pasó de crecer a tasas del 14% al año a un crecimiento interanual en enero que apenas superó el 7%, ubicándose dentro del rango meta indicativo para el período, y por debajo de la trayectoria de crecimiento de largo plazo establecida en 8%.

Por lo tanto, como resultado de una conjunción de factores —política monetaria contractiva, medidas heterodoxas y contexto internacional que favoreció la caída en los precios de los commodities— la suba de precios comenzó a desacelerarse hasta llegar a su menor resultado en cuatro años.

Pese a que el agregado monetario ya se encuentra en los niveles de crecimiento objetivo, aún no se ha logrado que los precios crezcan a tasas dentro de su rango meta, y se espera que el año termine con una inflación en el entorno del 8%.

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