EL ANÁLISIS

La industria tiene muy poco para celebrar

Uso de la capacidad instalada es 62%, superior al de 2017 pero bajo en términos históricos.

El análisis
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Los industriales están conmemorando el 120° aniversario de la constitución de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), pero con pocos motivos para celebrar, ya que desde hace más de un año viene cayendo la actividad sectorial.

Dificultades de distinta índole afectan a la competitividad, lo que deteriora la rentabilidad y el empleo. En particular, este se ve reducido tanto por acciones defensivas asociadas a ajustes internos de las empresas como a cambios en la función de producción que tornan a la actividad cada vez más intensiva en capital.

Los datos de la Encuesta Industrial Trimestral que elabora el INE señalan que al tercer trimestre del año el índice de volumen físico (IVF) de la industria manufacturera sin considerar la refinería, se contrajo 2,9% respecto a igual período del año anterior. Por su parte, el empleo cayó 3,3% en el mismo período.

El dato al tercer trimestre muestra el quinto registro consecutivo de caída en la producción física. La manufactura acumula así una contracción del 3% en el período, tal cual se muestra en el gráfico que aparece en la parte alta del cuadro que ilustra la nota. Se muestra allí la evolución del IVF manufacturero en períodos de doce meses móviles, donde a tono con la economía en general se observa un quiebre en el crecimiento a partir de 2015, con una pequeña recuperación entre mediados de 2016 y 2017, contrayéndose desde entonces.

Por la propia característica de las actividades que aglutina el sector, no debe extrañar que su nivel de actividad evolucione por parámetros similares a los de la economía en general. Incluye ramas volcadas al mercado interno que dependen del ingreso de la población y otras volcadas a la exportación, cuyos fundamentos están relacionados a la evolución de los precios internacionales y la demanda externa.

En todas ellas, la evolución de los costos internos es fundamental, ya sea por que no les permiten enfrentar adecuadamente la competencia de productos importados o por que ante precios externos dados, los números no cierran. Por otra parte, existen vínculos con otras ramas de actividad que las proveen de materias primas; si hay dificultades en los primeros eslabones de la cadena productiva, se afecta al resto.

En resumen, el descenso que muestra la actividad industrial en los últimos trimestres está a tono con una economía que tiende al estancamiento, de hecho se retroalimentan.

El deterioro de la manufactura es un fenómeno generalizado a nivel de las distintas ramas que conforman al sector. Al hacer una primera gran división entre actividades volcadas al mercado interno y aquellas con una mayor vocación exportadora, y a su vez, subdividir estas últimas entre procesadoras de materia prima de origen agropecuario y las que elaboran insumos de base industrial.

En la parte media del cuadro se ilustra la evolución de esos grupos de industrias. Se muestra allí la variación del IVF respecto a igual trimestre del año anterior. En todos los casos la actividad comenzó a caer en el segundo semestre de 2017.

En el caso particular de las actividades volcadas al mercado interno, el deterioro se fue agravando con el correr de los trimestres. Las ramas que más sufren son básicamente aquellas que enfrentan la competencia de productos importados. Es el caso de los productos panificados, fideos, chocolates, bebidas alcohólicas y calzado. Otras actividades que enfrentan dificultades son las que sufren los avatares de los cambios tanto tecnológicos como en los patrones de consumo de la población, caso las imprentas y diarios y revistas. Otro tercer tipo de ramas que vende principalmente en el mercado interno son las vinculadas a la construcción. En este caso, si bien se observa una incipiente recuperación de la construcción, al menos en ciertos barrios de Montevideo, no es así a nivel de las ramas que la abastecen.

En el caso de las ramas exportadoras, cuya evolución se ilustra en el gráfico que aparece en el medio a la derecha, se observa un mal desempeño a lo largo del período de aquellas que procesan insumos de base industrial. El comportamiento de estas actividades ha sido heterogéneo. La actividad que más pondera es la elaboración de concentrados para bebidas refrescantes. Esta industria que está ubicada en zona franca contrajo su producción en un 30% entre fines de 2015 y el segundo trimestre del presente año. En el último trimestre su producción se incrementó 11% explicando la mejora relativa del grupo.

Las restantes ramas que conforman el grupo colocan sus productos fundamentalmente en la región. El cambio en los precios relativos que se procesó a lo largo del presente año las afectó negativamente y ello repercutió en su producción, caso tejidos, caucho, químicas básicas, productos de limpieza y automóviles. Mención aparte merece la industria del medicamento que logró conquistar mercados más allá de la región y presenta cuatro trimestres seguidos de crecimiento.

En el caso de las exportaciones de base primaria, la tendencia a lo largo del año ha sido al estancamiento, con dificultades en los molinos arroceros, un comportamiento errático en la industria frigorífica, y buen desempeño de la madera y la lana que enfrenta buenos precios internacionales.

El menor nivel de actividad de la industria en su conjunto se ve reflejado en el bajo uso de la capacidad instalada. De acuerdo a un relevamiento que realiza periódicamente la CIU, durante el primer trimestre del presente año la industria (excluida la refinería y zona franca) utilizó el 62% de su capacidad instalada, tal cual se muestra en el gráfico que aparece abajo a la izquierda del cuadro. Es un nivel que aumentó respecto a igual trimestre de 2017, pero que en términos históricos es bajo.

Según el informe, las principales razones para producir por debajo del máximo potencial refieren a los problemas de competitividad, tanto en el mercado interno como el externo, y la falta de rentabilidad.

No debe extrañar entonces que la confianza de los empresarios se deteriore y se ubique en niveles negativos (mayor cantidad de respuestas negativas sobre positivas) tanto en lo que refiere a las expectativas sobre la evolución de la economía y de su propia empresa para los próximos seis meses.

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