ENTREVISTA

La industria financiera ante la necesidad de cambios estructurales

A Uruguay le falta un rumbo claro para definir hacia dónde ir en la concreción de un mercado de capitales.

Paul Smith. Foto: Marcelo Bonjour
Paul Smith. Foto: Marcelo Bonjour

Paul Smith estuvo en Uruguay reunido con agentes financieros y funcionarios de gobierno. El CEO de CFA Institute, con vasta experiencia en la gestión de activos financieros, puntualizó que se llevó la impresión de que todos los actores saben cuáles deben ser los pasos a dar para generar el cambio que permita captar más inversiones en el país, reteniendo más ahorros de los uruguayos y resultando atractivo para la llegada de nuevos inversores. Puso como ejemplo la necesidad de un "verdadero mercado de acciones", sobre lo que dio a entender que el problema en el país es la falta de liderazgo de quienes deben llevar adelante el cambio. "Liderazgo, profesionales debidamente capacitados y buenos proyectos de inversión traerán los capitales", sentenció. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Pese a la incertidumbre política en el mundo, los mercados de acciones están creciendo. Y esa tendencia alcista, ¿no resulta un buen terreno para aquellos que llevan a cabo prácticas opacas a nivel financiero?

—Ese es un gran punto; la memoria de la gente es de corto plazo. Es como la manía por bitcoin; cuando ven que una cotización sube piensan que siempre va a subir. Es difícil tener pensamientos originales.

El comportamiento más habitual entre la gente es el de "seguir a la manada", estamos programados como para encolumnnarnos y marchar todos detrás del "momentum". Cuando los mercados suben se genera como una especie de amnesia colectiva.

—¿Algo cambió desde la crisis de la década anterior?

—Aquellas malas prácticas que se utilizaron en los mercados en la década pasada, son siempre una preocupación. Pero considero que hoy hay mejores condiciones; existe gente más entrenada, más seria, pequeñas cosas en el margen que suman: educación financiera, por ejemplo.

La naturaleza humana se moldeó a lo largo de cientos de miles de años, y nuestra inclinación natural es a creer que mañana va a ser lo mismo que hoy, y eso es muy difícil de quebrar.

Seguir siempre a la corriente es un pensamiento predecible, que motiva a personas no bien intencionadas a explotar eso. Sería ilusorio pensar que, aún si todos los que participaran de los mercados tuvieran una formación como las de los CFA charterholder se evitaría eso; aunque podría reducirse bastante...

La formación en finanzas, pero desde el punto de vista de los valores y la ética, es un aspecto clave para despejar las malas prácticas.

—También aparecen nuevos desafíos...

—Claramente. Hay megatendencias que marcan el rumbo, pero a su vez exigen mucho más a los profesionales. Deberán tomarse decisiones clave en los próximos años por parte de los líderes de la industria, que impactarán no solo en las empresas, sino que transformarán el panorama de la gestión de activos tal como lo conocemos.

Esas megatendencias son, en primer lugar, los avances tecnológicos. Esto a su vez influye en un cambio de las preferencias de los clientes que también se está manifestando. También viviremos un contexto de mayor crecimiento de la economía, seguramente con nuevas decisiones desde lo regulatorio, y con otros cambios a tener en cuenta, como los demográficos o los geopolíticos, que están generando mucha incertidumbre.

Se necesitan nuevos liderazgos, más profesionales, que permitan un restablecimiento de la confianza en la industria. Inculcar la necesidad de una práctica mucho más profesional, como el gran cambio cultural que es imprescindible.

—Usted se reunió en Uruguay con distintos agentes del mercado financiero y también con funcionarios del gobierno del área financiera, cuáles fueron los temas centrales de esas entrevistas?

—Tenemos muchos desafíos por delante. Por ejemplo, los sistemas de pensiones, que están con dificultades en todo el mundo y hay decisiones difíciles por tomar. Es un tema en el que encontré mucha preocupación aquí.

Por otro lado, las limitantes que genera no tener un mercado de capitales desarrollado. El verdadero mercado local son los bonos del gobierno, porque no hay una cultura de invertir en acciones. Y el regulador está muy enfocado en controlarlo y no en crecer. Creo que no hay una visión sobre el rol que el mercado de capitales puede aportar al desarrollo del país.

Entiendo que debe haber una conversación seria entre todos los agentes relevantes del mercado, sobre cuál debe ser el rol de un mercado de capitales, en qué puede brillar Uruguay como mercado financiero, y cuáles son los desafíos financieros que deberían encontrar un correlato en la emisión de acciones por ejemplo, como es el caso de las infraestructuras, donde muy bien puede participar un verdadero mercado de acciones.

Pienso que hay un consenso de qué debe hacerse. Me llevo esa impresión. Espero que en los próximos meses tengan un plan comprensivo de cómo un mercado de capitales puede contribuir al desarrollo del país. Hasta donde sé, hay mucho ahorro entre los uruguayos; pero los invierten en dólares, fuera del país, y evitan hacerlo aquí. Es un problema que deberían centrarse en resolver.

—¿Qué es lo primero para disparar un mercado de capitales, convencer al inversor o trabajar en la generación de una buena demanda de financiamiento?

—Es difícil decir qué viene primero, pero antes que nada hay que identificar qué necesita desarrollar el país. Luego, se necesitan personas bien entrenadas, para darle a los inversores la confianza que precisan para hacer las inversiones que el gobierno haya identificado como prioritarias. Lo primero es la visión, ¿qué se quiere lograr?, ¿qué país se quiere construir? y a partir de allí trabajar en la estrategia y en el talento humano que se precisa. Generando confianza, los inversores van a aparecer, no hay dudas.

Hay muchísimo dinero en el mundo, pero está en una situación de competencia global. ¿Cómo hace un país pequeño para que la gente de afuera —y también los uruguayos— inviertan en el país? Esa es una pregunta que necesita una respuesta clara y definida, y luego marchar en esa dirección. Sin dudarlo. Se necesitan proyectos y personas en los que confiar.

—¿Se lleva la sensación de que esa es la mirada que existe en el país?

—Creo que sí. El tema es que entre los inversores y los profesionales hay mucha frustración, porque tienen bastante claro lo que habría que hacer, pero existe una falta de dirección de parte de quienes deben hacerlo, que son los gobernantes. Sienten que tienen que empujar ellos, de abajo para arriba para lograr los cambios. Y eso es agotador.

—Pasó por Argentina antes; ¿observó una realidad distinta?

—Argentina claramente tuvo una historia terrible en las últimas décadas. Quizás el presidente Macri no tenga todos los éxitos que desea, pero lo que trajo a su país es una visión de qué es lo que quiere lograr. Y le ha dicho al regulador y a las empresas y los posibles inversores, que es necesario revitalizar el mercado de capitales, y todos se mueven alrededor de ese objetivo. Eso tiene que ver con liderazgo. Algo que en el poder político no siempre está presente para llevar adelante este tipo de cambios.

—Las regulaciones se incrementaron en los sistemas financieros en la última década. En algunos países eso fue criticado. ¿Usted considera que deben alinearse a las empresas y los individuos, o estos a lo que la regulación les marca?

—Mi impresión es que los reguladores siempre corren detrás de los mercados, por eso creo que la regulación se adapta a lo que ocurre en el mundo. Hoy se puede observar en el mundo de las finanzas con la tecnología financiera. Tanto en el diseño como en la distribución de productos se están moviendo mucho más rápido que la habilidad de los reguladores para controlarlos. La creatividad de las personas va por delante y no parece posible que la regulación marque las reglas, fije las condiciones, establezca los límites y allí se muevan los inversores. Pensar en eso como algo posible, es un error. Se precisa una población educada, negocios transparentes y tratar de que los gobiernos no se pongan en el camino. El gobierno debe manejar el balance entre protección y control, eso es lo ideal, aunque es más fácil de decir que de hacer.

Pero también pienso que la industria financiera debe parar de quejarse por lo que considera exceso de regulaciones, porque eso es consecuencia de los muy malos comportamientos; tenemos que levantar la mano y aceptar la responsabilidad. Hasta que eso no ocurra, los reguladores no van a confiar en nosotros.

Las pensiones prometidas en el pasado no se van a poder otorgar

-En el diálogo con agentes financieros uruguayos apareció el tema de los fondos de pensiones como una preocupación. ¿Difiere en algo de lo que hoy ocurre en otras partes del mundo?

-Para nada, es el mismo problema. Todos están lidiando con las mismas dificultades. A las personas hay que decirles que la pensión que se les prometió no se les va a dar, y no hay nada que pueda hacerse ante eso. No hay magia que cree dinero de la nada. Lamentablemente, las pensiones van a reducirse en muchos países, y también las personas van a tener que trabajar más. Es doloroso plantearlo de esta manera, pero no hay otra salida.

También entiendo que ningún político va a ser elegido si dice eso. Por eso cuesta tanto asumirlo.

-¿Esta realidad está afectando tanto a los sistemas de solidaridad como los de capitalización?

-Si, creo que sí. Obviamente, el sistema de solidaridad presenta más vulnerabilidades que los de capitalización, pero los problemas derivados de los cambios demográficos son para todos. La forma más gráfica de plantear el problema es ésta: hace 50 años las personas trabajaban por 40 años y luego se retiraban por 10 a disfrutar de su jubilación. Ahora queremos trabajar 30 años y tener un retiro por 30 años más. La matemática así no funciona. Es imposible.

PERFL
Paul Smith. Foto: Marcelo Bonjour
Paul Smith
CEO de CFA Institute, donde ingresó en 2012. Tiene una amplia experiencia en la industria de gestión de inversiones, habiendo ocupado una variedad de puestos en los principales centros financieros durante más de 30 años (18 de ellos en Asia).
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