GUILLERMO DUTRA

¿Nos incumbe China?

Según datos a 2015, China es nuestro socio comercial más importante siguiendo una tendencia de intercambio comercial que incluyó la región y aumentó 22 veces durante los últimos 15 años.

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Foto: Archivo El País

El desplazamiento de la riqueza mundial ha hecho de China un factor de cambio al que hay que cuidar con especial interés en la medida que nos interese apostar al crecimiento, al empleo y el desarrollo sustentable. En ello se inscribe acusar recibo que el gigante asiático deliberadamente está encarando una profunda transformación —la nueva normalidad— orientada a potenciar el consumo interno, consolidar una clase media urbana e instrumentar un firme corrimiento hacia las industrias intensivas en conocimiento y tecnología. Como consecuencia de esto, la OCDE augura que las exportaciones de metales y minerales de la región a ese destino para 2030, podrían caer del 16% al 4% y en el caso de los productos alimenticios del 12% al 3%; definitivamente el mercado mandarín ira haciendo gala de un consumo más selectivo. Adicionalmente, nos consta que América Latina ha sido declarada por China región prioritaria para sus inversiones financieras; parte de esa inversión se orientará a infraestructura y nuestro país hasta el momento no ha sido uno de sus destinos preferidos (sí Venezuela, Brasil, Argentina y Ecuador).

Hay acumulados registros suficientes sobre la perseverante capacidad china de sumar ventajas comparativas a su industria manufacturera; por ende, las decisiones que sostenidamente irá adoptando en el marco de la economía del conocimiento, generarán oportunidades bien diferentes de las que hemos usufructuado. Con proactividad, deberíamos revisar nuestro posicionamiento regional y encarar un perfil productivo más preciso en términos de diversificación, innovación y capital humano.

En aras de fijar una línea base de lo que podría ser esa hoja de ruta con un claro objetivo de penetrar la vieja muralla de una vez por todas y superar el "ideológico pantano" del Mercosur en el que estamos atrapados, vale dejar asentado que: hasta el momento las exportaciones de Uruguay hacia ese destino han sido soja, carne, pasta de celulosa, lanas, productos cárnicos, cuero y madera. El personal trabajando en actividades de innovación significaba en 2012 apenas un 1,6% del total de ocupados y el gasto público en I+D ascendió en 2015 al 0,34% del PIB. Por su lado Argentina, Brasil y México juntos concentran el 92% del total de esa inversión en la región. Relacionado a esto último, en 2015 la solicitud de patentes internacionales presentadas por China creció 17%; la región mantuvo su mismo ritmo y Uruguay presentó 61 solicitudes, en tanto Chile lo hizo para 998.

En nuestro país, el porcentaje de la población de 25 a 64 años que completó la educación terciaria alcanza a un 10%, siendo el 11% en Argentina y el 19% en México; apenas un 3% de los egresados de maestrías lo hicieron en disciplinas vinculadas a la Ingeniería y Tecnología. Datos no menores señalan que la puntuación media de los alumnos uruguayos de 15 años participantes en la prueba PISA de matemáticas (409) se sitúa por detrás de China (550). Como contraste, 220 millones de ciudadanos chinos para el 2030 tendrán estudios de educación terciaria, lo que representa más del doble que en América Latina y más de la mitad se matricularán en programas de ciencia y tecnología, frente a uno de cada cinco estudiantes latinoamericanos.

Mientras la región y Uruguay mantienen una productividad de su fuerza de trabajo que está lejos de lo esperado, información a 2015 del Asian Development Bank muestra que fue justamente el aumento de productividad laboral en los distintos sectores lo que justificó en gran parte el crecimiento en la economía china (período 1987-2008). Sumado a esto, las empresas extranjeras radicadas en Uruguay nos siguen manifestando que la normativa vigente, la burocracia, la excesiva regulación laboral y la escasez de calificaciones son los problemas que padece en el país.

Mientras el tiempo pasa y el gobierno convoca al diálogo para pensar el Uruguay de 2030, la atención de sus principales responsables se concentra en justificar decisiones en materia económica por déficit que meses atrás no se previeron; balbucear nuestra inentendible indefinición en materia de intercambio comercial e ignorar las consecuencias de no implementar una reforma educativa que no se tiene el coraje de iniciar.

Sin perjuicio del sayo que a cada uno toca, un horizonte de oportunidades irá apareciendo del otro lado del Pacífico y un infinito abanico de servicios se demandará durante las 24 horas: profesionales en gestión, soporte técnico para las empresas chinas, servicios médicos para su población envejecida, logística, planificación urbana, entretenimientos, turismo, etc. Entretanto, los países continuarán explorando nuevos acuerdos y exprimiendo al máximo las potencialidades de los que ya suscribieron. Con tal pronóstico en mano cabe aquilatar brechas para contar con un menú más inteligente y que más valor agregue a nuestra básica matriz productiva; ignorarlas no hará otra cosa que dar continuidad a nuestra oriental siesta y hacernos seguir preguntando —todavía en español y mate mediante—: ¿nos incumbe China?

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